
Un líder carismático con grandes ambiciones
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PEKIN (AP).- A medida que el carismático líder comunista Bo Xilai ganaba espacio en la escena nacional con su cruzada contra la mafia y sus himnos comunistas, muchos de los líderes de China peregrinaban hasta Chongqing en señal de aprobación. No así el presidente Hu Jintao.
La ausencia evidente de Hu en la ciudad de Chongqing, una de las más grandes de China, era toda una señal. El carisma y la autopromoción que le granjearon a Bo la estima popular también lo alejaron de sus colegas de la política. Al desplazar a Bo como funcionario de máximo rango en Chongqing, el Partido Comunista lo dejó muy probablemente sin chances de ascender a las cimas del poder, que hasta hace apenas unos meses parecían al alcance de su mano.
Alto y fotogénico, Bo es la excepción que confirma la regla de la política china. La seguridad que demuestra en público y que bordea con la extravagancia, así como la soltura con que se mueve frente a los medios, choca con el bajo perfil colegiado y anodino que prefiere la clase política china.
Desde que el carismático y populista Mao Tse Tung hundió a China en la pobreza y el caos político, sus sucesores han trabajado para asegurarse de que ninguna personalidad individual se imponga. Por el contrario, el gobierno debía surgir de un consenso colegiado entre los líderes, y Bo constituía una amenaza para ese equilibrio.
"El camarada Bo es un hombre de carácter y tiene un modo particular de hacer las cosas. Así que existen opiniones totalmente extremas y contrapuestas respecto de él. Están quienes lo adoran y quienes se le oponen terminantemente", escribió en Weibo -la versión china de Twitter- el abogado y comentarista Wang Haijiang.
Hijo de uno de los padres fundadores del comunismo chino, Bo integró una violenta facción de la Guardia Roja y fue enviado a prisión durante parte de la Revolución Cultural de 1966-1976. Luego se graduó en periodismo en la universidad, antes de abrirse camino a paso seguro en la burocracia comunista.
Como funcionario provincial, mostró un temprano gusto por las apariciones públicas, llevando notoriedad a la ciudad portuaria de Dalian a través de reuniones de personalidades mundiales, atractivos proyectos de renovación urbanística y el desarrollo de un activo polo tecnológico.
Fue en Chongqing -una gigantesca ciudad de 30 millones de habitantes- donde encaró sus más ambiciosos proyectos, con el lanzamiento de campañas que parecían destinadas a asegurar su entrada a las ligas mayores del liderazgo político en 2012. La más notoria, una controvertida campaña para aplastar a la mafia, terminó en 2000 arrestos, 500 procesos judiciales y 13 ejecuciones, incluyendo la del ex director de la Oficina Judicial de la ciudad, con la consiguiente ola de publicidad a nivel nacional que le garantizó.
Después vino la campaña "cante canciones rojas", para ensalzar el partido y sus valores, que alcanzó su punto culminante con masivas manifestaciones para entonar loas al Partido Comunista y celebrar los 90 años de su fundación, el año pasado.
Traducción de Jaime Arrambide



