Trump, buen negocio para la prensa de EE.UU.

Crecieron las suscripciones a diarios y la audiencia en TV
Gail Scriven
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18 de febrero de 2017  

Trump visitó ayer una planta de Boeing, en North Charleston
Trump visitó ayer una planta de Boeing, en North Charleston Fuente: Reuters - Crédito: Randall Hill

Convertirse en blanco de la furia de Donald Trump puede ser un gran negocio. Lo saben Meryl Streep, Arnold Schwarzenegger, Hamilton (el musical de Broadway) y la cadena minorista Nordstrom, que dejó de vender la línea de ropa de Ivanka y vio cómo subían sus acciones. Pero más que nadie lo sabe la prensa norteamericana. Tuvo el privilegio de ser el blanco de la primera declaración de guerra del impredecible presidente en su debut en la Casa Blanca. “Estoy en una guerra con los medios”, dijo Trump.

"Están entre los seres más deshonestos de la Tierra", agregó el presidente. Y su asesor Steve Bannon, el verdadero poder detrás del trono, fue más elocuente: "Los medios tienen que callarse la boca. Deberían estar avergonzados y humillados. Son el partido de oposición".

Fue, simplemente, la cristalización y radicalización de un enfrentamiento que ya había quedado en evidencia en la campaña. Pero nunca un presidente norteamericano lo había expresado de manera tan descarnada. El jueves pasado subió la apuesta. En una desopilante y desconcertante conferencia de prensa, que para muchos pasará a la historia, dijo que los medios "están fuera de control".

Sin duda, su clásica maniobra de distracción, con la que apuesta a desviar la atención de su caótico primer mes de gobierno y volver a apelar a su base, como subrayó The New York Times en un editorial. Pero paradójicamente, como suele suceder con Trump, esta guerra está logrando el efecto contrario: la Casa Blanca se volvió la mejor arma de propaganda para los medios norteamericanos.

El fenómeno ya tiene nombre: el "Trump bump", o el rebote Trump. A caballo del recrudecimiento de la ofensiva de la Casa Blanca contra los medios en general, los grandes diarios norteamericanos han estado recibiendo una avalancha de nuevos lectores. Y, lo que es más notable, lectores dispuestos a pagar por las noticias.

"La administración Trump es, claramente, la menos confiable y la más contradictoria en sus declaraciones que cualquier otra que recuerde. Esto pone una carga muy especial sobre la prensa", dijo a LA NACION Theodore L. Glasser, profesor de Comunicación de la Universidad de Stanford.

"Esta administración es distinta de todo lo que hemos visto antes, y la cobertura de la prensa tiene que reflejar eso", afirmó Kyle Pope, editor del Columbia Journalism Review, la publicación de la Universidad de Columbia.

Los números reflejan la avidez por la información sobre un fenómeno que tiene en vilo al mundo, y la importancia que ha cobrado la prensa en este escenario impredecible. The New York Times sumó unos 300.000 suscriptores en los últimos tres meses del año pasado, el nivel más alto desde que instauró el denominado "muro de pago". Y se prepara para más: ya dijo que va a destinar cinco millones de dólares extra para cubrir la era Trump.

The Washington Post anunció que tuvo un incremento de dos dígitos en sus nuevos suscriptores. Su respuesta: está contratando a unos 60 periodistas, una verdadera rareza en esta industria, y armó un equipo especial para cubrir temas de conflicto de interés de la familia presidencial.

CNN vio crecer 94% su audiencia la semana de asunción. La misma en la que Trump la acusó de difundir "noticias falsas". Al igual que Fox (la cadena preferida del presidente norteamericano), en lo que va del año tuvo un incremento promedio en el rating del 50%. Para MSNBC, fue del 30%.

La revista The Atlantic vio un repunte de 160% en las suscripciones después de las elecciones, y el número de visitantes a la web se duplicó.

La organización periodística sin fines de lucro ProPublica ha recibido tantas donaciones que tomó la decisión de contratar entre 15 y 25 periodistas para cubrir la Casa Blanca.

Condé Nast, la empresa madre de Vanity Fair, informó en diciembre, en plena catarata de tuits furibundos de Trump, que tuvo el mayor número de suscripciones diarias en sus 116 años de historia.

No es sólo la prensa. Con un equipo en la Casa Blanca que muchos consideran verdaderamente caricaturesco, los talk shows y humoristas están en la gloria. Los comediantes parecen florecer en tiempos de crisis y caos, y esta Casa Blanca proporciona material por minuto.

Saturday Night Live, un verdadero ícono de las burlas a Trump y a su equipo, está experimentando picos de rating nunca vistos en 25 años. Las conferencias de prensa del polémico vocero de Trump, Sean Spicer, están batiendo récords en sus transmisiones en vivo.

