Un seguro contra cocodrilos y un elefante bebé: los insólitos regalos para los presidentes norteamericanos
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WASHINGTON.- ¿Qué clase de regalo se le hace a un líder del mundo libre? En su su primera visita oficial a Estados Unidos y como muestra de reconocimiento por el sacrificio de los norteamericanos durante la Primera Guerra Mundial, el presidente francés, Emmanuel Macron, llegó el lunes a Washington D.C. con un regalo muy especial para al presidente Donald Trump: un retoño de roble procedente del bosque de Belleau, donde en 1918 se libró una batalla en la que murieron 9000 soldados estadounidenses.
Los mandatarios extranjeros que visitaron Estados Unidos a lo largo de la historia por lo general llevaron de regalo un objeto simbólico o incluso personal para cada presidente norteamericano. Pero en algunos casos esos regalos fueron bastante extraños.
Durante su visita a Australia en 2011, Barack Obama recibió de regalo de manos del jefe de gobierno del Territorio del Norte una póliza de seguros contra cocodrilos, por si al presidente demócrata se le ocurría visitar un lugar lleno de lagartos y sufría algún terrible accidente.
"Tengo que admitir que cuando reformamos el sistema de salud de Estados Unidos, nos olvidamos de incluir el seguro contra cocodrilos", bromeó entonces Obama.

El presidente George W. Bush recibió un león y un leopardo embalsamados de parte de Tanzania. En 1984, durante la visita del presidente de Sri Lanka, el presidente Ronald Reagan recibió, en los jardines de la Casa Blanca, un elefante bebé vestido con ropas tradicionales de aquel país asiático. Tal vez haya sido un gesto exagerado, pero el animal representaba la amistad y las similitudes entre ambos países. El elefante es el símbolo del Partido Republicano, al que pertenecía Reagan, y también lo era del partido político gobernante por aquel entonces en Sri Lanka.
"Esa una cosita hermosa de menos de un metro de altura", escribió Reagan en su diario personal en 1984.
Como ocurre con cualquier cumpleaños o aniversario, el intercambio de regalos oficiales simboliza la amistad y el camino recorrido entre ambos países. Es parte del juego diplomático, del manejo de las relaciones internacionales de una manera reflexiva y respetuosa. Gracias a la diplomacia, Estados Unidos ha logrado recomponer relaciones vínculos internacionales que habían arrancado con el pie izquierdo.
"Hicimos una revolución para liberarnos de Inglaterra, pero ahora nos referimos a ellos como ‘amigos especiales’. Y entre la reina inglesa y los sucesivos presidentes norteamericanos ha habido intercambios de maravillosos regalos", dice Stewart McLaurin, presidente de la Asociación Histórica de la Casa Blanca.
Pero hay que ser honestos: debe ser difícil pensar un buen regalo para alguien que lo tiene todo. Al mandatario de Bermudas le debe haber costado mucho encontrar la estatua multicolor de un pez tropical que le dieron regalo al presidente John F. Kennedy en 1961, que también recibió una copa cuerno del líder de la Unión Soviética. Durante su mandato, George W. Bush también recibió un juego didáctico para expandir el vocabulario de manos del sultán de Brunei.

"Muchas veces los regalos son interesantes", dice Kirstin Holm, encargada de la división de Materiales Presidenciales del Archivo Nacional de Estados Unidos. "Y a veces no se entiende bien cuál es el mensaje que el regalo intentaba transmitir, pero nosotros los tratamos simplemente como objetos".
Técnicamente, todos los regalos de naciones extranjeras entregados al presidente están dedicados a todo el pueblo de Estados Unidos. Cada presidente puede conservar y usar esos regalos mientras dura su mandato. El día del traspaso de mando, personal del Archivo Nacional pasa a recoger todos esos regalos al mediodía, antes de que el nuevo presidente ocupe la Casa Blanca. Los regalos recibidos por los presidentes de sus colegas extranjeros pueden verse en las bibliotecas presidenciales, a lo largo y a lo ancho de Estados Unidos.
Sin embargo, el Archivo Nacional no se llevará el flamante roble llegado de Francia. El árbol fue plantado a última hora del lunes pasado en los jardines de la Casa Blanca. Trump y los futuros presidentes no tendrán que ir muy lejos para ver el testimonio de la amistad del pueblo francés.
The Washington Post
Traducción de Jaime Arrambide
Dara Elasfar
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