100 años de la muerte de Verdi
El célebre compositor italiano, cuya obra fue tildada de populista en su tiempo, hoy será homenajeado en todo el mundo
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El autor de muchas de las óperas italianas más salientes del siglo XIX ("Il Nabucco", "Aida", "La traviata" y "Otello", entre sus veintiséis títulos) nació el 10 de octubre de 1813 cerca de Busseto, provincia de Parma. Rechazado en el Conservatorio de Milán, a los 19 años comenzó a estudiar con Vincenzo Lavigna. Su primera esposa fue Margherita Barezzi; la segunda, la cantante Giuseppina Streponi. Aun reconocido en vida como gloria artística nacional y símbolo de la reunificación de Italia, se enfrentó con críticos que empeñosamente lo tacharon de vulgar. Su última creación, "Falstaff", la compuso cuando tenía casi 80 años. Como consecuencia de una apoplejía y después de haber pasado una semana en coma, murió el 27 de enero de 1901 en el Hotel et Milan, de esa ciudad, en la habitación 105, que desde entonces se conserva intacta. Dos artistas italianos, el escritor Alberto Bevilacqua y el director de orquesta Riccardo Muti, evocan al gran compositor.
Riccardo Muti afirma: "Verdi es algo todavía por descubrir". Y agrega: "Incluso la así llamada "bandita" no existe, porque es sólo una mala interpretación de signos escritos que hacen aquel "zum-pá-pá" del que lo acusan los alemanes, y del cual deberían empezar por avergonzarse ellos: no logran entender que si esa misma notación llevara la firma de Mozart la harían sonar de otra manera". En 1887 Blanche Roosevelt escribía: "Milán estuvo siempre destinada a ser la escena de los mayores triunfos de Verdi, pero también de sus más grandes humillaciones. El propio compositor ponía el dedo en la llaga: "¡Es algo bastante singular esto de que un Autor (sic) siempre tenga que verse trastocado en sus ideas y alterado en sus concepciones! Cada uno pretende introducir una duda y así es como el Autor, respirando mucho tiempo esa atmósfera de dudas, a la larga, no puede evitar ser perturbado en sus convicciones y terminar por corregir, por adaptar y, diría mejor, por arruinar su trabajo".
Una vez Mascagni le preguntó si los críticos lo trataban bien. Y Verdi, con una sonrisa melancólica, exclamó: "¡Eh, querido Mascagni, para ser apreciados y queridos necesitamos llegar a viejos!" Mascagni comentó: "No fue una sentencia, sino un recuerdo de su crónica personal". Una crónica que incluyó también a "Il trovatore".
Contra la vaga acusación de que Verdi no sabía expresar la vida verdadera en clave metafórica, hace veinte años escribí un ensayo para una publicación de La Fenice con el fin de demostrar que "Il trovatore", precisamente, no trasunta un populismo abstracto, genérico, sino el espíritu de una comunidad padana (de la región del Po) en la cual se hundían las raíces del maestro: Parma, con su barrio de Oltretorrente; las páginas de Salimbene de Adam, con su "Chronica"; Benedetto Antelami con sus mágicos Meses del Baptisterio románico, y el Po, en fin, donde vivieron los "Striones" y las "Strionas" azucenas (existía, en efecto, la comunidad de La Leggera, constituida por brujos y brujas que practicaban ritos que más tarde reencontré en Oriente, en particular en el Tíbet y Buthan). Muchos oltretorrentinos son de origen español, descienden de los cantores itinerantes que los duques convocaban para que, con su inspiración artística, divirtieran a la corte. Mi madre, por ejemplo, tiene ese origen y se llama Cantadori, un apellido bastante cercano a "El trovador", del español García Gutiérrez, del que Cammarano extrajo el libreto de la ópera verdiana. La "pira" es un símbolo totémico, no un aria para oídos fáciles. ¡Pero... vamos!, me responderían; ¡si Verdi no se inspiró nunca en temas de su tierra! Superficial reacción de quien, aun siendo un seguidor asiduo del maestro, continúa ignorando ese aspecto.
Cuántas pruebas podrían esgrimirse. Una que vale por todas: la invocación de la sacerdotisa que se eleva del templo de Isis, en "Aida", en la límpida noche de luna en las riberas del Nilo ("O tu che sei d´Ossiride / Madre immortale e sposa..."), nace de la cantilena del "paita" popular del vendedor de peras asadas del Oltretorrente, que repetía a modo de estribillo su cadenciosa oferta: "¡Calentitas las peras cocidas, calentitas!" Se pueden rastrear las notas de Verdi sobre el particular, o el testimonio de Stefano Sivelli, que intervino en la ejecución de "Aida" en El Cairo en calidad de maestro de orquesta.
