
Aída Gómez: "Los puristas de la danza siempre tiran para abajo"
La directora del Ballet Nacional de España dice que lo folklórico debe ser renovado
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Hace 13 años nació el Ballet Nacional de España, por resolución del Ministerio de Cultura de ese país. Representante de toda la gama del baile hispano, la compañía fue dirigida en sus inicios por Antonio Gades. Mucha agua pasó bajo el puente desde entonces, en una historia marcada por continuos cambios directivos. Aun así, siguió sin cesar en sus objetivos, aunque la coherencia conductiva fuera su punto flojo. Sin embargo, los nombres míticos y los más rutilantes contemporáneos dejaron su huella en un repertorio que se incrementó con el tiempo y que actualmente está reforzado por el nivel y reconocimiento que el elenco ha obtenido en su no tan larga trayectoria.
Buenos Aires lo conoció a principios de los años 90 con José Antonio al frente del plantel. En su segunda visita al país, los 65 integrantes, entre bailarines y músicos, actuarán del miércoles al domingo próximos en el teatro El Nacional.
La actual directora, Aída Gómez, ocupó ese cargo en 1998, a los 30 años, constituyéndose así en la persona más joven elegida para esa labor. De niña realizó estudios de baile español y de danza clásica con eminentes maestros. Ingresó como bailarina en el BNE (sigla por la que se conoce al Ballet) en 1982, cuando el célebre Antonio Ruiz era guía del plantel. En el diálogo telefónico con La Nación , la voz de Gómez da idea de una personalidad empedernida, de ésas que no se van con vueltas. El talento de esta madrileña no pasó inadvertido y en 1985 ascendió a primera figura. Desde entonces realizó los papeles principales en obras de coreógrafos antológicos, como Mariemma y José Antonio.
-¿Cuál es el perfil que usted quiere del Ballet Nacional?
-Es una compañía que ha pasado por varios directores y cada uno le imprimió su saber y estilo. Todos han hecho lo mejor para el elenco. En mi caso, fue un cambio brusco porque sucedí a tres señoras (Aurora Pons, Nana Lorca y Victoria Eugenia) de una generación muy anterior a la mía. En su momento dieron su experiencia, pero después se desvincularon bastante de la evolución que estaba ocurriendo en la danza, que avanza día tras día. En mí, el cambio fue repentino y no muy fácil de asimilar para una persona de 30 años que estaba en plena actividad como intérprete. Según mis conceptos, la dirección no es solamente manejar todo desde un despacho, sino estar con la compañía como una compañera más. Recuerdo que otros directores durante los ensayos llegaban, hablaban con su asistente y luego desaparecían. No nos enseñaban, excepto Antonio Ruiz y José Antonio.
-¿Cómo lo hace usted?
-Voy a las diez de la mañana y estoy con la gente en la barra; hago mi entrenamiento junto con la compañía, repaso los ensayos e intento estar en todas las clases. Es fundamental no desligarse; quiero trabajar codo con codo. Yo puedo tener problemas específicos de mi labor, pero la compañía no se entera ni de la mitad de lo que tengo que resolver. Ellos están para bailar, y yo para seguir trajinando por un plantel que tiene sus peculiaridades. El Ballet Nacional de España, si bien tengo un convenio en las manos, tiene un comité interno conformado por las cabezas de los distintos sindicatos. No es solamente lo que tú quieres hacer sino lo que puedes, y luchar por conseguir un poquito más.
-¿De qué modo se concilia esta situación?
-Dirijo, pero hay cosas que no puedes hacer a no ser que luches mucho y comprendas el mecanismo. Fue un poco lo que pasó cuando entré. Renové todo el elenco. Necesitaba cambios. Había gente que estaba ocupando puestos y estaban haciendo un tapón para los que venían detrás. Era muy difícil que una niña de 19 años pudiera hacer un papel principal. Entre comillas, digamos que se tenía que morir el de arriba para tener alguna oportunidad. Hoy en día, la premisa es apoyar a la juventud. Hay que dar posibilidades. Luego de esa decisión que tomé, cuando se levanta el telón se ve una compañía vital y fresca. También hubo muchos cambios en lo interno. El equipo de colaboradores, en escala de mayor a menor, empezando por el gerente, fue reemplazado por otro. Es un proceso duro. Parecía que iba a ser muy lento, pero como yo soy bastante cabezona, se dio rápido.
-¿La idea es conservar el repertorio y a la vez, renovarlo?
-Cuando comencé dije clarísimo a la prensa que no quería borrar absolutamente todo lo anterior. Tenía la creencia de que tenía que recuperar todas las cosas tan maravillosas que se habían hecho. Algunas no lo son, pero hay coreografías que por propia voluntad y por formación profesional siento que tengo el deber de cuidarlas. Pero también había que emprender nuevos caminos y proyectos.
-En el nuevo repertorio hay coreografías suyas, ¿le interesa la creación, además de bailar?
-"Silencio rasgado" es un solo que bailo yo. Con música de Jorge Pardo, en directo, es una fusión de jazz, flamenco y danza española.
-¿Hay evolución en la danza española?
-Es verdad que hay puristas que tiran hacia abajo y cuando se quiere avanzar, no están de acuerdo. Hay que tomar el riesgo de cambiar, y si es un fracaso, pues, asumirlo. Mi país no es el de antes. Con lo cual tengo que plasmar en la danza lo que pasa en España y llevarlo por el mundo. No me quedo en la bata de lunares, en el pasado y nada más. Eso es lo que quiero reflejar.
-Usted fue integrante por un tiempo de la compañía de Joaquín Cortes; dictó clases invitada por Maurice Béjart y bailó con estrellas internacionales...
-Sí, pero creo que hay que partir de la base, aunque eres una esponja. Como artista, todo lo que me venga yo lo quiero aprender. Mi raíz es la danza española. Empecé en el Ballet Nacional con Antonio Ruiz, hice junto a Antonio Gades "Bodas de sangre"; he visto el desarrollo de José Antonio. Me fui con Joaquín Cortes de artista invitada. Por supuesto aprendí, no sólo de baile, sino de muchísimas cosas más que quiere ver el público, inclusive respecto de la puesta de luces. En esas cosas también la danza avanza. Y también estuve con Béjart. Lo que se absorbe después fluye. Es importante estar siempre con gente que te pueda enseñar, y a la que tu puedas enseñar.
-La fusión con otras escuelas, ¿es una senda de descubrimiento?
-Partiendo de la base de que somos europeos, y una comunidad, cuanto mayor es el conocimiento del lenguaje dancístico, más puertas serán abiertas.
-¿Le sigue interesando hacer coreografía, o se quiere dedicar más a la dirección y a la interpretación?
-Hago coreografías, porque necesito contar lo que me pasa por dentro y ésa es mi manera. No monto muchas en la compañía porque no creo que sea bueno ser directora y que todo el repertorio tenga mi sello. Tengo ansias de crear porque soy artista, porque soy joven y porque es el mejor camino para expresarme.
-¿Con qué papel se ha compenetrado más?
-Hasta que no los siento dentro mío, somos como desconocidos. Luego, es otra cosa. De cada uno he aprendido mucho y en todos Aída ha aportado algo al personaje, por lo cual son como mis hijitos, y no desecho a ninguno. Cada vez me gusta más que sean parte de mi vida, y me quedo con todos.
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