Sin el carisma de su líder, Maduro gana exposición

Se multiplican sus apariciones públicas,en las que intenta emular el tono del presidente
Se multiplican sus apariciones públicas,en las que intenta emular el tono del presidente
Brian Ellsworth
Daniel Wallis
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3 de enero de 2013  

CARACAS.- Usa el lenguaje ampuloso de Hugo Chávez, enarbola la Constitución y no pierde oportunidad de fustigar a la oposición.

Pero el vicepresidente venezolano , Nicolás Maduro, tiene dificultades para emular el extraordinario carisma de su jefe, que lucha por recuperarse de una cirugía de cáncer en Cuba.

Nombrado sucesor de Chávez apenas antes del regreso del presidente a La Habana para su cuarta operación, en diciembre pasado, este ex colectivero de 50 años se convirtió en la cara del gobierno bolivariano. Como en las tres semanas que lleva en el cargo de presidente interino tomó muy pocas decisiones importantes, Maduro no dio muchas pistas de cómo conduciría el país si estuviera al timón de la Venezuela post-Chávez.

"Cada día, Hugo Chávez nos hace mejores patriotas y mejores venezolanos. Él ha creado una generación de revolucionarios y nos ha señalado el camino", dijo Maduro durante un acto la semana pasada. "Juramos sobre la Constitución ser leales a su mandato... que enfrentaremos la agresión imperialista de Estados Unidos y desmantelaremos las mentiras de los burgueses traidores."

Chávez, de 58 años, no apareció ni habló públicamente desde principios de diciembre, lo que hizo crecer las especulaciones de que su polarizante liderazgo podría estar llegando a su fin.

A última hora del domingo pasado, Maduro dijo que el presidente sufría de una tercera serie de complicaciones posoperatorias y que su estado de salud seguía siendo "delicado". Si Chávez muere o debe renunciar, deberían realizarse nuevas elecciones en un lapso de 30 días y Maduro sería el candidato del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

Anteanoche, volvió a aparecer públicamente en una entrevista desde La Habana, en la que, pese a que dijo que no había nada que ocultar, no dio mayores precisiones sobre su cuadro de salud.

Hasta ahora, la agenda de Maduro estuvo dominada por las ceremonias de jura de los gobernadores elegidos en las elecciones regionales, en las que el PSUV obtuvo 20 de las 23 gobernaciones.En un ataque especialmente virulento, defenestró al ex candidato opositor Henrique Capriles por haberse atrevido a hacer campaña en Sabaneta, ciudad natal de Chávez, durante su fallida candidatura a la presidencia, en 2012.

"Osó profanar la sagrada tierra revolucionaria de Sabaneta", dijo Maduro en la ceremonia de asunción del hermano mayor de Chávez, Adán, como gobernador de su estado natal, Barinas. "Vino aquí a ofender a la gente. Ese burguesito rico tuvo el tupé de decir que ganaría incluso en Sabaneta", dijo Maduro.

Ese tono político lo remarcó en la entrevista de anteanoche con el canal regional chavista Telesur, donde expresó loas a la revolución cubana y fustigó a la "derecha", a la que acusó de "miserable" por hacer circular rumores sobre la gravedad de Chávez.

Pero en sus cada vez más frecuentes apariciones diarias en la televisión estatal, todavía no demostró ese carisma relajado y de hombre del pueblo de su jefe, siempre dispuesto a alzar a un chico o a bromear con los trabajadores. La oposición dice que es una "pobre copia" de Chávez.

Maduro no tomó decisiones trascendentes, a pesar del consenso existente entre líderes empresarios y economistas de que Venezuela necesita desesperadamente devaluar su moneda para frenar el creciente déficit fiscal y aliviar la asfixia de importaciones causada por la escasez de dólares.

Al parecer, no hizo uso de los amplios poderes que le concedió Chávez, que incluyen la facultad de decidir sobre el endeudamiento y de aprobar las partidas presupuestarias para los ministerios.

A lo sumo, dejó entrever algún posible cambio de ciertas políticas, como una velada sugerencia de limitar el costoso subsidio de los servicios públicos, como la electricidad, y un breve comentario sobre "mejorar" el sistema de control cambiario de Venezuela. Cuando la cámara de comerciantes más grande del país, Fedecámaras, aplaudió la declaración, Maduro respondió: "No vamos a darle dólares a Fedecámaras. Lo que esta revolución va a darle es dolores de cabeza".

Percibiendo una nueva oportunidad de hacerse con el poder meses después de haber sido derrotada por Chávez en las elecciones presidenciales de octubre, la oposición explota cualquier signo de división en las filas del chavismo. Muchos opositores sospechan que existen fricciones entre Maduro y Diosdado Cabello, poderoso aliado de Chávez del ala militar del PSUV, que juega un papel crucial como presidente de la Asamblea Nacional.

Aunque hay pocas señales de división, Maduro y Cabello hicieron lo imposible por enfatizar su unidad, durante los actos de asunción de los gobernadores del PSUV, la semana pasada. Cabello bromeó diciendo que la oposición había dedicado los días de Navidad a rezar para que él y Maduro se pelearan. "Siguen creyendo que voy a ignorar las órdenes del comandante. Pero él fue muy claro... Eligió al compañero Maduro, sabiendo que bajo su mando la revolución no se perdería."

Sin ninguna certeza sobre el estado real de salud de Chávez, y ante la posibilidad de que ya no vuelva a estar en condiciones de gobernar, muchos venezolanos esperan que se produzcan cambios y son pocos los que se atreven a hacer predicciones.

"Hay demasiadas piezas en movimiento", escribió Charles Shapiro, ex embajador de Estados Unidos en Venezuela. "Me inclino a pensar que en el futuro cercano una Venezuela polarizada y desinstitucionalizada será inestable y turbulenta a la vez".

Traducción de Jaime Arrambide

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