
Ahora el lobo se viste de niñera
Por Adriana Schettini
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El que siga creyendo que los únicos privilegiados son los niños, estaba mirando otro canal. Quien haya sintonizado anteayer Telefé en el horario de "El show de Videomatch", o Canal 13, durante la emisión de "AgranDADYtos", el viernes último, sabrá que la TV ha decretado la abolición de cualquier prerrogativa de edad.
En la carrera por despertar novedades con más golpes de efecto que buena conciencia, cuando no alcanza con los grandes se echa mano de los más chicos. Así parece razonar la TV. La tendencia a armar programas convocando a los espectadores a pasar del otro lado de la pantalla ha aprobado el examen de la rentabilidad. Los ejemplos son conocidos: el auge de los talk-shows, el buen rating de "Sorpresa y media", el eterno retorno de "Yo me quiero casar", las opiniones de los transeúntes en los programas políticos o humorísticos, la participación en los telejuegos. Pero en la TV toda conquista puede volverse descartable en treinta segundos.
Precavidos, los productores echan las redes al mar de las nuevas propuestas antes de que las antiguas se conviertan en fósiles. Si todo hace suponer que el público se cansará en breve de la remanida cámara cómplice de "El show de Videomatch", hay que redoblar la apuesta antes de que la banca lleve las de perder. A falta de otra idea superadora, el ciclo de Marcelo Tinelli implementa ahora un recurso semejante, sólo que cambiando adultos por niños. Si tanto temen las estrellas de Hollywood a la sombra que puede hacerles el carisma de un niño, no hay que desaprovechar esa materia prima. Y si para cosechar rating es necesario inventar una "bromita para Tinelli" en la que los obligados a sostener una situación mentirosa para salvar al bueno de Marcelo son criaturas, es lo de menos.
La receta es sencilla:se toma a los niños, se los junta con unos simpáticos loritos -se dice que los animales son irresistibles en la pantalla-, se les oculta que están siendo grabados para la televisión y se les dice que cuando venga un veterinario nieguen que el que sacó los loros de la veterinaria es Tinelli. Como esta vez las víctimas de la cámara cómplice son seres humanos muy pequeños, se cuenta con el valor agregado de la inocencia. Una ingenuidad a la que es fácil asombrar haciéndole creer que los loros hablan como los personajes del programa.
Exhibido el shock infantil ante la obligación de mentir y el asombro frente a la locuacidad de los loros, Marcelo confiesa a sus pequeñas víctimas que todo era una broma y les muestra los secretos de la trama. Prolijo, advierte que para realizar el experimento contaron con la autorización de los señores padres. Una cámara cómplice, con padres cómplices de una TV insaciable que paga los favores con viajes. ¿Y quién piensa en los niños? "Videomatch", que les regala juguetes a cambio de la mentira.
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En "AgranDADYtos", conducido por Dady Brieva, nadie les ocultó a los niños que estaban saliendo al aire. Por el contrario, los alentaron a desplegar chillidos, a sostener conversaciones disparatadas, a desesperarse por aparecer lo más histriónicos que les fuera posible, a protagonizar la pantomima de hacerle preguntas a Domingo Cavallo y a decir que "tiene ojos de huevo", porque un toque de desfachatez infantil es rendidor.
"AgranDADYtos": más allá del juego de palabras con el nombre del conductor, el título define el tenor de la propuesta. La exhibición de chicos de cuatro o cinco años, cuidadosamente elegidos y excitados por los aplausos para hacer cada vez más monerías. Lo mismo que hace la TV con los cómicos de poca monta, porque en su afán de igualar hacia abajo la tele es capaz de abolir todos los privilegios. Incluidos los de los niños.