"Todos tenemos que aceptar las mismas verdades. Los hechos son hechos. Suscriban a un medio que haga periodismo en serio." El tuit del actor Ben Stiller fue uno más de una campaña que no deja de sorprender en los Estados Unidos, y que refleja cómo el periodismo volvió a estar "de moda".

#PressOn es un hashtag que se empezó a viralizar a medida que crecían los ataques de Trump a la prensa. Actores, escritores, periodistas y gente común tuitean imágenes de sus recibos de suscripción a medios como The New York Times, The Washington Post, The Guardian o incluso diarios locales. Es decir, suscribirse a un medio independiente se convirtió en sinónimo de respaldo a uno de los pilares de la democracia. Casi como un deber cívico. Maná del cielo para una industria que sigue luchando para buscar un nuevo modelo de negocios en la era digital.

La disyuntiva sobre cómo cubrir la era Trump también ha provocado tormentas internas y profundos debates dentro de las redacciones. El editor jefe de The Wall Street Journal, Gerry Baker, se vio obligado a hacer una vigorosa defensa pública de la cobertura del diario en medio de una ola de críticas internas por su supuesto "favoritismo" hacia Trump. Y el editor en jefe de Reuters, Steve Adler, compartió un memo con todos los periodistas para recordar las reglas sobre cómo manejarse en la era Trump: de la misma forma en la que cubren a gobiernos autoritarios en el mundo.

Sin duda, tiempos difíciles para el trabajo de los periodistas, muchos de los cuales miran hacia América latina y otras regiones que ya sufrieron embates contra la prensa en busca de lecciones.

Los expertos están divididos. Para Jay Rosen, profesor de periodismo de la Universidad de Nueva York, es el apocalipsis, el comienzo del invierno para los medios: "Es la hora más oscura para la prensa desde la Primera Guerra Mundial". Otros lo ven como una primavera, la mejor oportunidad para reinventar el periodismo.

"Donald Trump ha simplificado nuestra misión. Debemos cubrir esta presidencia como si estuviéramos en una zona de guerra. Trump nos liberó", dijo Jack Shafer, el columnista de medios del sitio Politico.

Desafío

La catarata de filtraciones provenientes de la caótica Casa Blanca, convertida en un verdadero colador, representa una oportunidad caída del cielo para la prensa, pero también un gran desafío. Debe tener más cuidado que nunca para separar la paja del trigo, la verdad de las "operaciones políticas". Justamente estas filtraciones son el nuevo blanco de la furia de Trump. La responsabilidad de la caída de su asesor en seguridad nacional, Mike Flynn, que mintió sobre sus vínculos con Rusia, no es del propio Flynn, sino de un complot de la prensa y de las agencias de inteligencia. Se sabe: la información que no le gusta son" noticias falsas", y la realidad que quiere imponer, "hechos alternativos". El relato.

Como respuesta, Trump recurre a los métodos ya conocidos en otras regiones: la prensa afín y la furia en Twitter como forma de comunicación directa. En tres de las últimas cuatro conferencias de prensa del presidente, los que pudieron hacer preguntas fueron medios conservadores.

Un dato sin precedente en los Estados Unidos: The Gateway Pundit, un provocador blog conservador que fue ferviente en su apoyo a Trump y difundió rumores falsos sobre Hillary, tiene ahora un lugar destacado en la sala de prensa de la Casa Blanca. Y Breitbart, el sitio ultraconservador del asesor Bannon, asiento en la primera fila, junto con las agencias AP y Reuters.

Como nunca desde Watergate o, en menor escala, el escándalo Lewinsky, la relación de la Casa Blanca y la prensa está bajo la lupa. Los periodistas admiten que se sienten vigorizados, con el sentimiento haber encontrado una nueva misión. "Hay una sensación de urgencia y energía que me recuerda a cuando tenía 29 años, en medio de una situación revolucionaria en Rusia", dijo David Remnick, editor de The New Yorker, que cubrió el colapso de la Unión Soviética. "No estoy diciendo que estamos viviendo una revolución, pero hay una sensación de que cada día va a traer algo impactante, si no calamitoso."

"Ahora más que nunca, la prensa tiene la responsabilidad de ir más allá de las conferencias de prensa de la Casa Blanca y la interminable sucesión de tuits. Tiene que ser feroz y combativa", dijo el profesor Glasser. Y para el presidente de la CNN, Jeff Zucker, los ataques de Trump son una" insignia de honor", que ha vigorizado a los periodistas en su trabajo.

Tiempos nuevos y frenéticos en Washington y en las redacciones. Pero con muchos riesgos, entre ellos, el de la "fatiga por Trump". Detrás de todo, para los medios norteamericanos hay una gran oportunidad de demostrar su poder de investigación y afianzar su credibilidad sacando a la luz los hechos. Porque en realidad Trump no está en guerra con la prensa; está en guerra con los hechos.

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