Una liberación que refuerza la polarización del escenario político brasileño

Alberto Armendáriz
Lula da Silva dejaría hoy la prisión en Curitiba
Lula da Silva dejaría hoy la prisión en Curitiba Fuente: Archivo
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8 de noviembre de 2019  • 17:19

RÍO DE JANEIRO.- La liberación del expresidente Luiz Inacio Lula da Silva tendrá un fuerte impacto en el polarizado escenario político de Brasil, dominado por las fuerzas de derecha que sostienen al actual mandatario, Jair Bolsonaro , y amenaza con dificultar las reformas económicas que impulsa el gobierno.

Desde la detención de Lula, en abril del año pasado, la izquierda brasileña se quedó sin un liderazgo claro, debilitada y desarticulada. Ni siquiera el Partido de los Trabajadores (PT), que logró pasar a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de octubre de 2018 con Fernando Haddad como tardío reemplazante de Lula, consiguió construirse como una alternativa de oposición sólida en medio de los constantes tropiezos de la administración Bolsonaro. Ahora, con el resurgimiento de su máxima figura histórica, tiene otra chance.

"Habrá que ver cuál es la estrategia de Lula, pero es un político con mucha experiencia, astucia y habilidad de negociación, que podría unificar en torno suyo a los distintos partidos de izquierda para consolidar un frente de oposición vigoroso al actual gobierno. La primera prueba serían los comicios municipales del próximo año, y si la organización opositora avanza, poner la mira en las elecciones presidenciales de 2022", señaló a LA NACION Paulo Calmon, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Brasilia.

Mientras sobre él pese la condena en segunda instancia, Lula no podría competir por un cargo electivo. Pero si sus abogados consiguiesen que el Supremo Tribunal Federal (STF) anule todo el proceso, podría incluso aspirar a ser candidato en 2022, aunque todavía tiene otras causas pendientes que podrían representarle nuevos obstáculos y, además, para entonces ya tendría 78 años.

Con su gran adversario político en libertad, Bolsonaro apostaría seguramente a profundizar la polarización ideológica que divide a Brasil desde los orígenes de la operación Lava Jato en 2014 y que alcanzó su nivel más alto durante el proceso de impeachment de Dilma Rousseff, en 2016.

Momento crucial

"El momento es crucial para Bolsonaro, cada vez más desgastado por sus propias fallas. Intentará tapar esos errores mediante el refuerzo de la polarización, la agitación y movilización de sus bases", apuntó Calmon, que resaltó que los que más perderían si se instala esa dinámica de antagonismo extremo serán otros políticos que ocupan las diversas variantes del centro ideológico, como Ciro Gomes (centroizquierda) o João Doria (centroderecha), o el animador televisivo Luciano Huck, que ya ha dado señales de que desea competir por el Palacio del Planalto en 2022.

El éxito de la estrategia de polarización de Bolsonaro dependerá, obviamente, de cómo reaccione Lula de aquí para adelante. Si radicaliza su discurso y busca un tono revanchista, como abogan ya sectores del PT, o si, en cambio, adopta una actitud más moderada, pacificadora y superadora, al estilo de la postura que mostró el expresidente sudafricano Nelson Mandela luego de su liberación tras 27 años de cárcel en su lucha contra el apartheid.

Sea lo que sea que ocurra, para los inversores extranjeros que volvían a poner sus ojos en Brasil luego de las reformas estructurales diseñadas por el ministro de Economía Paulo Guedes, el ambiente político volvería a ser un factor de riesgo para el crecimiento económico.

"Por un lado, la decisión del STF de revertir su jurisprudencia sobre las condenas en segunda instancia despierta alarmas de inseguridad jurídica en el país. Por otro, las tensiones políticas que aumentarán con Lula libre incrementarán la percepción de incertidumbre", remarcó a este diario el analista Rafael Cortez, de la consultora Tendencias, en San Pablo.

Por lo pronto, el Congreso, que hasta ahora se había concentrado en hacer avanzar las propuestas reformistas de Guedes pese a los cortocircuitos de Bolsonaro, ya indicó que -al menos por las próximas semanas- dejará de lado la agenda económica para debatir modificaciones a la Constitución que reviertan la liberación de los cerca de 5000 condenados en segunda instancia que serían beneficiados por el fallo de la Corte anoche.

Nuevamente, Lula vuelve a ser el eje de la política brasileña. Para bien o para mal.

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