
Agresti, impersonal y sin nervio
"Una noche con Sabrina Love" (Argentina/2000). Presentada por Buena Vista. Dirección: Alejandro Agresti. Fotografía: Arnaldo Catinari. Música: Paul M. van Brugge. Guión: Alejandro Agresti, basado en la novela de Pedro Mairal. Intérpretes: Cecilia Roth, Giancarlo Gianini, Norma Aleandro, Tomás Fonzi, Julieta Cardinali. Duración: 100 minutos. Para mayores de 13 años, con reservas. Nuestra opinión: regular .
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La literatura, en términos cinematográficos, es siempre una excusa. Más allá de los méritos o deméritos de la novela original (de Pedro Mairal) en que se basa el nuevo film de Alejandro Agresti, queda una certeza: la historia sencilla, nada pretenciosa, era ideal como punto de partida para un film. Ideal incluso para que el creador de "Buenos Aires viceversa" la rearmara a su antojo y la cargara con su característico grotesco personal. La anécdota -un adolescente viaja desde el interior hacia la capital, tras ganar un concurso, para pasar una noche con una estrella porno local- favorecía también múltiples atajos argumentales y personajes atractivos.
Pero por alguna razón "Una noche con Sabrina Love" es, sin duda, la obra menos personal del director. La narración avanza a un ritmo monocorde, sin sobresaltos. En vano se aguardan los exabruptos urbanos a que nos tiene acostumbrados, su desprolija potencia fílmica y otros rasgos que ya son una marca de estilo.
Con sus propias ideas
Es la primera vez que el director, que suele trabajar sus propias ideas argumentales, adapta una novela ajena (el único antecedente era un cuento: "Luba", de Ricardo Piglia). En un posible intento de apropiación personal, Agresti modifica los sucesos de la novela original, aunque sin demasiado éxito. La contraposición del joven provinciano y el cínico y ridículo mundo de la pornografía, por ejemplo, termina desdibujándose a base de didactismo.
Si el itinerario de Daniel Montero (Tomás Fonzi) desde su Curuguazú natal hacia Buenos Aires se presenta como el viaje iniciático de un Ulises adolescente, la historia pronto deja de lado la promesa de road movie criolla. El personaje no tardará en llegar a Buenos Aires, sin haber recolectado demasiadas proezas en el camino. Se encontrará con su hermano (que es homosexual, aunque él no lo sabe), que vive en la capital con una mujer mayor y que ignora la muerte de los padres.
Conocerá en una bailanta a una chica que lo seduce (Julieta Cardinali) hasta que por fin logra cumplir su cita con Sabrina (Cecilia Roth), bajo la pétrea mirada de Giancarlo Giannini, productor y amante de la diva porno. Habrá tiempo para el reencuentro con un poeta campero extraviado en la ciudad (Mario Paoletti) y también una reunión grupal noctámbula en una milonga, seguramente pensada para el mercado extranjero.
La puesta en escena es aceptable y prolija (un adjetivo que evidentemente no le sienta bien a Agresti), y algunos momentos cómicos logran su objetivo (el argumento de película porno que Sabrina le cuenta a Daniel es una parodia efectiva). Pero la debilidad central del film no se encuentra en las peripecias, sino en los seres que deambulan por la cinta con convicción mínima.
Sus pequeñas frustraciones nunca logran resolverse. Son personajes blandos, indefinidos, con estados de ánimo contradictorios hasta la exasperación. Así Cecilia Roth, a pesar de su evidente oficio, luchará sin éxito por llevar a la superficie a su Sabrina Love, que parece encariñarse con Daniel sin mayores razones emocionales.
O Giancarlo Giannini se verá desaprovechado hasta el patetismo en su papel de productor. En sus escasas escenas, se debate entre la falta de escrúpulos (probablemente), los celos (tal vez), la cobardía (acaso) o algún trauma que al espectador se le escapa. Un error que Agresti se había cuidado bien de evitar en los minutos en que Jean Rochefort hacia su aparición, para robarse la película, en "El viento se llevó lo que".
No puede decirse que "Una noche con Sabrina Love" sea, en sentido estricto, una película buena, mala o regular. Es simplemente una película sin nervio, teñida de comienzo a fin por una cruel indiferencia hacia la vida interior de los seres que intenta retratar.