El nombre del enemigo
Dos nombres se destacan en la multitud de enemigos de Verdi. El primero es el de François-Joseph Fétis, musicólogo, pedagogo y compositor, considerado uno de los máximos historiógrafos musicales de su tiempo. En 1850 escribió virulentos artículos contra Verdi en la Revue et Gazette Musicale de Paris. El maestro escribió, a propósito de esto, a Giovanni Ricordi: "La actitud es indecorosa, jesuita, infame. Me acusa de falta total de originalidad y de ideas... ¡Los gritos! ¡Buen Dios! ¡El paladín de Halévy, de Meyerbeer, me acusa a mí de gritar! ¡Un poco de pudor, señor Fétis! Además es falso que yo encuentro el efecto sólo en los gritos. No sé si el Duetto y el Sonnambulismo de "Macbeth" (sic) son bellos, pero sé que producen un efecto poco común, porque en ninguna época ha sido común repetir un pasaje tres y hasta cuatro veces. Y bien: ¿dónde se grita? ¿Y el Ave María (de "I lombardi") y el Duetto de madre e hija de la "Miller"?
Pero el juicio que más lastimó a Verdi sigue siendo el de Maria Luigia de Austria, ¡ay!, justo ella, hacia quien los parmenses cultivaron un culto especial. He aquí las frases, como un sello de fuego: "Bellini gusta siempre, mientras que Verdi pasará. No os asombréis, parmenses, de mis sentimientos por Verdi. Tiene talento, pero poca escuela; en cambio, ya veremos nacer un genio que conducirá la música por una vía distinta, más científica. Lo importante es encontrar la inspiración de la vida eterna".
El tormento interior
Creo que Riccardo Muti es el maestro que ha comprendido mejor el tormento interior de Verdi, las injusticias, el rigor de sus ideas. A Muti lo vemos reflejado en una nota de Jules Claretie, que retrata a Verdi durante un ensayo de "Don Carlo" (1867): "El oído en él se ha duplicado, triplicado, interroga todo, en esa armonía estentórea es capaz de atrapar la nota más leve, escucha a un tiempo a los coros y a los bronces, el canto, la orquesta, la escena central, el fondo, pega un salto, estimula entusiastamente a todos esos grupos, exclama: "¡Hay un hueco, allá! ¡Vamos! ¡Pronto!" Se canta en el proscenio, pero es a dos coristas situados en el fondo de la escena a quienes él se dirige: "¡Eh, eh! ¡Sobre esa nota va un acento!" Por un lado: "¡Vamos, rápido!" Por otro: "¡Suave! ¡Con amor!"
Con amor, sí, habría querido ser tratado Verdi. Pero qué difícil fue. Quien haya dedicado una vida al conocimiento de la crónica existencial del maestro ha leído otra nota, firmada por Giovanni Dupré, el escultor a quien se debe la famosa, marmórea "mano de Verdi". Escribe Dupré: "Soy incondicional de sus trabajos. Sus enemigos dicen que como artista es vulgarísimo y corruptor del bel canto italiano". La sorpresa sobreviene en el momento en que Dupré cita el parecer de un "supremo competidor", ¡el honesto y nada envidioso Rossini! "Para criticar a Verdi -dice la cita- necesitarían a dos escritores italianos de música que escribieran mejor que él. Pero en la medida en que estos compositores italianos mejores que él todavía están por venir, hay que contentarse con su música, aplaudirlo si la hace bien, y protegerlo fraternalmente en caso de que se crea que puede hacerla mejor". En una continua lucha fratricida entre rivales, almas como las de Rossini eran moscas blancas en esta nuestra tierra.
El autor es uno de los escritores italianos más reconocidos de la generación de posguerra. En 1968 obtuvo el premio Strega con "El ojo del gato".
Homenaje globalizado
En Italia
- La Scala de Milán se trasladará a la basílica de San Marco, para interpretar la Misa de Réquiem. La dirección del Coro y la Orquesta de la Scala será de Riccardo Muti.
- En Parma comienza esta noche un Festival Verdi también con el Réquiem, en una función a la que asistirá el presidente italiano, Carlo Ciampi.
- En la ciudad natal de Verdi, Busetto, se representará "Aida", con puesta de Franco Zeffirelli. La función será transmitida en directo para toda Italia a través de la RAI.
- La Opera de Roma también se traslada, en este caso a Santa Maria in Trastevere, para interpretar el Réquiem, con la dirección de Gianluigi Gelmetti. La obra sacrá podrá escucharse en las ciudades de Trieste y Parma, en este último caso por la Orquesta de la RAI, dirigida por Valery Gergiev.
Resto del mundo
- El Metropolitan Opera House de Nueva York programó para hoy una nueva función de "Aida", con Luciano Pavarotti, Olga Borodina y Deborah Voigt como principales protagonistas.
- En la Opera de Viena subirá a escena esta noche "Otello", con el tenor argentino José Cura como protagonista.
- La Deutsche Opera de Berlín y la Royal Opera House de Londres coincidieron en homenajear al compositor italiano con una representación de su última ópera: "Falstaff".
- El Réquiem se escuchará interpretado por la Filarmónica de Berlín, con la dirección de Claudio Abbado, en el Teatro Real de Madrid; la Opera de Colonia, Alemania; la Bayerische Staatsoper, de Munich; la New York Grand Opera, y la Opera de Marsella, entre otros.
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