Adriana Varela, voz para los tangos reos
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Recitales de Adriana Varela junto a Bernardo Baraj (saxo y flauta), Walter Castro (bandoneón), Marcelo Torres (bajo eléctrico, Hernán Possetti (piano) y Esteban Morgado (guitarra, arreglos y dirección musical). Sonido:Marcelo Montes-Claudio Mombelli. Luces:Marco y Jorge Pastorino. Producción general:Nueva Dirección en la Cultura. Teatro de la Comedia.
La bella Adriana vuelve esta vez -como hace cinco años, cuando nacía a la popularidad- a un reducto de la ciudad. Y lo hace con un grupo que se ha consolidado en su estética.
El regreso de Adriana es para ratificar una vez más, si cabe, su estilo, atado al carro triunfador de Roberto Goyeneche.
Pero vale preguntarse otra vez cuál es la real ligazón artística, la empatía estilística de Adriana Varela con el cantor Roberto Goyeneche.
Nadie podrá dudar del verdadero sentimiento de admiración que supo despertar en ella el arte canoro del querido Polaco, convertido por pura casualidad en su padrino artístico.
Pero una cosa es el entusiasmo y otra muy distinta la elaboración de un estilo apoyado en un modelo.
Adriana Varela ha tomado del último Roberto Goyeneche el contorno. Sobre todo el fraseo epigramático. Pero ha olvidado la sustancia, el meollo, la nuez del Polaco.
Ha olvidado que en ese fraseo asmático, por pura falta de fiato (de aliento pulmonar), Goyeneche entregaba, aunque hecha girones, su alma entera. Goyeneche cargaba en sus postreros hilos de voz, toda la emoción que cabe en las letras del tango. Porque comprendía el peso de cada palabra, de cada metáfora, de cada hallazgo poético. Y además respetaba y rendía culto con devoción y fidelidad a la línea melódica, que es el exacto correlato del verso.
Un estilo que no cambia
Aunque se explote con sagacidad de mercado su agraciada figura de mujer, Adriana aparece en el teatro de la Comedia con un discreto atuendo que esconde sus atributos, y una aún más discreta irrupción por escena que elimina los golpes de efecto.
Bastan los primeros tangos "Soledad", "Anclao en París" y "Desencuentro" para constatar que ella no ha cambiado en un ápice el estilo que le ha dado tanto rédito, sobre todo entre la gente joven mas cerca del rock que del tango.
Cada tema encaja en un solo y único formato de expresión, siempre impregnado del decir del tango reo.
A esta altura sería arriesgado precisar si Adriana Varela acusa problemas de fiato o es que ha decidido imponer un estilo sucedáneo del de Roberto Goyeneche.
Lo cierto es que, indefectiblemente, Adriana decide cortar las frases poéticas y las frases musicales en pequeñísimos trozos que reciben un decir enfático, muy cercano al del recitativo y bastante alejado de las vibraciones que producen emoción.
No vale la pena dar ejemplos. Basta decir que la imposición de un esquema, de un molde rígido para todos y cada uno de los tangos, crea la presunción de que se ha echado mano de la pura fórmula, como un latiguillo, lejos del contenido.
Pese a todo, la voz ronca de auténtico barítono que esgrime Adriana, no desafina, es agradable y se enriquece con matices. Además sabe compensar la falta total de vibrato con pequeñas apoyaturas que sí son un encanto de su propia cosecha.
Aunque se incline por los tangos reos sin duda ha elegido muy bien su repertorio para salir airosa.
En cuanto al grupo que preside Morgado, elaboró muy buenos climas mediante solos, dúos o tríos instrumentales que dan categoría a la propuesta.
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