A 40 años de los shows en Obras que unieron a Serú Girán y Spinetta Jade

Una nota de tapa de la revista Hurra en 1980 planteaba una "división antagónica" entre Charly García y Luis Alberto Spinetta. Los músicos reaccionaron uniendo fuerzas y en septiembre de 1980 realizaron durante un fin de semana cuatro conciertos en el estadio de Obras Sanitarias
Una nota de tapa de la revista Hurra en 1980 planteaba una "división antagónica" entre Charly García y Luis Alberto Spinetta. Los músicos reaccionaron uniendo fuerzas y en septiembre de 1980 realizaron durante un fin de semana cuatro conciertos en el estadio de Obras Sanitarias Crédito: Gentileza Juan José Quaranta
Oscar Jalil
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11 de septiembre de 2020  • 19:50

El dibujo de tapa del primer número de la revista Hurra muestra una caricatura de Charly envuelto en una llamativa melena rubia. Por encima del dibujo firmado por Andrés Cascioli aparece un anuncio boxístico: "Charly García vs Louis Al Spinetta" (sic). Más abajo, el título principal lanza un interrogante envenenado: "El rock es un partido de fútbol?". Es julio de 1980 y el efecto deseado por la flamante publicación de Ediciones de la Urraca, matriz de la exitosa y valiente revista Humor, desata la polémica. La nota de análisis realizada por Eduardo Mileo puntualiza sobre "el estado actual de cosas en que se mueve el movimiento de rock nacional". Otro dibujo de Cascioli para ilustrar la nota de Mileo agrega imágenes a la controversia: Charly tiene puesta la camiseta de Boca y Luis está con la de River. No califica que ambos sean hinchas del club de Núñez porque en esas páginas se juega otro partido. Y como si esto fuera poco, el debut editorial de Hurra también incluye una extensa y muy favorable entrevista al líder de Serú Girán. El impacto del artículo que planteaba una "división antagónica" entre los máximos representantes del rock argentino acusó recibo y provocó la reunión de Spinetta y García junto a sus respectivas bandas durante cuatro noches inolvidables en el estadio de Obras Sanitarias.

La portada de la revista Hurra en su edición de julio de 1980
La portada de la revista Hurra en su edición de julio de 1980

Los afiches anunciaban dos shows en el estadio de Avenida del Libertador, pautados para el viernes 12 y sábado 13 de septiembre. Las entradas volaron rápidamente y la producción agregó dos fechas más, una segunda función para el día sábado y la última programada para la noche del domingo. En total, más de 20.000 personas asistieron a los shows en Obras Sanitarias. Serú Girán vivía un gran momento creativo. A punto de editar Bicicleta, casi nadie recordaba los tiempos de rechazo que sufrió el supergrupo de Charly, David Lebón, Oscar Moro y Pedro Aznar. El éxito y la contundencia de La Grasa de las Capitales despejó los malos augurios. Spinetta, en cambio, llegaba a Obras con una banda nueva y aún sin disco en la calle, las canciones del futuro Alma de diamante tuvieron su estreno casi oficial durante esos shows. Jade, la banda de Luis, era una auténtica escuadra de notables: Pomo, Juan Del Barrio, Diego Rapoport y Beto Satragni imponían un sonido más cercano al jazz-rock frente al poder eléctrico y adhesivo que inspiraban a las canciones urbanas de Serú. La alianza funcionó a la perfección pero el rebote de la nota que produjo el milagro de la reunión tardó mucho tiempo en disiparse.

