Cómo un “gótico, un nerd y una puta” de Nueva york regaron con un extraño y glorioso rock de guitarras.
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Los Yeah yeah yeahs no se asustan con facilidad. Los punk rockers neoyorquinos están engullendo un sushi después del ensayo en el Nobu 57 de Manhattan y están visiblemente temblorosos. En pocos días harán su primera presentación en su ciudad natal en más de un año. Están sentados sobre uno de los álbumes más calurosamente esperados de 2006, el sexy, oscuro, enfermizo y grandioso Show Your Bones. Están listos para cualquier cosa. Salvo para Kelly Clarkson, ganadora de la primera temporada de American Idol y estrella vigente de pop chatarra. Ella los asusta.
"Hermano, ella sí que me da miedo", dice Karen O, muñeca de Nueva York y primera voz de los Yeahs. Karen O es una chica ruda, el petardo que conquistó el mundo con medias de red agujereadas, lápiz labial corrido y guantes de cuero, sin mencionar la Corona que usa para las luchas de cerveza con el público. Pero le agarró miedo cuando oyó el hit de Clarkson "Since U Been Gone", que contiene la base de guitarra de "Maps" de los Yeahs (no es un sample, sino una réplica precisa). Karen O dice: "Fue como si me mordiera una alimaña venenosa".
Hace unos pocos años, los Yeahs hacían estallar su ruido de sexo y muerte en bares lúgubres de Nueva York. No tenían precisamente un sonido convencional –el zumbido de guitarra mutante de Nick Zinner, los parches estruendosos de Brian Chase, los conmovedores gemidos orgásmicos de Karen O–, pero el mundo no pudo resistírseles, y la estremecedora balada "Maps" los hizo en estrellas. Show Your Bones es emocionalmente desprolijo, como todo lo demás que hace la banda, pero gloriosamente seguro de sí mismo. Sus diferentes estilos se mezclan: a Chase, de 28 años, le gusta hablar de las nuevas canciones en términos de vanguardistas como John Cage, mientras Karen O, de 27, prefiere definir el álbum como "radical".
Karen O es una de las cantantes más intensas del rock, uno juraría que el diablo le vendió su alma. Fuera del escenario, Karen Orzolek es una persona distinta de Karen O, tímida y de voz suave, pero con la misma actitud desinhibida. Tiende a hablar de Karen O en tercera persona. "Me harté un poco de algunos aspectos de la personalidad de Karen O", dice. "Me puse en el rol de Karen O para explorar esas diferentes partes de mí, toda esa sexualidad, toda esa angustia. Pero al hacerlo, exorcicé algunas partes de mí misma."
Al escuchar Show Your Bones uno puede notar que ella está resistiéndose a la tentación de convertir a Karen O en una caricatura. Pero no es fácil. "Siento como si hubiera salido todas las noches con esa falsa seguridad", dice. "Eso me puso donde estoy ahora, que es la verdadera convicción. Pero eso significa que no puedo volver atrás. Cambié mucho, y no todo llegó conmigo."
Los Yeah yeah yeahs combinan tres corrientes muy diferentes del rock cool de Nueva York: la chica fiestera, el vampiro hosco, el esteta cerebral indie. Zinner, de 33 años, recuerda: "Nuestros amigos de [la banda] Locust tocaban con nosotros, y encontraron a un chico garabateando sobre nuestro póster. Había escrito «gótico», «nerd» y «puta» sobre nuestras caras. Nuestros amigos se sintieron ofendidos, pero para nosotros era gracioso".Zinner y Karen O se conocieron hace seis años en el Mars Bar de la Segunda Avenida, uno de los agujeros más escondidos y húmedos del East Village. Ella tocó unas canciones folky que tenía escritas, y formaron un dúo llamado Unitard, con Zinder en guitarra. "Todo el material era como un lamento gótico acústico para cortarse las venas", dice Zinner con orgullo. "Después Karen dijo: «¡Ey, hagamos una banda de rock & roll!». Y yo le dije, «¿De verdad? Mmmm. Naaaa. ¿Una banda de rock & roll? ¡Eso está pasado de moda!»." En ese momento casi no había una escena rock & roll en Nueva York, ni álbumes de los Strokes ni de Interpol, ni razones para pensar que ser una banda en Nueva York no estaba pasado de moda. Pero ellos lo intentaron igual. Buscaron un nombre, un logo y un puñado de canciones, todo en un par de horas. Su primera grabación, "Bang", era un himno sexual y caliente, con Karen cantando en el estribillo: "As a fuck, son, you suck!" [como polvo, nene, sos un desastre]. Les gustó.
