
Una Escocia autónoma beneficiaría a Argentina
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EDIMBURGO, 26 (De nuestra Corresponsal).- Las relaciones del Reino Unido con la Argentina pueden verse radicalmente transformadas tras las próximas elecciones, no necesariamente por las políticas que el laborismo reserva hacia nuestro país, sino por las que tiene previstas para Escocia.
Un acuerdo suscripto a mediados de febrero último entre los dos principales partidos de la oposición (laboristas y liberal demócratas) hace prácticamente un hecho la tan anhelada autonomía del reino escocés.
Los dos coincidieron en garantizar la reinstauración de un parlamento escocés con amplios poderes, un proceso que aquí se llama "devolución" por cuanto significa el retorno a la asamblea existente antes del Acta de Unión de 1707 que dio nacimiento al Reino Unido.
Los laboristas proponen ahora concretar este paso tras un referéndum mientras los liberal demócratas están dispuestos a hacerlo de inmediato. Cualquiera sea el método, sólo una victoria del conservadurismo podría poner freno a este proceso que muchos creen terminará en la independencia total del reino.
Esa posibilidad, que hasta ahora parecía una quimera, está siendo respaldada por la encuestas. Una consulta realizada por la firma MORI advierte que la elección para un Parlamento regional daría a los nacionalistas escoceses una mayoría del 38 por ciento, porcentaje que en su polarizado panorama político le daría el control de la asamblea.
"Tan pronto esto ocurra vamos a iniciar negociaciones con Londres para concretar nuestra independencia -sostuvo a La Nación Kevin Pringle, vocero del Partido Nacionalista Escocés (SNP)-. Lo haremos en forma civilizada pero con determinación. Nuestro objetivo es alcanzar hacia el año 2000 una Escocia independiente en Europa, con asiento propio en las Naciones Unidas y miembro de una Asociación de Estados de las Islas Británicas donde la reina siga manteniendo su papel de jefe de Estado".
La Unión Europea cumple aquí un papel importante. Por razones históricas los escoceses se ven ampliamente identificados con el continente y se sienten víctimas de una situación donde la mayoría de la población inglesa en el Reino Unido (los escoceses son 5 millones de un total de 50 millones) arrasta al conjunto del país hacía un euroescepticismo que consideran xenófobo y potencialmente catastrófico para su economía.
En pocas palabras, el motor de la independencia escocesa no se encuentra sólo en el secular orgullo nacional de sus habitantes sino también en la contrastante visión del lugar que les corresponde en el mundo.
Fuerzas armadas propias
Y es aquí donde surge el ángulo argentino. "Para nosotros, el conflicto de Malvinas es un problema de Londres - señaló Pringle en la sede central del SNP ubicada en la elegante Charlote Square-. No tenemos ni queremos tener nada que ver.
"Más aún, tan pronto concretemos nuestra independencia daremos a todo el personal militar de origen escocés la posibilidad de ser transferidos a nuestras propias fuerzas armadas. Se tratará de una fuerza exclusivamente defensiva -advirtió- que hará de las tareas de mantenimiento de la paz su especialidad. Por lo tanto, es en ese contexto también que no vemos un papel para nuestros hombres en una guarnición en el Atlántico Sur a menos que sea, claro está, para cumplir con un mandato de las Naciones Unidas" .
El SNP aspira a contar con un ejército integrado por 9000 regulares, 16.000 reservistas regulares, 7000 reservas nacionales y 2000 empleados civiles. La armada requerirá de navíos y submarinos a ser operados por 5000 regulares y 2000 reservistas. La fuerza aérea contará con 6000 regulares y 3650 reservistas.
"Una nación pequeña como la nuestra sacará beneficio de una fuerza convencional profesional -estimó el joven vocero del SNP-. En Escocia no habrá lugar para armas caras como el Trident ni otras nucleares. Heredaremos un acuerdo con la NATO pero nuestra oposición a la defensa nuclear puede obligarnos a tener que reducir nuestro papel a simples tareas de cooperación técnica" .
La autonomía en Escocia es una aspiración de larga data que va más allá de las banderías políticas. En vísperas de las elecciones generales anteriores, todos los partidos, excepto el conservador, se comprometieron a concretarla y hasta escogieron la futura sede del Parlamento.La victoria de John Major el 9 de abril de 1992 puso drástico final al proyecto.


