
Yugoslavia está ganando la guerra
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WASHINGTON (The New York Times).- El objetivo militar de la OTAN era claro: "degradar" la capacidad de Yugoslavia para expulsar a los habitantes de origen albano de su provincia de Kosovo.
Vaya degradación. Después de una semana del ataque relámpago contra Slobodan Milosevic para frenar su "limpieza étnica", una tercera parte de la población de Kosovo ha sido expulsada, muchos civiles han sido asesinados y el Ejército de Liberación de Kosovo está diezmado. El indeciso y lento ataque de la OTAN fracasó, y Yugoslavia está ganando la guerra.
¿Por qué? Una de las razones es que la promesa del presidente Clinton, basada en las encuestas y totalmente innecesaria, de no recurrir a tropas terrestres, dio renovados ánimos y audacia al dictador yugoslavo. Otra es que nuestra cautelosamente programada campaña aérea se concentró en las defensas aéreas de Yugoslavia, protegiendo con ello a nuestros pilotos, en lugar de combinar esto con un ataque contra las tropas terrestres.
Ante la realidad de siete días de derrota, la OTAN ahora decidió castigar a Yugoslavia bombardeando edificios oficiales en Belgrado. Eso puede salvaguardar nuestro orgullo, pero una molestia equivalente -una evacuación del Pentágono- no frenaría la capacidad de Estados Unidos de hacer la guerra.
Los ataques cuidadosamente seleccionados contra los cuarteles generales en Belgrado sólo servirán para solidificar el apoyo patriótico de los serbios para Milosevic. También corremos más riesgos al volar más bajo sobre Kosovo. Eso puede destruir 400 tanques y piezas de artillería pesada que ahora están bombardeando pueblos, pero no frenará el éxodo aterrado de una población atacada por hombres armados.
Todo esto deja a Occidente en el clásico dilema de Vietnam: Yugoslavia, la subpotencia, está luchando para ganar, mientras que la OTAN, la superpotencia, está penosamente escalando sus ataques en busca de un acuerdo. Para poner fin a la brutal agresión interna contra inocentes, es preciso romper ese patrón.
Qué hacer
En el frente militar, más allá de ataques aéreos tácticos contra las fuerzas terrestres que arrasan Kosovo, los bombarderos deben oscurecer los cielos de Belgrado. La destrucción de las fuentes de energía alteraría las comunicaciones militares y recordaría a los triunfantes líderes yugoslavos de las penalidades humanas que les están siendo infligidas por sus órdenes contra los kosovares.
Después, debemos hacer blanco en las plantas industriales en torno de Belgrado y Mis y hundir todas las embarcaciones yugoslavas.
¿Tropas terrestres? La perspectiva de soldados norteamericanos que regresen en bolsas de hule es anatema para Clinton, pese a sus amenazas contra el genocidio. Sin su disposición para pedir al Congreso que le permita colocar a nuestros soldados, los europeos e incluso los turcos no se enfrentarán nunca a la nación que luchó encarnizadamente contra Hitler y que frenó a Stalin.
Lo que puede hacerse es amasar una fuerza terrestre cerca de las fronteras de Albania y Macedonia, protegiendo y adiestrando a una fuerza guerrillera del Ejército de Liberación de Kosovo. La sola presencia de cinco divisiones armadas cercanas, preparadas para entrar en acción y bajo la protección de la supremacía en el aire, cambiará radicalmente la ecuación de poder.
Se pueden infligir penalidades económicas mediante el decomiso de activos yugoslavos en todo el mundo para subsidiar el mantenimiento de los refugiados. Puede librarse una guerra psicológica mediante ondas cortas, panfletos e incluso Internet, para que sean recibidos por yugoslavos que hasta ahora sólo están enterados de la propaganda de Milosevic.
En la misma forma en que se abrirán fisuras en la alianza de la OTAN, deben explotarse las divisiones políticas en la solidaridad serbia. En el frente diplomático, olvidémonos de los rusos. Para ellos, mantener Kosovo bajo dominio serbio significa conservar a Chechenia bajo el gobierno ruso.
El interés a largo plazo de Rusia es disminuir a la OTAN: Primakov no puede ser su intermediario.
Nuestra meta política previa de un Kosovo autónomo bajo soberanía serbia ha sido superada por las atrocidades. Retiremos de la mesa de negociaciones la conciliadora oferta que hicimos en Rambouillet. Los aliados deben ahora exigir una Kosovo separada y estar dispuestos a considerar un plan de partición que permita a Serbia conservar sus sedes históricas más respetadas, pero que una con Albania a la mayor parte de la zona, desde hace tiempo poblada por albanos.
Después de estos primeros días victoriosos, Milosevic no querrá siquiera oír esta oferta. El ha visto lo que no le ha ocurrido al Irak de Saddam y, lógicamente, da por sentado que nada le pasará a su Yugoslavia. No hemos alcanzado siquiera el fin del principio.
Pero, después de bombardeos estratégicos y tácticos sostenidos; después de un bloqueo económico y el decomiso de activos que presionen a sus partidarios políticos; después de amasar las tropas en las fronteras que protegen a los buscadores de venganza, y que bien podrían hacer avanzar sus tanques para proteger los refugios de inocentes... Después de todo eso, a medida que las muchedumbres que ahora aclaman en las calles de Belgrado empiecen a quejarse de la escasez y el aislamiento, el conquistador de una Kosovo desarmada quizá se sienta inclinado a intercambiar un poco de tierra por paz con Europa.


