Con minifaldas y odas al régimen, las popstars de Kim cautivan a su país

El grupo femenino Moranbong, el más popular del momento, fue el plato fuerte del 70° aniversario del partido; se dice que el dictador elige a sus integrantes
Macarena Vidal Liy
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13 de octubre de 2015  

El grupo Moranbong
El grupo Moranbong Fuente: AP - Crédito: Charles Dharapak

PYONGYANG.– "Es el cumpleaños de nuestra madre, el Partido de los Trabajadores", reza el cartel luminoso que preside el escenario. Cerca de 15.000 personas que componen el "todo Pyongyang" aguardan ya en los asientos del Polideportivo Ryugyong en sus uniformes militares o trajes más formales. Un centenar de soldados del coro militar norcoreano están alineados sobre el proscenio. Tras ellos, una pantalla gigante muestra imágenes de lanzamientos de misiles. Un grupo de muchachas, vestidas exactamente iguales, toman sus instrumentos. Está a punto de comenzar el concierto de las chicas de Moranbong, el grupo musical más popular de Corea del Norte.

"Partido de los Trabajadores, tú eres mi madre, te canto desde lo más profundo de mi corazón", se inicia la primera estrofa de la canción "Larga vida al Partido de los Trabajadores", escrita especialmente para la conmemoración, este fin de semana, del 70° aniversario del establecimiento de la formación que encabeza el régimen. Le seguirán otros grandes éxitos del pop norcoreano, como "Mi patria, llena de esperanza" y "Pensamos en el mariscal [Kim Jong-un] día y noche".

No son precisamente Pussy Riot, pero Moranbong es todo un fenómeno social en Corea del Norte. Es el grupo favorito de Kim Jong-un y, por lo tanto, de todo el país desde que se dieron a conocer, en 2012.

Hacerse con una entrada para sus conciertos en Pyongyang es más complicado que conseguir un boleto para ver a Lady Gaga en Nueva York. Lo componen una veintena de muchachas, con una esmerada educación musical y seleccionadas –dicen– por el propio líder supremo. Su "look" ha arrasado en el país. La melena corta que lucen, una revolución respecto de los recogidos y los cortes de pelo políticamente correctos que el régimen recomendaba para las mujeres hace apenas un puñado de años, es el peinado de rigor para muchas jóvenes de la capital.

A su atuendo sobre el escenario –siempre aparecen vestidas iguales– se le ha atribuido el que las norcoreanas a la moda hayan acortado unos centímetros sus faldas.

Las chicas de Moranbong lucen atuendos que, aunque en Occidente pasarían incluso por recatados, marcan la figura y enseñan la rodilla, algo otrora anatema. Ayer tocó un uniforme blanco mitad enfermera mitad marinero.

Su música, interpretada con una mezcla de instrumentos clásicos –piano y violines–, sintetizadores y guitarras eléctricas, suena a una combinación de himnos militares, pop azucarado e incluso unas pinceladas de rock, que acompañan con una coreografía. En el pasado se han atrevido con versiones, incluso, de melodías populares occidentales, como el tema de la banda sonora de Rocky.

En esta ocasión, ante una audiencia compuesta por la crema y nata de las fuerzas armadas norcoreanas –debidamente uniformadas y enmedalladas, y aplaudiendo como el que más– y las elites civiles que conmemoraban el acontecimiento más importante del calendario nacional este año, no cabían ese tipo de frivolidades.

Las jóvenes no se dirigen a su público directamente en ningún momento. Y la audiencia escucha las canciones y letras con mensajes –como "no nos rendiremos nunca en nuestro empeño revolucionario"– con reverencia.

Sus aplausos son entusiastas, pero contenidos. Los mayores vítores llegan cuando la pantalla gigante en el escenario muestra la imagen de Kim Il-sung y Kim Jong-il, los líderes previos del país y abuelo y padre, respectivamente, del mandatario actual.

Todos los presentes se ponen de pie, enfervorizados; una escena que se repite con varios clips de Kim Jong-un. Aunque la tonada más popular resulta ser el clásico "Arirang", una suerte de himno oficioso norcoreano.

Moranbong forma parte de la cierta modernización que ha comenzado a vivir en los últimos años Corea del Norte, en parte gracias a una modesta mejora económica y en parte decidida por el régimen, que ha añadido al paisaje de Pyongyang desde 2012, entre otros, un cine en 3D, un parque acuático, un delfinario o –el ejemplo más reciente– un crucero por el río Taedong inaugurado pocos días antes del aniversario.

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