Una noche del otoño de 2000 consiguieron abrir un show para los White Stripes. El baterista de los Yeahs había desertado, entonces Karen O sugirió a un chico que conocía de la facultad. Los Yeahs tocaron sólo cinco canciones esa noche –Chase tomó prestada la batería de Meg White–, pero ninguno volvió a ser el mismo. "La música nos poseyó", dice Chase.
Esta gran energía de los Yeahs en vivo se convirtió en leyenda, gracias al extraordinario carisma de Karen O. Ella recorría el escenario con minifaldas cortajeadas y remeras agujereadas, con ojeras negras, bailando y saltando y conquistando al público. Un crudo EP apenas mostró lo intenso que eran los Yeah Yeah Yeahs. De todos modos, la gente se volvía loca por conseguirlo. Se empezó a correr la voz en todo el mundo, especialmente cuando la gente vio fotos de Karen O. ("Una foto", corrige ella. "La del vestido transparente.") Al principio, Fever to Tell vendió modestamente, pero el video de "Maps" comenzó a circular en internet forzando a la radio a pasarla. La gente estaba hambrienta de una banda como ésta, y "Maps" fue un hit, un gran logro para una bandita noise arty sin bajista y con una cantante descarada. "Hay muuucho amor en esa canción", dice Karen O. "Pero también hay mucho miedo. En ese tema me expuse tanto que hasta me sorprendí a mí misma."
La mística de estrella de rock sigue viva y coleando en las manos de Nick Zinner, ni hablar de su pelo, que perfectamente podría alojar a una familia de murciélagos. En un bar del Bowery, toma café negro y mira a las ratas correr por el suelo. Con sus pómulos delicados y la piel pálida, es como una canción de Nick Cave hecha realidad. La última vez que los Yeah Yeah Yeahs salieron de gira, Zinner fue el que pareció divertirse más: "Yo era el más decadente en el sentido clásico, supongo. No tenía novia, entonces era el que quería que las cosas siguieran después del show, con los excesos tradicionales del rock".
Como Chase, Zinner creció con el metal, atestando su habitación con discos de Testament y Slayer. Lo echaron de un show de los Guns ‘n Roses cuando la seguridad descubrió que lo estaba grabando. "Me quedaba toda la noche despierto y hacía esas grabaciones, en cuatro canales, de mí mismo en la guitarra", dice. "Después las escuchaba al día siguiente y me daba cuenta: «Ah, a ver, éste soy yo tocando una copia exacta del solo de Mick Mars»." De todos los Yeah Yeah Yeahs, él es el que tiene una actitud de mayor desparpajo frente el mundo del pop, el que eligen para que sea DJ en la fiesta. Es la interferencia entre sus compañeros de banda, que son más tímidos. Publicó tres libros de fotografía, toca con su banda metalera Head Wound City y también con Bright Eyes.
"Es bueno tener un poco de aire", dice Chase, mientras mastica tofu al ajo en un bar tai de Williamsburg, en Brooklyn. "Nick y yo vivimos en Nueva York, pero no nos vemos muy seguido. Las cosas que hacemos para divertirnos son otras. Ser DJ en el Tribeca Grand Hotel no es mi idea de un buen momento." Para Chase, su idea de un buen momento es el ruido. Si vas a cualquier show en un sótano de Brooklyn, Chase estará o en la banda o entre el público. Es el núcleo duro de la conciencia indie de los Yeah Yeah Yeahs, el que tiene cero interés en el éxito mainstream. El sigue tocando la batería con la banda de su novia de siempre, Emily Manzo, los First Lady of Cuntry and the Cunts, además de con otros grupos experimentales como los Seconds. Creció en Long Island tocando en "banditas punk de mierda" antes de entrar al Oberlin Conservatory of Music. "La mayoría de las bandas con las que toco son cosas dispersas", dice. "Pero los Yeahs son la emoción pura. Karen es prácticamente una cantante soul."
