
Voces del más allá, un gran negocio terrenal
Por Mario Diament
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MIAMI.- En estos días, los ángeles parecen estar por todas partes. Uno los encuentra al encender el televisor, en el cine, en la publicidad o encaramados en los títulos de los libros de más venta. Incuestionablemente, el Cielo está en su momento de gloria, y sus fieles emisarios se codean con celebridades, aparecen en algunos de los programas de mayor audiencia de la televisión y convierten en millonarios a algunos inspirados charlatanes.
Para la cultura judeo-islamo-cristiana, el Cielo es el objetivo final, la morada de Dios, el paraíso eterno al que ascienden todas las almas tras su breve estancia terrenal.
Para Hollywood, en cambio, se trata de un lugar más parecido a Chicago o a Denver, por el que deambulan algunos actores conocidos envueltos en aureolas luminosas e inevitablemente presionados por el reloj celestial que los obliga a regresar.
El cine ha dado algunos ángeles notables como Clarence Oddbody (Henry Travers), el ángel que convence a James Stewart de la inutilidad de suicidarse en "It´s a wonderful life", el clásico de Frank Capra, o como el que interpreta Claude Rains en "Here comes Mr. Jordan", de Alexander Hall, reeditada en 1978 como "El cielo puede esperar", con Warren Beatty y Julie Christie.
Pero en los últimos 18 meses, una avalancha de películas ha recurrido a ángeles con la obvia intención de tratar de producir milagros en la taquilla.
En "Michael", John Travolta interpreta a un ángel bebedor y mujeriego que llega a la Tierra para hacer de cupido a un par de periodistas; en "The Preacher´s Wife", Denzel Washington desciende de la bóveda celeste para ayudar a un pobre pastor de pueblo a reencontrarse con Dios y casi seduce a su esposa (Whitney Houston); en "City of Angels", una pobre remake de "Alas del Deseo", de Win Wenders, Nicholas Cage interpreta a un ángel que se enamora de Meg Ryan, una cirujana agobiada por las dudas espirituales y emocionales.
En la televisión, "Tocado por un ángel" es uno de los programas más exitosos de la temporada y hasta las agencias de publicidad han comenzado a recurrir a imágenes religiosas para vender productos como, por ejemplo, el reciente comercial del aperitivo Campari. Por extraña que parezca, la fascinación de los norteamericanos con el más allá no es meramente un producto bien comercializado por el cine.
En marzo del año último, cuando la revista Time encuestó a 1018 adultos preguntándoles si creían en la existencia del Cielo, el 81 por ciento respondió afirmativamente.
(El 61 por ciento admitió creer también en el infierno, al que muchos visualizaban como un gigantesco horno de spiedo.)
El fin de la muerte
Tal vez sea la ávida necesidad de encontrar algún solaz espiritual en una sociedad altamente materialista, o quizás una obstinada negativa a aceptar la inevitabilidad de la muerte frente a tanta promesa de abundancia, pero lo cierto es que la razón pura no alcanza para explicar el reciente fenómeno de James Van Praagh.
Desde hace unos meses, su imagen se ha convertido en una presencia familiar en el circuito de talk-shows como Oprah, Larry King y Charles Grodin. Las revistas Time y Newsweek le dedicaron sendos perfiles y The New York Times publicó dos notas sobre él en menos de una semana. Su libro "Hablándole al Cielo" es un best-séller absoluto desde hace 15 semanas.
Lo que Van Praagh se jacta de hacer es hablar con los muertos. Lo mismo pretende cualquier médium de barrio, pero en beneficio de Van Praagh hay que reconocer que ha elevado la pretensión a escala industrial.
Sus intensos ojos azules se fijan en el vacío y en un santiamén puede invocar la aparición del espíritu de una niña muerta, del amigo añorado o del esposo perdido. Y las audiencias deliran. Sus promesas de vida eterna y de reencuentro con los espíritus de los seres queridos no se encuadran en un dogma religioso en particular.
Criado en el catolicismo, este ex monaguillo de 39 años, que trabajó un tiempo como guionista de televisión, asegura haber encontrado "la mano iluminada de Dios" a los ocho años, tras orar fervorosamente por una prueba de Su suprema existencia.
"Lo que comencé a comprender fue que la vida era mucho más que lo que se me había enseñado o lo que era capaz de ver a través de mis ojos físicos", explicó durante una reciente visita a la Florida.
Dos tercios de su libro están dedicados a narrar su historia personal y a describir las conexiones que ha hecho con el más allá. La última parte consiste de un programa de seis pasos para controlar el sufrimiento y sobreponerse al dolor.
Cualquiera sea el valor real de lo que hace, su mensaje es, por lo visto, algo que mucha gente quiere escuchar. Quienes están dispuestos a jurar que Van Praagh ha cambiado sus vidas forman hoy una legión. La actriz Susan Strasberg, hija del legendario maestro de actores Lee Strasberg, mantuvo recientemente una sesión con Van Praagh donde - afirma- tomó contacto con el espíritu de su padre y con el de Marilyn Monroe. Van Praagh, por su parte, segura haber conversado también con Rock Hudson y con Liberace, pero nunca con Elvis Presley.
No todos revelan ante el fenómeno la misma credulidad. Michael Shermer, director de la revista Skeptic y profesor de Historia de la Ciencia en el Occidental College de Los Angeles, denuncia los métodos de Van Praagh como "puro fraude" y sostiene que sus métodos son un conocido truco denominado "lectura fría", donde el conductor del experimento dispara una cantidad de preguntas e impresiones destinadas a provocar respuestas que dan al presunto médium datos acerca de la historia personal de los participantes.
Pero Van Praagh se encoge de hombros ante las críticas. Después de todo, quienes hacen una fortuna con los ángeles no pueden menos que creer en los milagros.






