
El estadio de River se convirtió en la nueva meca del rock de acá. Grandes visitas y el rock como negocio... millonario
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Había una vez un lugar que era "el" lugar: el espacio mitológico que aseguraba cualquier consagración. Se llamaba Obras y, si tocabas ahí, flaco, tu banda lo había logrado. De algún modo sigue siendo así, pero a esta altura habrá que entender que a pocas cuadras, el estadio más grande reclama su valor simbólico: "Hacer un River".
También hay razones estructurales. El gerente general de River, Alfredo Wodtke, las enumera con orgullo: “Los grupos argentinos y extranjeros eligen tocar cada vez más en nuestro estadio porque es el más importante del país y el de mayor convocatoria de público. Además, su infraestructura se readapta permanentemente, cumpliendo las normativas legales y los requerimientos de las productoras”. Un River con 60 mil espectadores equivale a seis fechas en el Luna Park o doce en el lugar-anteriormente-conocido-como-Obras, rebautizado Pepsi Music.
Las últimas bandas nacionales que lograron llegar al Monumental tienen que congeniar su “ética y estética pyme” –marca de estilo y filosofía de vida– con la lógica mercantil de productoras y sponsors. De forma progresiva pero inteligente, las partes se adaptaron mutuamente. Pocho Roca, representante de Los Piojos, explica: “Al ser independientes, las productoras no nos pueden imponer nada con lo que no estemos de acuerdo arriba del escenario. Nos apoyamos en ellas solamente para las cuestiones organizativas”. Y agrega: “Por razones de esfuerzo y de no subirse tantas veces al escenario preferimos hacer un River y no ocho Luna Park”. Los Piojos llevaron 70 mil personas en diciembre de 2003.
Bersuit pisará River el 28 de abril. Su manager Cristian Merchot trata de restarle el valor simbólico que inevitablemente tiene para los fans y para el rock local, pero confiesa: “Nuestra idea siempre es tocar indoors, pero apareció esta propuesta de Pop Art y esta vez no queríamos engancharnos con un montón de shows. En Buenos Aires no conseguís lugares para más de 10 mil personas. Para tocar en el Luna Park, si no estás con dos productoras atrás, no te atienden el teléfono”.
Daniel Grinbank, artífice de los shows de los Stones y U2 durante 2006, más Waters y The Who en 2007, asegura: “River es el lugar más cómodo para trabajar, principalmente porque –salvo en megaproducciones– no entrás con el escenario al campo de juego y permite armar y desarmar con más tiempo. Como es el de mayor capacidad, da lugar a mejores recaudaciones. Y hay una mayor predisposición de los sponsors para apoyar eventos en el Monumental, porque les da una sensación de estar jugando en otro nivel”.
Muchos productores aseguran que organizar un megashow es una apuesta resbaladiza en un mercado que puede ir a pérdida si los cálculos no están bien hechos. Según Wodtke, el monto para alquilar el estadio tiene “un piso de 150 mil dólares”. Los empresarios del rock son herméticos para las cifras, aunque Grinbank admite: “Los costos son tremendos por lo devaluada que está nuestra moneda. La industria discográfica casi no existe como aporte a los tours. River es un estadio muy grande y es un riesgo si no tenés una buena convocatoria”.
Así, la necesidad de recurrir a megasponsors es cada vez mayor para generar un piso que asegure la difusión y, sobre todo, contrarreste el abultado costo en dólares de la contratación de los grupos. Movistar, Nokia y Visa, patrocinantes de cuatro shows de River en 2006, habrían aportado, según fuentes de la industria, al menos medio millón de dólares cada uno. Merchot diagnostica: “El rock está creciendo. La ilusión de los productores es que los estadios se sigan llenando”. Aunque a veces –pocas– los números también ceden frente a la tentación simbólica. Como en el caso de hacer un River: “Elegimos River porque queremos darle algo distinto a la gente. Para el pibe que iba a Cemento y lo veía al Pelado sentado y tambaleando, ahora no puede creer verlo gordo y saltando… Tocar en River es otra cosa… Para nosotros, una apuesta”.






