Trump nos está desplumando
Hay algo sobre el presidente: es coherente; nunca sorprende para bien
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NUEVA YORK.- Nuestro país está construido sobre documentos escritos: la Declaración de Independencia, la Constitución y la Carta de Derechos, por nombrar los más importantes. Por eso, para celebrar el 250º aniversario de Estados Unidos, mi esposa, Ann, organizó un acto especial en Planet Word, el museo inmersivo del lenguaje que fundó en Washington para promover la alfabetización. El cantante y compositor Nolan Williams Jr. encabezó una interpretación colectiva de canciones clásicas estadounidenses, incluida, por supuesto, This Land Is Your Land (Esta tierra es su tierra), de Woody Guthrie.
Pese a un calor de 38 grados, una multitud notablemente diversa de 300 personas colmó el salón principal del museo, y jóvenes y mayores cantaron juntos con entusiasmo. Había tanta alegría y camaradería en la sala —y tantos asistentes que, al salir, se decían entre ellos cuánto deseaban que todo el país pudiera reflejar esa misma armonía todos los días—. Después, muchos preguntaban: “¿Por qué no estamos cantando estas canciones juntos en el National Mall?”.
Lo que me lleva —lamento decirlo— a una variación muy distinta de This Land Is Your Land que se escuchó en el National Mall más tarde esa noche. En mi cabeza, era la versión de Trump, con una letra que decía: “Esta tierra es mi tierra, esta tierra es mi tierra / Desde California hasta la isla de Nueva York / Desde mi criptomoneda hasta el 747 qatarí / Esta tierra me pertenece a mí y a los míos”.
Hay algo sobre el presidente Trump: es coherente. Nunca sorprende para bien. Nunca estuvo remotamente interesado en ser el presidente de todos los ciudadanos, sino solo de su base. Nunca intenta ganar sumando, solo dividiendo: solo con un nosotros contra ellos.
Como informó mi colega de redacción Shawn McCreesh desde el Mall: “Trump usó el cumpleaños de la nación para meter miedo sobre los demócratas cuatro meses antes de las elecciones de medio término —volvió a hablar mucho de ‘comunismo’— y exigir que el Congreso aprobara una ley que dificultaría el voto”. Shawn continuó: “Lo que debía ser el acto central de la celebración del 250º aniversario de la nación fue, en ciertos aspectos, apenas otro mitin de Trump”.
Este mismo 4 de Julio, otros dos colegas de la redacción, Eric Lipton y David Yaffe-Bellany, informaron que casi “un millón de personas que compraron la memecoin del presidente Trump perdieron dinero hasta fines de junio, según un informe de la firma de análisis de criptomonedas Nansen. Sus pérdidas suman 3810 millones de dólares”. Mis colegas señalaron que el cálculo se conoció después de que Trump firmara una declaración financiera que reveló que esa misma apuesta cripto le reportó a él 636 millones de dólares. En total, sus emprendimientos comerciales le generaron al menos 2200 millones de dólares en 2025.
Esta es una gran historia, y mi instinto me dice que Trump también huele que puede convertirse en una gran historia: la de cómo esquilmó a sus propios seguidores.
Desde el comienzo del segundo mandato de Trump, se informó ampliamente que explotaba la presidencia para obtener beneficios económicos, pero la historia necesitaba una cifra concreta y víctimas concretas. Ahora tiene ambas cosas: 2200 millones de dólares en ganancias totales para Trump y al menos 3810 millones de dólares en pérdidas para sus inversores. Eso entra en una calcomanía política. Trump se jactó célebremente de que podía dispararle a alguien en plena Quinta Avenida y sus seguidores seguirían con él. ¿Seguirán también con él cuando los esquilma?
Y no hay ninguna duda: los estaba apuntando a ellos, como también informó The Times: “Tres días antes de su investidura, Trump presentó una segunda inversión con su marca: la memecoin $Trump, un tipo de moneda novedosa con poco valor práctico. ‘¡Es hora de celebrar todo lo que defendemos: GANAR!’, escribió Trump en redes sociales. ‘Únanse a mi comunidad Trump muy especial. ¡COMPREN SU $TRUMP AHORA!’. Pero eso resultó ser un mal consejo”.
Trump seguramente está aterrado de que los demócratas ganen la Cámara de Representantes o el Senado, o ambos, y abran investigaciones sobre cuánto utilizó su cargo, y explotó a sus propios seguidores, para obtener ganancias personales grotescas.
Por lo tanto, a mi entender, los temas correctos para los demócratas de cara a las elecciones de medio término son dos: si ganan, expondrán cuánto estuvo estafando Trump a sus propios seguidores; y si ganan, convertirán la reunificación del país en una prioridad.

Creo que la búsqueda de unidad nacional es la fuerza política más subestimada del país hoy. No es casualidad que CNN informara el mes pasado que “casi la mitad de los estadounidenses dicen que no se consideran parte de ninguno de los dos grandes partidos políticos, el nivel más alto de independencia partidaria medido por las encuestas de CNN en más de una década”.
Estoy seguro de que eso es cierto porque escuché al mejor analista político que conozco señalar lo mismo. Su nombre es Barack Obama. Lo que me lleva a una tercera variación de This Land Is Your Land. Fue el discurso de Obama en la ceremonia de apertura de su centro presidencial en Chicago, a la que asistí. Mi pasaje favorito de Obama fue este:
“A medida que los algoritmos nos alimentan con un flujo constante de distracción e indignación, mientras solo las voces más estridentes y extremas reciben atención, avivando nuestros prejuicios y apelando a nuestros instintos más básicos y tribales, resulta tentador ceder al cinismo e incluso a la desesperación, dejar de intentarlo. Empezamos a pensar que las apelaciones a la democracia y a la participación cívica son cursis, anticuadas, aburridas e ingenuas; que la idea misma de trabajar en favor del bien común es una apuesta de ingenuos; y que, para que nosotros ganemos, alguien más tiene que perder. Lo entiendo. No soy inmune a la ira ni a la duda, pero sí sé esto: cuando perdemos la fe en los demás, cuando dejamos de creer que votar importa, que la ciudadanía importa, que nuestras voces colectivas importan, que ya no importa cómo nos tratamos unos a otros, y cedemos nuestro poder de decidir nuestros propios futuros, les abrimos la puerta a los más despiadados, o a los más negligentes, o a los más temerosos entre nosotros, que ven a algunos grupos y a algunas personas como más iguales que otros, y que ven al gobierno como nada más que una forma de repartirse el botín, castigar enemigos y mantener en su lugar a quienes son diferentes”.
El hecho es, sin embargo, continuó Obama, que “no creo que esa sea la historia de Estados Unidos que prevalezca al final. (…) Sigo convencido de que la abrumadora mayoría de los estadounidenses (…) no busca una ira y una división perpetuas. Busca justicia, sentido común y respeto mutuo; que, en lo más profundo, queremos encontrar una forma de volver a girar los unos hacia los otros, no de alejarnos aún más”.

Así que, demócratas, ya tienen su tarea. Es no dejar que Trump los provoque hasta llevarlos a una furia ciega y a ideas extremas. Él se alimenta de eso. Concéntrense simplemente en cuánto nos estuvo esquilmando a todos mientras nos desgarraba. Y en cuánto se proponen los demócratas volver a unir a todo el país.
Porque esta tierra fue hecha para vos y para mí.
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