Tras el revuelo por la salida de Siria, Trump ordena un repliegue de Afganistán

En un cambio de estrategia desalentado por sus principales asesores de seguridad, dispuso la salida de la mitad de las tropas que luchan contra los talibanes
En un cambio de estrategia desalentado por sus principales asesores de seguridad, dispuso la salida de la mitad de las tropas que luchan contra los talibanes Fuente: Archivo - Crédito: Evan Vucci/AP
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22 de diciembre de 2018  

WASHINGTON.- Después del revuelo por el anuncio de la retirada de las tropas de Siria, y cuando sus aliados todavía no terminan de digerir esa medida, el presidente Donald Trump se dispone a sacar a la mitad de los soldados norteamericanos de Afganistán , en una polémica estrategia de repliegue que fue desalentada con energía por sus principales asesores militares, y que precipitó la renuncia del secretario de Defensa, Jim Mattis.

Según adelantaron funcionarios de la administración, el mandatario quiere reducir de 14.000 a 7000 los efectivos movilizados en Afganistán. Estados Unidos mantiene una presencia constante en ese conflictivo país desde la guerra que siguió a los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, y que expulsó del poder al régimen talibán, santuario de la red Al-Qaeda.

Parte de los 7000 soldados desmovilizados comenzarán a regresar a sus hogares en las próximas semanas, y el resto del contingente dejará el país para mediados de 2019, de acuerdo con las revelaciones de los altos funcionarios de gobierno a diversos medios de Estados Unidos, a condición de anonimato.

Trump exigía el repliegue desde hace tiempo, pero Mattis y otros asesores de seguridad lo persuadieron de no hacerlo. El presidente siguió adelante con su proyecto inicial y la decisión del doble repliegue de Siria y Afganistán, resueltas finalmente esta semana, provocó la sonada renuncia de Mattis, superado en su resistencia a desmontar la presencia armada en esos puntos calientes.

Mattis y los demás asesores alineados en su opinión afirmaban que todavía había mucho por recorrer hasta derrotar a Estado Islámico (EI) en Siria , así como a ese mismo grupo y a los talibanes en Afganistán, dos amenazas insurgentes y terroristas que justificaron en primer lugar la presencia de soldados en esos lejanos teatros de operaciones.

Tras ser expulsados de Kabul en los operativos lanzados en 2001 por el entonces presidente republicano George W. Bush, los talibanes se volcaron a la insurgencia armada, y representan desde entonces una amenaza de muerte contra los sucesivos gobiernos aliados de Washington.

Según las fuentes del gobierno, Trump discutió por última vez los planes de retirada el miércoles pasado con Mattis; con el secretario de Estado, Mike Pompeo, y con el asesor de Seguridad Nacional, John Bolton. Todos ellos le advirtieron una vez más acerca de lo contraproducente que resultaría la medida. Sin embargo, Trump desoyó los consejos, descartó las dudas que podían quedarle y se aferró a sus propias convicciones.

Trump fue elegido presidente con la promesa de replegar al máximo las tropas en el exterior, y la salida de los 2000 militares de Siria y la mitad del contingente en Afganistán se ve como un primer paso en el cumplimiento de esa promesa de campaña, aunque muchos alertaron que puede aumentar el caos. Las tropas norteamericanas en Afganistán dejaron de combatir en 2014 y están dedicadas a entrenar y orientar a las fuerzas afganas, así como a labores de contraterrorismo.

A pesar de eso, los ataques aéreos de Estados Unidos se situaron este año en sus niveles máximos desde el inicio de la guerra, hace 17 años, lo que afianzaba el argumento de Mattis a favor de una presencia robusta.

Desconcierto

Las retiradas parciales de Siria y Afganistán y la renuncia de Mattis dejaron sin aliento a los aliados de Estados Unidos. Sobre todo a la alianza militar de la OTAN, las milicias kurdas en Siria y el gobierno de Kabul. Kurdos y afganos quedaron expuestos a la voracidad de sus múltiples enemigos, desde el Ejército del presidente Bashar al-Assad, en Siria, hasta los talibanes en Afganistán y los extremistas de EI en los dos países.

En la carta de renuncia, Mattis afirmó estar orgulloso de haber servido a Estados Unidos. "Tuve el privilegio de servir a este país. Estoy orgulloso de los progresos realizados en los últimos dos años", afirmó. Luego aclaró que se alejaba para que Trump designara a un jefe del Pentágono más cercano a su mirada y a sus intereses estratégicos.

En medio del terremoto estratégico y diplomático, la OTAN reafirmó la continuidad de sus operaciones en Afganistán. Una vocera del organismo militar se negó a comentar la movida de Trump, pero reafirmó el compromiso adoptado durante una reciente reunión de cancilleres de los países miembros para "garantizar la seguridad a largo plazo y la estabilidad en Afganistán".

"Nuestro compromiso es importante para garantizar que Afganistán no se convertirá en un refugio para los terroristas internacionales que nos amenazan a todos", dijo la vocera Oana Lungescu, que también resaltó la figura de Mattis.

"Tuvo un rol clave para mantener una OTAN fuerte y dispuesta a afrontar los desafíos de seguridad ante los cuales estamos confrontados. [...] Es un hombre muy respetado como soldado y diplomático", señaló.

Como era de esperar, el gobierno afgano lamentó la reducción de efectivos que proyecta la Casa Blanca, pero hizo lo posible por quitarle importancia y no mostrarse débil. Según señaló Haroon Chakhansuri, vocero del presidente Ashraf Ghani, la retirada de unos 100.000 militares extranjeros en 2014 ya suscitó de manera equivocada el temor de ver "caer a Afganistán".

"Nuestras fuerzas de seguridad afganas demostraron que este análisis era falso y defendieron la integridad territorial y a nuestro pueblo", añadió el vocero del gobierno, que se mostró confiado en salir adelante en su violenta lucha de poder con las milicias rebeldes.

El presidente prevé un largo "cierre" del gobierno

La pulseada con los demócratas por el muro en la frontera con México dejó a EE.UU. cerca de un shutdown desde anoche

El presidente Donald Trump reconoció ayer que había pocas posibilidades de que el Senado aprobara un proyecto de financiación que incluyera más de 5000 millones de dólares para la construcción del muro en la frontera con México, que -según lo estimado- llevaría anoche a una paralización del gobierno federal.

Antes de una reunión con los senadores republicanos en la Casa Blanca, Trump había dicho en Twitter: "Si los demócratas votan no, habrá una paralización que durará mucho tiempo".

Trump, que la semana pasada afirmó que estaría "orgulloso" de ser el presidente durante una paralización, intentó culpar a los demócratas del Senado, cuyo respaldo es necesario para alcanzar los 60 votos para aprobar la legislación. Los republicanos cuentan con una estrecha mayoría de 51-49.

En el último "cierre" del gobierno -en enero pasado, causado por un desacuerdo sobre la política migratoria- se vieron afectados los departamentos de Seguridad Nacional, de Justicia, de Comercio, de Transporte, de Vivienda y la Tesorería.

También, la mayoría de los parques nacionales permanecieron abiertos, pero redujeron en un 80% su personal y sus servicios al público, como los negocios.

Agencias AFP, AP, ANSA y Reuters

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