
"Un apetito insaciable"
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PEKIN (De nuestro corresponsal).- Todo empezó hace un año como una investigación contra dos compañías norteamericanas, Loral y Hughes, por entregar a los chinos más tecnología de lanzamiento de misiles que la que les autorizaba su licencia de exportación (todas las ventas norteamericanas de alta tecnología a China están estrictamente controladas).
El "informe Cox" atribuye a China un "apetito insaciable" por la tecnología norteamericana y un "esfuerzo de espionaje sostenido", que le habrían permitido "saltar en unos años de su capacidad estratégica nuclear de los 50 al moderno diseño de armas termonucleares", y podría desplegar en unos tres años armamento nuclear.
Según el informe, China habría logrado diseños e información sobre siete ojivas nucleares, todas actualmente parte del sistema militar de EE.UU. Tendría datos sobre la llamada bomba de neutrones, sobre una ojiva nuclear miniatura, la W 88 y seis más. Habría obtenido también tecnología de misiles Minuteman y Peacekeeper y la necesaria para la detección de submarinos, así como información sobre sistemas de guía y lanzamiento de misiles.
El espionaje ha tenido lugar en los últimos veinte años y hay evidencia de que continúa hasta hoy. Los chinos se habrían concentrado en cuatro laboratorios, Oak Ridge, Lawrence Livermore, Sandía y Los Alamos, fuente éste del último escándalo, con un científico de origen chino despedido aunque por ahora sin ser incriminado.
Además, se los acusa de disponer de empresas pantallas con lazos con su inteligencia militar, y de haber usado relaciones académicas, intelectuales y de negocios para la supuesta vasta empresa de este espionaje.
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