
Agudín, entre Basilea y Buenos Aires
El músico argentino dirigirá la Orquesta Sinfónica Nacional
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"La ciudad de Basilea tiene siete orquestas sinfónicas. ¿Hay público para todas? Claro que lo hay, muy activo y entusiasta. ¿Cómo es el estado actual de una sinfónica en una ciudad de Suiza? Musicalmente, una ciudad suiza es igual que cualquier otra, más grande o más chica. Los problemas de sus orquestas no son distintos a los de otras. Pero, por otra parte, no hay dos orquestas iguales. Cada una tiene su personalidad, sus rasgos, sus tics, su perfil. Y no escapan todas al cambio renovador de las sinfónicas europeas y norteamericanas."
Después de haber tenido una charla de un par de horas con el porteño Facundo Agudín (45), hijo del prestigioso profesor de física nuclear Jorge Luis Agudín, que vive desde 1996 en Basilea, es fácil advertir que no es un director al viejo estilo de los que vienen y se van. Antes de subir a la tarima, recorre un camino empedrado por la información sobre lo que tiene programado y hace una labor exploratoria de los recursos humanos con que cuenta. "Una orquesta no es un aparato, sino una organización formada por organismos vivos y especializados", comenta.
Con la orquesta suiza que dirige como estable, Musique des Lumieres, "mi orquesta"como dice, está protegido por un sistema triple: el estado, una comisión de sponsors y la boletería. Sin embargo, sólo tiene que dar cuenta al compromiso con sus propias convicciones musicales para elegir lo que dirige, sin que esto signifique eludir las consultas.
Sus programas tienen cierto aire intelectual, le digo. O por lo menos, integrados por alguna obra de este siglo o de los anteriores, pero poco escuchada. Por ejemplo, la inclusión de los Cuatro cuadros de Reger, en el concierto de hoy. "No participo de esa visión. Reger es un romántico de raza, una especie de Chaikovski alemán, bien conservador. Su música es mal conocida. Pero el público escucha desprejuiciadamente, con su sensibilidad. No rechaza de entrada. Nuestro primer programa empezará con el Concierto para violín de Elgar, un gran collage de estilos, como que por momentos aparece la influencia de Brahms, Chaikovski y Dvorak. Y con Xavier Inchausti, gran violinista argentino".
Agudin viene no menos de tres o cuatro veces por año a Buenos Aires. Además de dirigir, aquí o en el interior del país, siempre aprovecha el viaje para alguna actividad lateral. En uno de ellos, fundó la institución Ópera Oblicua. En otro integró el jurado que eligió a Inchausti como segundo concertino de la Sinfónica Nacional. Ahora, da un curso para directores de orquesta. El año pasado dirigió una versión del Requiem de guerra, de Britten, que este diario calificó como excelente.
-Usted está muy pegado a la Argentina. Se sospecha que finalmente retornará, aunque sea parcialmente. ¿No será como director estable de la Sinfónica Nacional?
-¿Por qué se le ocurre tal cosa? Nadie me habló de eso.
-No se me ocurre sólo a mí. Razones no faltan. Usted es un conocido apreciado de la Nacional. La dirige con frecuencia. Se trata de una muy buena sinfónica con profesionales de primera, ahora sin director estable y eso no es bueno para una orquesta. Es curioso que nadie se lo haya ofrecido.
Agudín mira su reloj. Han pasado casi dos horas desde que nos reunimos a conversar. Tiene un ensayo pendiente. "Una pena, pero mi tiempo se ha acabado."
Mi espacio también. Hasta pronto, Agudín.
Para agendar
Agudín dirigirá la Sinfónica Nacional hoy, a las 19.30, en la Bolsa de Comercio (Sarmiento 299) y el jueves, a las 20, en el Santuario Jesús Sacramentado (Corrientes 4433). Ambos, con entrada gratuita
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