De un modo entusiasta, Eduardo Mileo llevaba al plano ideológico el análisis del rock argentino. No hay que olvidar que en 1980 la dictadura militar llevaba cuatro años dirigiendo con puño criminal los destinos del país. Desde algunas tribunas de pensamiento, el compromiso artístico jamás se podía mezclar con la frivolidad. Todavía en ese momento, algunos periodistas no le perdonaban a Charly su presencia un año antes en el programa de Mirtha Legrand. "Mileo dividía a nuestro rock en tres vertientes: el clan García por un lado, la corriente Almendrística que recientemente se había reunido y un tercer movimiento dominado por el grupo M.I.A, abanderados de la independencia en la música popular argentina", dice Roque Di Pietro, autor del imprescindible "Esta noche toca Charly". En la nueva edición extendida del libro que recorre los recitales del músico, Mileo habla del episodio García vs. Hurra: "Esa nota, de algún modo, es un malentendido. No hace mucho volví a leerla y no estoy de acuerdo para nada con eso que escribí. Es algo que pensé en un momento y ya no pienso. Incluso me han invitado a charlas para hablar sobre esta nota y desistí de ir porque yo ya no pienso de esa manera, hay una posición ideológica allí que ya no defiendo. En su momento causó revuelo porque fue muy radical, fue como transpolar al rock toda la cosa revolucionaria que había sido destruida por la dictadura, una especie de salvación por otro lado".

Todos los shows de Obras arrancaron con los acordes de "Que ves el cielo", la preciosa melodía de Invisible incluida en El jardín de los presentes. Escuchar aún hoy las grabaciones piratas que retienen esos instantes es un ejercicio a favor de emociones genuinas. Primero Luis, luego se une Charly, abajo una guitarra Ovation y un piano sostienen la inédita experiencia de escuchar las dos voces al unísono. Acto seguido, la emotiva versión de "Cuando me empiece a quedar solo", un tema de Sui Géneris a cargo de Spinetta. Luego cada banda toma el escenario y realiza su show con algunos cambios en las listas de temas de las cuatro funciones. Por un lado, Serú Girán y la enorme presencia de David Lebón, un ex Pescado Rabioso en estado de gracia para recrear "Música del alma". Nunca faltaron "Frecuencia modulada", "Perro Andaluz", "Viernes 3AM", "Canción de Hollywood" y "Noche de perros", entre otros. Jade tocó casi completo Alma de diamante y contó con la participación de Gustavo Bazterrica en "Viento Celeste". Pero lo más importante llegó sobre el final cuando los diez músicos unidos en una especie de ensayo general para Las Bandas Eternas interpretaron "Cristálida", aquella vieja y monumental invención orquestal de Pescado 2. El final es rock argentino de cosecha única: suena "Despiértate Nena". "Todo Obras de pie, bailando al compás del viejo rock nacional, tocado por esta gente que no parece estar demasiado peleada ni distanciada, ¿no?", escribe César Nieszawaski en el número 51 de la revista Expreso Imaginario de octubre de 1980.

A la distancia, es posible encontrar visos de verdad en algunos planteos de Mileo y también hay que reconocer que gracias al atrevimiento del joven periodista se llevó a cabo una reunión que un tiempo antes era impensada. Es cierto que hay diferencias notorias en las miras artísticas que cada músico eligió. La idea de ampliar los límites de masividad que marcaron la trayectoria de García, por ejemplo, tiene pocos puntos de contacto con los criterios adoptados por Spinetta. Más allá de las singularidades, cada uno estuvo atento a los movimientos del otro. "Siempre se relojearon, se admiraron, se escucharon y me parece que eso ocurrió hasta la muerte del Flaco. Eso nunca terminó", dice el periodista y escritor Mariano del Mazo. El autor de Entre lujurias y represión, el exhaustivo retrato de Serú Girán, prefiere pensar al binomio clave del rock argentino como una traducción criolla a los antagonismos propios de la relación Lennon-McCartney. "Competían, se mejoraban y se perseguían y estaban muy atentos a eso. De hecho hay escenas de celos claras: cuando Aznar tocó con Jade no le gustó nada a los Serú, celos siempre hubo pero había mucha, mucha admiración y también mucho cariño", dice Del Mazo y en parte sella esa vida en común que nunca alcanzó el nivel de una obra compartida, solo "Rezo por vos" queda como una ínfima muestra de lo que pudo ser. "Le hice una nota a Charly poco después de la muerte de Luis. En un momento hablamos de Spinetta y se le volvió muy sombrío el rostro, luego me dijo una frase que no me la olvido más. Dijo: 'me tendría que haber tocado a mí. No puedo entender cómo murió Spinetta: me tendría que haber tocado a mí'. Hay mucho cariño en esa frase".

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