Zinner y Chase son lo más distinto que dos compañeros de banda pueden ser, pero tienen un interesante tic en común: los dos se ponen locos si piensan que alguien está diciendo pavadas sobre Karen O. Los dos pasaron los últimos años enfrentando a periodistas, la mayoría de los cuales trataron de sacarles información sobre Karen O, y a esta altura ya conocen el truco. Si le preguntan a Chase cómo era ella en la facultad –ellos eran amigos y compartían residencia– él duda y dice que no se acuerda. Parece una mentira poco convincente, pero también es una mentira conmovedora, y parece decir mucho sobre lo que mantiene a estas tres volátiles personalidades unidas.
Karen O es sin duda un alma sensible; no hay que raspar mucho la superficie para ver a la chica hippie que era en la secundaria. Ahora, está tirada en el sillón de un amigo en Chinatown, acurrucando a su gato Coco Beware. Con su corte de pelo a la Dorothy Hamill y su suéter viejísimo, ella podría ser una estudiante cualquiera, aunque peligrosamente enamorada de su gato. Adoptó a Coco Beware el año pasado estando de vacaciones en Chile con un amigo. Estaban en el desierto, bebiendo tequila, y notaron que un gato gris y peludo los seguía. Trataron de ignorarlo, pero el gatito no los dejaba en paz. "Es indestructible", exclama Karen. Saca un pilón enorme de fotos de gatos, buscando su favorita: el paisaje del desierto se parece a la superficie de la Luna, salvo porque se ven dos criaturas vivientes, solas en medio de la nada: Karen O y el gato que la siguió a casa.
Karen O se crió en Nueva Jersey, hija de un padre polaco y una madre coreana. Hace un par de años se mudó a Los Angeles y tuvo una reacción muy hostil, como los Beastie Boys cuando huyeron de la Costa Oeste a fines de los 80. Karen había cortado con el frontman de Liars, Angus Andrew, el novio sobre el que canta en "Maps", y salía con el director Spike Jonze. Cuando se fue a Los Angeles, la ciudad de Nueva York pareció shockeada por la pérdida de su primera estrella de rock nativa en años. Eso la puso triste. "Soy una chica de Nueva York", dice. "Pero por alguna razón tenía que ir a Los Angeles para descubrirlo. Ahí yo era anónima. La cultura de la fama está tan fuera de alcance ahí, que a nadie le importaba si yo estaba en una banda. No conocía a nadie. No tenía vida social. Fue algo totalmente nuevo para mí. Es difícil de explicar, pero esa experiencia me dio mucha confianza. En Chile conocí a una viejita que me dijo: «El desierto es un espejo. Uno viene al desierto para descubrir quién es». Yo sentía que Los Angeles era como un gran desierto." Cuando le preguntan si pensó en actuar, mira como si le hubieran sugerido almorzarse a Coco Beware. "Puaj. No. ¿Por qué lo preguntás? Tal vez haga algo para algún amigo, pero eso es todo. La gente siempre me manda guiones sobre películas de rock, y es lo último ´71ue haría. ¡Esa es mi vida!"
De pronto, el celular de Karen O suena y ella estalla en una risa contagiosa: ríe tan fuerte que casi se cae del sofá. No es el mensaje del teléfono –está llegando tarde al ensayo y los chicos están enojados; nada nuevo– sino que el ringtone es "Beat on the Brat", de los Ramones. Piedra libre. "¿Ves?", dice. "Una verdadera chica de Nueva York."




