Una mujer en el Salón Oval, la realidad distante en la política norteamericana

Además de la derrota de Hillary, el número de funcionarias es inferior al de otros países en el mundo; algunos analistas creen que la cuestión de género aún es muy profunda
Katrin Bennhold
Rick Gladstone
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12 de noviembre de 2016  

Angela Merkel, la “canciller de hierro” que gobierna desde 2006
Angela Merkel, la “canciller de hierro” que gobierna desde 2006 Fuente: Reuters - Crédito: Axel Schmidt

LONDRES.- Hillary Clinton estuvo más cerca que ninguna otra mujer de Estados Unidos de ocupar el principal cargo de su país, pero su derrota vuelve a poner en el centro de la escena la misma pregunta: ¿Por qué Estados Unidos quedó tan rezagado respecto de tantos países en la elección de una líder mujer?

La diminuta Sri Lanka fue en 1960 la primera nación que rompió la barrera de género en la política, cuando esa isla se llamaba todavía Ceilán. Años más tarde, la siguió su gigante vecina, la India.

Desde entonces, las mujeres han alcanzado el máximo cargo ejecutivo -presidenta, primera ministra o su equivalente- en más de 70 países de Europa, América latina y Asia-Pacífico. Actualmente, hay mujeres al frente de dos de las naciones más poderosas de Europa: Angela Merkel en Alemania y Theresa May en Gran Bretaña. ¿Y en Estados Unidos por qué no?

Los historiadores ofrecen una variedad de explicaciones. Algunas de esas líderes más tempranas vieron allanado su camino al poder por ser esposas o hijas de líderes carismáticos o autocráticos. Otras fueron elegidas por acuerdo parlamentario y no por elección directa, o inicialmente habían quedado a cargo del poder de manera temporaria.

Algunos tienen la teoría de que para las democracias europeas las mujeres tal vez parezcan más aptas para los altos cargos ejecutivos debido a que esos países suelen tener un generoso Estado de bienestar, algo considerado como un rasgo maternal. Por el contrario, la imagen del presidente de Estados Unidos es la del comandante en jefe, más difícil de cuadrar con una mujer.

"Estados Unidos sigue siendo considerado el policía del mundo, el guardián del mundo, y tenemos una idea de género muy marcado en lo que se refiere al liderazgo", dice Laura A. Liswood, secretaria general del Consejo de Líderes Mujeres del Mundo de Naciones Unidas, una red de actuales y ex primeras ministros y presidentas.

"En Estados Unidos no sólo se nos pide que gustemos: también tenemos que ser duras."

Sue Thomas, investigadora del Instituto de Investigaciones y Evaluaciones Pacífico, California, dice que a diferencia de los cargos de liderazgo político en otros lugares, en Estados Unidos la presidencia "es vista como una institución muy masculina, a la que por razones históricas a una mujer le resulta muy difícil acceder."

La cuestión de género sobrevoló todo el tiempo durante esta campaña electoral, pero los expertos advierten que la reciente elección no debe ser vista meramente como un referéndum sobre la posibilidad de una mujer en la presidencia.

"Es difícil hacer generalizaciones sobre las candidaturas femeninas basándose en el caso de Hillary Clinton", dice Timothy Garton Ash, profesor de estudios europeos de la Universidad de Oxford.

"Hillary es un caso especial y único, por el tiempo que hace que está cerca del poder. ¿La gente no la votó por ser mujer o por llamarse Clinton? Por supuesto que podría ser por ambas razones."

De todos modos, muchos expertos ven una tendenciosidad subyacente que puede haber desalentado a las mujeres norteamericanas a postularse a cargos públicos, lo que a su vez habría limitado el flujo de potenciales candidatas presidenciales.

Incluso tras la ratificación de la enmienda 19, en 1920, que garantizaba el voto femenino, algunos estados restringían el acceso de las mujeres a las candidaturas: Oklahoma, por ejemplo, no permitió que las mujeres accedieran a cargos ejecutivos hasta 1942.

