
Alberto Lecchi salta del cine a la televisión
Unitario: el director filmó para TV "La sobrina", sobre un cuento de Marcos Aguinis, y habla de su nueva película, sucesora de "El dedo en la llaga", que comenzará en noviembre.
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"Viviría feliz si pudiera filmar constantemente", asegura Alberto Lecchi.
Una variada trayectoria como realizador da cuenta de su empeño por alcanzar ese ideal, aunque el camino no pase exclusivamente por el cine. Sin ir más lejos, esa búsqueda que para él sería algo así como alcanzar el estado de gracia, lo vinculó nuevamente a la televisión _antes había dirigido varios capítulos de "Nueve lunas"_ y está concentrado en la edición de "La sobrina", unitario que emitirá este mes Telefé, dentro del ciclo de especiales sobre escritores latinoamericanos que coproducen la Secretaría de Cultura de la Nación, ese canal y Patagonik Film Group.
Julieta Ortega, Mario Pasik y Mónica Galán son los protagonistas de este programa que Lecchi filmó con prisa y muy pocas pausas durante cuatro días, en exteriores e interiores porteños, para montarlo en treinta y dos horas de acuerdo con las pautas de producción que rigen este ciclo, siempre realizado por directores de cine. Antes, Ricardo Talesnik había adaptado al formato de guión televisivo "Ojos azules", el cuento de Marcos Aguinis que inspiró el unitario.
El resultado es una comedia dramática que, según el cineasta, mantiene un cincuenta por ciento de fidelidad al texto de Aguinis, del que se tomaron la historia y algunos aspectos de los personajes. "Con Ricardo Talesnik elegimos este cuento porque, de los que nos propuso la productora, nos parecía el menos solemne _explica Lecchi_, para despegar de esa idea de que cuando un director de cine hace un unitario, tiene que ser algo de culto. Queríamos hacer algo más divertido y menos pretencioso en cuanto al contenido".
Con algunas pinceladas de humor, la trama se interna en la historia de un señor "de familia bien constituida, que un día conoce a una chica e inicia un romance", según anticipa el realizador. Pero como la joven es de armas tomar, las cosas se complican cuando se entromete en el feliz hogar haciéndose pasar por la sobrina del título. "Es una suerte de "Atracción fatal", pero en clave de comedia", resume Lecchi en el comienzo de una entrevista en la que, además, dio cuenta de sus próximos pasos, orientados a ese norte que le gustaría alcanzar: "filmar constantemente".
-Desde lo formal, ¿qué te atrajo del cuento de Marcos Aguinis para decidir trasladarlo al campo de las imágenes?
-Nos parecía que se podía encuadrar dentro de lo que es un programa de televisión. Por otra parte, sentía que en los protagonistas había un juego de doble personalidad que resultaba muy atractivo. Para entrar en la casa ella tiene que hacerse pasar por una sobrina, en tanto que él nunca había tenido una aventura extramatrimonial y de golpe todas sus teorías se desbarrancan. Eso de manejar cuatro personajes en dos me resultaba atractivo como realizador, era una prueba en la forma de contar una historia.
-¿Qué diferencias encontrás entre dirigir cine y televisión?
-Las diferencias son abismales y las marcan pautas muy concretas. Un largometraje de noventa minutos de duración lo hacés en seis semanas como mínimo, y un programa de igual duración lo realizás en cuatro días. En televisión trabajás con dos cámaras a la vez, en cine es casi imposible _excepto en las secuencias de acción_, porque hay diferentes grados de iluminación y distintos tipos de lentes. Los planos grandes, que en cine pueden ser realmente vistosos y expresivos, en televisión pierden fuerza. En el cine los silencios se valorizan de otra manera. Hay un lenguaje distinto. Lo que tiene que quedar muy claro es que se trata de directores de cine haciendo televisión y no cine para televisión.
-Además del desafío que implica adaptarse al lenguaje televisivo, ¿para un cineasta es una alternativa económica trabajar en televisión?
-Me considero un director con suerte, porque hice dos películas en tres años ("Perdido por perdido" y "El dedo en la llaga"). Al no existir realmente una industria donde un productor tiene una idea y llama al director para que la dirija, sos gestor de tu proyecto: te sentás a escribir un guión, después vas a ver a un productor que sale a buscar la plata, y cuando la consigue te dice que se puede filmar. Este trabajo lleva por lo menos un año y medio. Cuando hacés una película, no ganás para vivir un año y medio sin trabajar.
Entonces, la televisión es una alternativa muy válida en lo económico. También es válida en lo que es la práctica. Todo depende de lo que cada uno quiera. A mí me interesa ser director de cine, viviría feliz filmando constantemente. Es la profesión que elegí y sería bárbaro poder hacer televisión cada vez que no hago cine.
-¿La realización de tu tercer largometraje es todavía un proyecto o estás en vías de concretarlo?
