Una familia está a la espera de un milagro
Se esperan noticias sobre la suerte de Grehan; hace 20 días estuvo en Buenos Aires
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"La familia está tranquila. Son gente de mucha fe: están a la espera de un milagro, igual que yo", confía un amigo cercano de Pedro Grehan, de 35 años, uno de los dos argentinos que trabajaba en las Torres Gemelas y que se encontraba en su oficina del piso 101 de la Torre Sur, cuando fue embestida por un avión.
"Dentro de la desesperación, cuando se esperan noticias de un hijo o de un hermano, la familia está tranquila", contó el amigo que prefirió no revelar su nombre.
Anoche, al cierre de esta edición, los familiares de Grehan todavía no habían podido viajar hacia Nueva York. Tres son los hermanos que quieren volar hacia los Estados Unidos.
Matías Ferrari otro broker argentino que trabaja en el distrito financiero de Nueva York fue el último en escuchar la voz de Pedro Grehan. Estaban hablando por teléfono al comienzo de la jornada cuando sucedió el ataque. "El deja de hablar conmigo y, como telón de fondo, escucho voces, pero no gritos de pánico, ni nada que se le parezca", detalló Ferrari en declaraciones a Radio Show.
La esposa de Grehan y madre de sus tres hijos, Victoria Blaksley, se mudó circunstancialmente de la casa de ambos en New Jersey a la de unos amigos, lugar que se convirtió en su cuartel general para buscar y recibir información.
"Todos estamos haciendo todo lo posible y tenemos esperanzas de que Pedro esté con vida", dijo Ferrari y en el "todos" incluye al compacto grupo de amigos de Grehan que acompaña a su familia y lo buscan activamente en hospitales de Manhattan y New Jersey. Hasta última hora de ayer no habían tenido éxito.
El mismo Ferrari atiende el llamado de LA NACION, pero no confirma que se trata de un compañero y amigo de Pedro. Primero pregunta para qué lo buscan y desganado admite que es él.
La voz cansina, preanuncia, su disposición: "No quiero hablar".
Como cuesta arriba, revela la relación que los une: "Jugábamos juntos al rugby en el CASI (Club Atlético San Isidro) y después trabajamos juntos en una firma. Hace cuatro años que se fue para allá".
"Todavía no perdimos las esperanzas", es lo único que pudo decir antes de avisar que más tarde no estaría en casa: saldría para reunirse con sus amigos, los amigos de Pedro.
"Tiene una familia lindísima. Están rezando, ofreciendo misas por él y esperan buenas noticias", concluyó su otro amigo. Se conocen desde sus años en el Colegio Marín. Vivieron juntos un año en el Sur, después de terminar el secundario, y trabajaron en un campo.
Pedro cambió San Isidro por Pacheco cuando se casó con Victoria. Y de allí partieron rumbo a los Estados Unidos. Antes de mudarse a New Jersey, se instalaron en Greenwich, Connecticut. Ahora Pedro viajaba una hora y media en tren hasta Manhattan, donde trabajaba como analista financiero.
"Pedro es muy familiero. Le gusta estar con su mujer y sus hijos. También tiene muchos amigos allá, muchos argentinos. Tiene un horario de trabajo muy estricto. Entra a las 6.30 y sale a las 17. Estaba contento con su trabajo, pero esperaba mejorar", cuenta el amigo con las imágenes muy frescas de cuando Pedro estuvo por última vez en Argentina, hace 20 días.