"El problema que tenemos en Estados Unidos es que no hay suficientes mujeres en cargos de alta visibilidad y credibilidad en los estamentos bajos y que luego puedan ascender a cargos nacionales. No hay suficientes mujeres que dirijan escuelas o consejos municipales", dice Kathleen Dolan, jefa del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Wisconsin-Milwaukee.

Estados Unidos ocupa el lugar 97 entre 193 países en el porcentaje de mujeres en la Cámara baja del Congreso, según datos de la Unión Inter-Parlamentaria. De 50 estados, sólo 6 son gobernados por mujeres, y de 100 senadores, sólo 20 son mujeres.

Los primeros ejemplos internacionales de líderes mujeres en la política moderna, al igual que en Estados Unidos, son derivaciones de vínculos familiares.

La pionera del Partido de la Libertad de Sri Lanka, Sirimavo Bandaranaike, por ejemplo, incursionó en la política después del magnicidio de su marido, y no sólo se convirtió en la primera jefa de Estado del mundo, como primera ministra, en 1960, sino que obtuvo dos mandatos más, de 1970 a 1977, y de 1994 a 2000. También es la madre de la única presidenta mujer de Sri Lanka, Chandrika Kamaratunga, que ocupó el cargo entre 1994 y 2005.

En 1966, Indira Gandhi se convirtió en primera ministra de la India, la democracia más grande del mundo en cantidad de habitantes.

Gandhi era obviamente la hija del primer primer ministro Jawaharlal Nehru. Gandhi ocupó el cargo hasta 1977 y luego por un segundo período desde 1980 hasta su muerte, en 1984, cuando fue asesinada por sus guardaespaldas. Cuatro años más tarde, en la vecina Paquistán, la hija de otro ex primer ministro se convirtió en la primera mujer en conducir un país de mayoría musulmana.

El ascenso de Gandhi es considerado como un hito en la historia de la mujer en la política. Gandhi se mostró implacable a la hora de ordenar la invasión a Paquistán en apoyo a la creación de Bangladesh y declaró el estado de sitio cuando la agitación social y las acusaciones de corrupción amenazaban con tumbar su gobierno.

Otra líder de estereotipo desafiante fue Golda Meir, primera ministra de Israel cuando estalló la guerra, en 1973. Es famosa por sus lapidarias frases sobre las mujeres en la política.

"La liberación femenina es una sarta de pavadas", dijo una vez. "Los discriminados son los hombres, que no pueden tener hijos."

La "dama de hierro"

Tal vez la líder de guerra más conocida de los últimos tiempos haya sido Margaret Thatcher, la "dama de hierro" británica. Primera jefa de gobierno de Europa, Thatcher declaró la guerra a la Argentina en 1982 por las islas Malvinas.

Mientras era vilipendiada por las clases obreras británicas por su austeridad y conservadurismo económicos, Thatcher fue admirada por su tenacidad en la guerra que ganaron los británicos en poco más de dos meses de conflicto.

Las líderes mujeres luego siguieron por toda Europa: Islandia en 1980, Noruega en 1981, Malta en 1982, Lituania e Irlanda en 1990, Francia en 1991, Polonia en 1992, Suiza y Letonia en 1999, Finlandia en 2000, Macedonia en 2004, Ucrania y Alemania en 2005, Croacia en 2009, Eslovaquia en 2010 y Dinamarca en 2011.

En África, las mujeres ascendieron políticamente como pacificadoras. El ejemplo más prominente es Ellen Johnson Sirleaf, de Liberia, que compartió el Premio Nobel de la Paz de 2011 por sus esfuerzos por sanar las heridas de la guerra civil desatada en su país por su predecesor.

Aunque las líderes mujeres ya no son una rareza en el mundo, los hombres las siguen superando holgadamente en número: para junio de 2016, el 22,8 por ciento de los parlamentarios del mundo eran mujeres, según Naciones Unidas. Hace una década, las mujeres eran el 11,3%.

Traducción de Jaime Arrambide

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