
Al rescate de sus hijos, fanáticos del extremismo de EI
La lucha de tres padres: se lanzaron a viajes desgarradores a Siria para encontrarlos y llevarlos de regreso a casa; unos 3000 chicos europeos ya se sumaron al grupo islamista
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La entrevista que hizo la televisión holandesa a principios de año en Siria al jihadista Omar Yilmaz está aún en YouTube. Este ex soldado holandés de 27 años suena convincente cuando explica de manera calma y muy racional los motivos por los que se unió a Estado Islámico (EI), y denuncia incluso un supuesto cliché mediático de atribuir siempre a "perturbaciones emocionales" o "fanatismo" la idea de miles de jóvenes occidentales de sumarse a la agrupación terrorista. Como entrenador de militantes, dice que en su caso personal su decisión estuvo basada en el deseo de "proteger y defender a los más inocentes del pueblo sirio".
El reportaje difundido en el prime time nocturno en enero tuvo un efecto hipnótico en Aicha, de la ciudad de Maastricht. La holandesa, de 18 años, una católica recientemente convertida al islamismo, incluso invitó a su mamá, Monique Verbert (foto), de 49 años, a sentarse a ver con ella la entrevista: "¡Mamá! ¡Oye a este hombre!".
"Mi hija vio a Omar como una especie de Robin Hood", recuerda ahora Monique.
Así fue como Aicha, ciegamente enamorada de su compatriota en Siria, logró ponerse en contacto con él vía Internet y un mes más tarde viajó a Medio Oriente para directamente casarse con Omar y sumarse a EI.
La historia de Aicha es parecida a la de unos 3000 chicos europeos que, según las estimaciones, se sintieron atraídos por las consignas del grupo terrorista y se unieron a sus filas. Muchos de ellos lo hicieron antes de que empezaran las atroces decapitaciones de rehenes occidentales.
Pero a la oleada de militancia y radicalismo le siguió una contraofensiva aún más fuerte impulsada por una de las más primitivas emociones humanas: el amor incondicional de decenas de padres europeos que empezaron a hacer cosas inverosímiles y hasta pusieron en riesgo su vida para ir al rescate de sus chicos.
Monique, Idriss y Dimitri son sólo tres de las decenas de padres que en los últimos meses viajaron en forma secreta de Europa a Medio Oriente para salvar a sus hijos de las redes fundamentalistas.
Según el relato de Monique, los primeros meses de convivencia entre Aicha y el jihadista parecen haber transcurrido sin mayores problemas. En su cuenta de Twitter, el hombre decía que ambos soñaban con "morir juntos" como mártires.
Sin embargo, en octubre pasado, Aicha se contactó con su madre para avisarle que se había separado de Yilmaz y deseaba regresar a Holanda. Los pedidos de ayuda de Monique a la alcaldía de Maastricht y a la cancillería holandesa no surtieron efecto y la mujer decidió entonces poner en marcha su propio plan de rescate.
Según el relato de Françoise Landerloo, la abogada de la familia, Monique ideó su plan y logró escabullirse hasta la ciudad siria de Raqqa, donde estaba su hija, vestida con una burqa negra. Ya juntas, bajo la protección materna, ambas cruzaron la frontera hacia Turquía y, finalmente, volvieron a Holanda la semana pasada.
Al llegar a su país, la joven fue detenida y ahora enfrenta cargos por haberse unido a una fuerza enemiga. Pero, en el peor de los casos, Monique sabe que una prisión holandesa es preferible a un campamento de los terroristas de EI.
El belga Dimitri Bontinck (41 años), padre de Jejoen (19), convertido al islamismo y rescatado en Siria en febrero del año pasado, sostiene que sus hijos "no son terroristas, sino las víctimas de esta historia".
El viaje de Bontinck a Siria estuvo lleno de percances. Al cruzar la frontera desde Turquía fue capturado por el Frente al-Nusra, una rama de Al-Qaeda; lo convirtieron en prisionero y lo sometieron a sesiones de tortura. Pero, finalmente, logró su libertad y alcanzó el objetivo de ponerse en contacto con Jejoen y llevarlo de regreso a Bélgica.
De hecho, al enterarse de las historias de otros padres que buscaban a sus hijos en Siria, Bontinck, veterano del ejército belga, decidió armar una red de contactos entre los rebeldes y viajó varias veces a esa conflictiva zona para rescatar a otros cuatro jóvenes europeos, lo que le valió el apodo de "El cazador de jihadistas".
"Las agencias de inteligencia desaprovechan muchas oportunidades de rescatar a rehenes europeos en manos de EI", señaló Bontinck.
Otro padre belga, Idriss Boutaliss (45 años), no tuvo la misma suerte con su hijo Abdelmalek (19).
Boutaliss entró a Siria en junio pasado y estuvo diez días buscándolo. "Logré llegar a Raqqa y me entrevisté con diferentes líderes de EI", relató el padre a la BBC.
"Uno de sus líderes me dijo que mi hijo estaba en Suluk, que queda cerca de Raqqa. Viajé allí y finalmente me encontré con otro jefe que me dio permiso para entrevistarme con mi hijo", añadió.
Pero el ansiado encuentro entre padre e hijo corrió por carriles diferentes de lo esperado. "Abdelmalek me dijo: «No me quiero ir de acá. No quiero volver a Bélgica porque la policía me va a meter preso inmediatamente»", recuerda Boutaliss, entre lágrimas.
Su mayor preocupación es que su hijo es diabético, insulinodependiente. De hecho le llevó provisiones, pero no es una medicina que se consiga fácilmente en Siria. Pero se tuvo que resignar a retornar a Bélgica sin lograr su objetivo.
"Mi esposa, mis otros hijos y yo no podemos vivir sin él. Es muy duro todo esto", concluye Boutaliss.






