Un mendocino construyó la "parrilla santa" y agasajó a Francisco en Nueva York
El escultor metalúrgico Horacio Salinas trabajó arduamente para que el Papa pudiera comerse un asado argentino en medio de la Gran Manzana; eso sí, cocinó pollo
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"No soy religioso, pero creo haber hecho mi primer milagro", dijo a LA NACION, risueño pero aún emocionado, el escultor metalúrgico Horacio Salinas (71), mendocino por nacimiento y neoyorquino por adopción, quien en tres días, trabajando hasta la madrugada, construyó una parrilla especial, por encargo "divino", para que el Papa pudiera comerse un asado argentino en medio de la Gran Manzana.
El objetivo, que era evitar que la primera cena de Francisco en Nueva York fuera en un restaurante italiano, ya fue cumplido: en la noche del jueves, horas después de su arribo a la Big Apple, en el edificio de la nunciatura de Manhattan, el Pontífice pudo sentirse un poco más argentino: en la parrilla de acero inoxidable de Salinas hubo, por debajo, las brasas, y por arriba, distintas carnes, entre ellas de pollo, por la dieta que está siguiendo Su Santidad.
En diálogo con LA NACION, desde su taller de esculturas metálicas en la avenida 51, en Maspeth, NY, Salinas dijo sentirse más argentino que nunca, pero sobre todo bendecido por haber sido el artífice del asado papal. "A mi edad, esto me cambió. Francisco tiene algo especial y hoy me siento con magia, sí con mucha magia", contó el artista de metales, quien ha realizado una gran cantidad de obras para los neoyorquinos y ciudadanos del mundo entero. De hecho contó que diseñó piezas de hierro especiales para iglesias de los Estados Unidos y de la Argentina. "No soy religioso, pero me trajo suerte y siento la magia. El Papa es un tipo carismático, extraordinario. Me llama mucha gente, vino mucha gente. Me ha cambiado el ritmo de vida. Me va bien, pero ahora, mejor", indicó.
La idea de hacer un asado argentino surgió una semana antes de la visita del Sumo Pontífice. Todo se pergeñó en un reconocido restaurante de la gran metrópoli, llamado Buenos Aires, donde un grupo de amigos, entre ellos sacerdotes, empresarios y artistas, entre los que se encontraba Salinas, decidió sorprender a Bergoglio con una cena especial, lejos de su actual vida italiana y más cerca de sus orígenes. "Alguien sugirió que si el Papa es argentino, lo mejor sería hacer un asado, con parrilla argentina. Al otro día, me llamaron de la Arquidiócesis de Nueva York para encargarme la tarea. En tres días hice todo, fue mi primer milagro", expresó, entre risas, Salinas, quien nació en 1944 en la Ciudad de Mendoza y vivió hasta 1968, cuando decidió mudarse con su esposa a los Estados Unidos "sin ningún motivo político, sólo por ser bohemio", aclaró. Hoy, ya separado de Betty, disfruta de sus dos hijos, reconocidos fotógrafos del prestigioso diario New York Times, y de sus tres nietos.
Alguien sugirió que si el Papa es argentino, lo mejor sería hacer un asado, con parrilla argentina. Al otro día, me llamaron de la Arquidiócesis de Nueva York para encargarme la tarea""
En los últimos días, la historia de Salinas como la de otros argentinos que viven en NY han sido replicadas en los distintos medios estadounidenses e internacionales. De hecho corresponsales de todo el mundo en la ciudad de los rascacielos, como la periodista argentina Silvina Sterin Pensel, quien trabaja en Manhattan para Canal Trece-TN, desde hace una década, se sorprendieron con la sencillez de este artista. "Horacio me pareció un hombre sencillo, apasionado por lo que hace y muy argentino a pesar de estar fuera del país hace casi 50 años. Me parece un ejemplo de mucho gente que admira al Papa por su humildad y carisma a pesar de no ser religioso", expresó la comunicadora en diálogo con LA NACION.
"Trato de ser lo más honesto posible. Lo que importa de las personas es si son buenas, eso es lo que me impresiona. Francisco es bueno, y quiere ayudar a los pobres, a los inválidos. Tiene principios muy fuertes y se atrevió a muchas cosas en Estados Unidos, donde ha generado una revolución por estos días. No tiene banderas, es del mundo, para todos. Me enorgullece igual que sea argentino", remató el herrero artístico.
Así las cosas, en la ciudad que nunca duerme, ahora, Salinas asegura que, en medio de la vorágine y el furor por Francisco, tendrá tiempo para descansar, y con mucha paz interior por el trabajo realizado. Sabe que, con toda la magia encima, le queda un largo camino por recorrer.
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