Un choque de titanes cuando la economía global empezaba a mejorar

La guerra comercial entre Estados Unidos y China coincide con un leve repunte del crecimiento mundial, ahora bajo amenaza
Peter S. Goodman
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16 de mayo de 2019  

LONDRES.- En épocas normales, la preocupación por la salud de la economía global tiende a impulsar a los líderes de las principales potencias a unir fuerzas en pos de lograr seguridad. Pero estas no son épocas normales.

La principal amenaza para la fortuna del mundo se ha vuelto la recrudecida guerra comercial entre las dos mayores economías del mundo, Estados Unidos y China. Y mientras los líderes de ambos países ahora evalúan abiertamente la forma de perjudicarse mutuamente, el resto del planeta teme ser víctima colateral de esta escalada.

Para las empresas y los consumidores por igual, todo esto plantea la perspectiva de que muy pronto tendrán que pagar mayores precios por esos productos, una realidad que desalienta el consumo.

"Un escenario de escalada sería terrible para todo el mundo", dice Gabriel Sterne, jefe de investigaciones macroeconómicas globales de Oxford Economics, Londres. "El impacto negativo en el flujo comercial perjudicará el comercio global durante años. Son malas noticias para casi todo el mundo".

Si ambos bandos cumplen con sus amenazas arancelarias, el resultado anual de la economía China se reduciría en un 0,8%, mientras que el crecimiento anual de Estados Unidos se reduciría en un 0,3%, según Oxford Economics.

Son números chicos dentro del cuadro general de las cosas, pero el perjuicio se sentiría agudamente en las industrias, sobre todo en las más expuestas a la guerra comercial, como la agricultura norteamericana y los fabricantes chinos de electrónicos. El daño podría ser especialmente grave para los países que más dependen del comercio exterior, como Singapur, Malasia, México y Japón.

En el centro de estos problemas se encuentra China, el país más poblado del mundo. Su vertiginoso crecimiento de las últimas décadas ha sumado cientos de millones de consumidores al mercado global, y a la vez ha provisto de una vasta estructura de ensamblaje a bajo costo. Dado que China es la fuente de casi un tercio del crecimiento económico mundial, cualquier disrupción en el volumen de su comercio exterior cobra relevancia global.

El diseño arancelario de Trump está pensado para perjudicar a China y así presionar a sus líderes para que paren de subsidiar a las empresas públicas, dejen de exigirles la entrega de propiedad intelectual a las empresas norteamericanas y abran sus mercados a la competencia extranjera.

La escalada llega en momentos de especial fragilidad de la economía mundial y pone en riesgo lo que parecía una estabilización, o una gradual desaceleración, de la economía china. En abril, el volumen de las importaciones chinas a Estados Unidos se disparó, según un análisis de datos del banco global de inversiones UBS. A nivel mundial, y en comparación con el año pasado, los despachos aéreos crecieron en marzo en relación con el año anterior, según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo.

Pero son tendencias débiles. La carga aérea bajó un 4% desde su pico, en 2017. Fuera de China, las manufacturas en Asia se vienen desacelerando desde hace dos años. Y la guerra comercial entre Estados Unidos y China no hará más que empeorar la situación.

Las exportaciones hacia China desde Japón, Taiwán, Corea del Sur, Tailandia y Vietnam se desplomaron alrededor de un 14% durante el último año, una pérdida aproximada de 6300 millones de dólares, según Oxford Economics.

Esos mismos países han aumentado sus exportaciones a Estados Unidos en un porcentaje similar, pero Estados Unidos es un socio comercial menos importante para esos países, y ese incremento porcentual representa menos de 2000 millones de dólares.

Para Europa, que amagaba con recuperarse, esta guerra comercial es otra fuente indeseada de preocupaciones. En lo inmediato, la inquietud por la posibilidad de un Brexit caótico y sin acuerdo se ha calmado, después de que Londres y Bruselas acordaron extender los procedimientos de su contencioso divorcio hasta fines de octubre.

Alemania, principal economía del continente, ha logrado mitigar los temores sobre su debilidad con datos que exhiben un aumento en las órdenes de pedido de las fábricas y en las exportaciones. En marzo, comparadas con el año anterior, las exportaciones alemanas a China crecieron más de un 5%.

Pero gran parte de lo que Alemania exporta a China son partes para el aparato de ensamblaje industrial de China: autopartes, motores, maquinaria eléctrica y otros equipos que se integran a las operaciones de las fábricas chinas. Si ante el aumento de los aranceles norteamericanos esas fábricas disminuyen su producción, la necesidad china de productos alemanes muy probablemente disminuirá.

En Italia y en Francia, la actividad industrial se viene debilitando desde hace unos meses.

"Para Europa, todo esto llega en un momento muy delicado", dice Kjersti Haugland, economista en jefe de DNB Markets, banco de inversiones noruego. "El crecimiento actual ha vuelto a ser muy débil".

La guerra comercial ya ha impactado en los mercados bursátiles, impulsando un desplome de las acciones.

Si la desconfianza de los inversores se profundiza, el dinero seguramente volará a su refugio seguro definitivo: el dólar. Esa situación seguramente traería aparejada la huida de capitales de los mercados emergentes, exacerbando las crisis en la Argentina y Turquía, y a la vez depreciaría las monedas a nivel global, desde Brasil hasta Sudáfrica y la India.

Traducción de Jaime Arrambide

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