Coronavirus: Donald Trump rompe el confinamiento y reactiva la campaña republicana

Trump visitó ayer en Arizona una planta de Honeywell International, que fabrica barbijos de máxima calidad para el coronavirus
Trump visitó ayer en Arizona una planta de Honeywell International, que fabrica barbijos de máxima calidad para el coronavirus Fuente: AFP
Con un discurso triunfalista en el combate contra el nuevo coronavirus, el presidente viajó ayer a Arizona, donde visitó una fábrica de barbijos y promovió un mensaje con fuerte contenido político; un estudio prevé que habrá 134.000 decesos
Rafael Mathus Ruiz
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6 de mayo de 2020  

WASHINGTON.- Desde hace varias semanas, Donald Trump ansiaba dos cosas: que Estados Unidos dejara atrás la pandemia del nuevo coronavirus y que la economía rebotara, y dejar la Casa Blanca para volver a recorrer el país y retomar su campaña. Ayer, Trump logró al menos una: se alejó de Washington y voló hasta Arizona, en una visita de alto simbolismo político que hizo resucitar el clima de sus actos y buscó darle empuje a la riesgosa reapertura que comenzó a recorrer el país.

El viaje -el más largo desde que se desató la crisis- le permitió a Trump cambiar de aire y quebrar la monotonía de sus días de encierro en la Casa Blanca. Pero, más importante aún, la visita a Phoenix, donde Trump y sus asesores recorrieron una fábrica de barbijos N95, le permitió promover un mensaje triunfalista y dar la sensación de que la vida empieza a encarrilarse, pese a que Estados Unidos superó ayer las 70.000 muertes por Covid-19 y a que las advertencias de los expertos, lejos de atenuarse, truenan como siempre.

Desde que salió de la Casa Blanca, Trump, quien se definió a sí mismo como un "porrista del país", se mostró combativo y optimista, alejado de los pronósticos lúgubres que marcan un nuevo repunte de las muertes por la pandemia. Defendió su muy criticada gestión y acusó a los demócratas de querer que la crisis empeore para ganar la elección.

"Estamos abriendo nuestro país nuevamente, es lo que estamos haciendo. Y les digo, todo el mundo está entusiasmado al vernos porque estamos liderando al mundo", dijo a los periodistas, antes de emprender su viaje a Arizona.

La reapertura de Estados Unidos ha sido dispar, caótica y, para expertos en salud pública, altamente riesgosa. El país nunca se encerró del todo: Trump nunca decretó una cuarentena nacional como Italia, Francia o la Argentina. La Casa Blanca solo le recomendó a la gente que se confinara y delegó la decisión sobre un lockdown a los estados. Luego de esa movida, casi todos los gobernadores decretaron el confinamiento y cerraron negocios "no esenciales", pero permitieron a la gente salir a trotar, caminar, ir a un parque o una plaza o andar en bicicleta. Los restaurantes del país se movieron al negocio del delivery sin cerrar. Las aerolíneas siguieron volando, aunque la mayoría de los aviones quedaron en tierra.

Aun con ese margen, el brutal castigo que acarrearon la pandemia y el confinamiento elevaron la presión sobre los gobernadores para abrir las economías. Las protestas despuntaron en varias ciudades y Trump les dio un guiño, ansioso por recuperar la histórica bonanza perdida, principal pilar de su popularidad.

A fines de abril, poco más de un mes después de que la Casa Blanca le pidió a la gente, el 16 de marzo, que se guardara, Carolina del Sur, Georgia y Tennessee inauguraron la reapertura al habilitar algunos negocios. Lo peor ya había pasado, aunque la crisis seguía. Hoy, de los 42 estados que maniataron la vida de sus habitantes, solo 20 -casi todos gobernados por demócratas- siguen adelante con el plan original. El resto del país empezó a desandar ese camino, en medio de advertencias de expertos.

Pronóstico pesimista

Con ese giro, los pronósticos empeoraron. Antes de que comenzara la reapertura, la Casa Blanca estimaba hasta 60.000 muertes. Ahora, un estudio prevé más de 134.000 decesos.

Trump ninguneó esos pronósticos y ayer volvió a insistir en que el encierro podía ser mortal y a sugerir que podía provocar un aumento en el abuso de drogas o los suicidios.

Aislado, Trump ansiaba salir de Washington. Nostálgico, en las últimas semanas dijo varias veces que quería volver a sus actos de campaña. Su último mitin fue el 2 de marzo, en Charlotte, Carolina del Norte. Su último viaje, el 28 de ese mes, cuando despidió en Virginia al USNS Comfort, el barco hospital que viajó a Nueva York. Después, el presidente se encerró en la Casa Blanca a lidiar con la peor crisis que enfrentó el país en el último siglo. En abril, no viajó. Recién dejó la Casa Blanca el último fin de semana para ir muy cerca, a la residencia de descanso, en Camp David, Maryland.

Su discurso en la fábrica de la empresa Honeywell, en Phoenix, Arizona, tuvo la misma música que sus actos de campaña. Un hombre y una mujer latinos subieron al escenario. La mujer tenía una campera con el mensaje "Trump 2020" bordado en la espalda. "De parte de muchos latinos que conocemos, sé que su voto va a ir para usted. ¡Latinos love Trump!", dijo la mujer. Arizona es uno de los estados que decidirán la elección presidencial.

El mensaje de Trump tuvo un aura triunfalista y la Casa Blanca dijo que planea disolver la task force comandada por el vicepresidente Mike Pence a fin de mes.

"Gracias al profundo compromiso de nuestros ciudadanos, hemos aplanado la curva y han sido salvadas incontables vidas estadounidenses", dijo el presidente. "Nuestro país está ahora en la próxima etapa de la batalla, una muy segura y gradual reapertura de nuestro país. Es la reapertura de nuestro país, ¿quién pensó que diríamos eso? Reapertura, reapertura", se desahogó.

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