-Por suerte, ya es un hecho. Cuando concluimos "El dedo en la llaga", leí una novela que me interesó, "Pescador y payaso", de Leandro Siciliano. Como sabía que armar aquella película me llevaría tiempo, pensé que adaptar esa novela era una buena alternativa para darle continuidad al trabajo. Los tiempos de fueron alargando, pero acabo de llegar a un arreglo con América Show Business _una empresa de América Dos_ y empezamos la preproducción la semana próxima. La película se titula "El pescador y la rosa" y comenzamos la filmación en noviembre.
-¿Tenés apoyo crediticio del Instituto de Cine?
-Hay un crédito otorgado por el Incaa desde febrero, espero que ahora que empezamos la película se materialice.
-¿Sobre qué trata "El pescador y la rosa"?
-Es una historia muy dura, sobre un asesino serial . Es un thriller que cuenta la historia de un tipo que en su casa es muy normal y que de pronto comienza a encontrar satisfacción matando mujeres. El secreto de la novela y del film es que todo queda impune. Es una película de género muy difícil y distinta. Hay dos películas en este thriller: hay una manera para contar los hechos cuando este hombre vive con su familia y en su vida social, y otra a partir de que enloquece y sale a matar. Me parece un buen desafío para ejercitarse como director.
-Imagino que las páginas de los diarios son en estos días una buena fuente de inspiración, ya que aparecen frecuentemente noticias sobre asesinos seriales, ¿no?
-Sin ir demasiado lejos, ahora el tema está de moda por el caso que investigan en Mar del Plata. Para hacer el guión me nutrí de notas de todo el mundo sobre asesinos seriales y de estudios psicológicos que hay sobre ellos. Nadie sabe por qué un tipo normal un día hace "crash" y empieza a matar. No hay ningún estudio que pueda determinar por qué actúan de esa manera, porque no sólo asesinan, sino que después encuentran satisfacción jugando al gato y al ratón con quienes quieren descubrirlos; entonces comienzan a matar del mismo modo, dejando siempre claves.
-¿El asesino de tu película está inspirado en alguno famoso?
-No. Soy un lector de diarios empedernido y me encanta seguir casos. Este asesino tiene una particularidad que en general no se da. Casi siempre los asesinos seriales tienen muchos problemas en su infancia, con los padres o la madre, hay conflictos edípicos. En este caso, es un tipo que es medio impotente _no quiero dar muchos datos_ y que a partir de eso y de la relación que tiene su mujer empieza a encontrar la satisfacción que da sentido a su vida. No hay en él un modelo clásico.
-¿O sea que a diferencia de lo que ocurría al terminar "Perdido por perdido", en este film el público no aplaudirá al protagonista?
-No, eso seguro que no va a ocurrir, porque es un final muy duro. Incluso la novela empieza con una nota que dice que Vicente Duarte, el protagonista, asesinó a tres mujeres de la misma manera y sus crímenes quedaron impunes. Quiero comenzar la película del mismo modo: la gente sabrá que este hombre asesina y queda impune. Lo que creo que es atrayente para el director es mantener la atención de la gente aun conociendo ese dato. El interrogante de la película es por qué queda impune.
De "Perdido por perdido" a "El pescador y la rosa"
Alberto Lecchi tiene 43 años y lleva dos décadas de trabajo en la industria cinematográfica. Empezó como meritorio, llegó a asistente de dirección y luego de veinticinco largometrajes desarrollando esa función al lado de diversos realizadores decidió que ya era tiempo de dirigir sus propios proyectos.
Primero hizo "Perdido por perdido", un policial con toques de comedia que tuvo buena performance de público. Después filmó "El dedo en la llaga", que sin ser un suceso de boletería atrajo a una respetable cantidad de espectadores. Incursiones en publicidad, videohome y televisión -donde dirigió parte de la serie "Nueve lunas"- completan hasta hoy su currículum.
"Creo que soy un afortunado, no me quejo", reflexiona Lecchi sobre su continuidad laboral. Pero también deja en claro que las oportunidades no le llegan mágicamente. Lo suyo es más que nada prepotencia de trabajo. "Odio escribir, pero lo hago _admite_. Tengo la suerte de que cuando me deprimo, en vez de dormir, escribo". El nacimiento de cada proyecto corrobora sus dichos: "El dedo en la llaga" nació cuando me quedé sin los dos productores iniciales de "Perdido por perdido" -cuenta-. Antes de ese film escribí el guión de "Nueces para el amor". Ni bien terminé, adaptamos "El pescador y la rosa"".
-¿Qué es "Nueces para el amor"?
-Es una historia de amor muy conmovedora, sobre una pareja joven que se conoce en el recital "Adiós Sui Generis". Tiene un trasfondo social muy fuerte, porque todo lo que les pasa está vinculado con las épocas que nos tocaron vivir: la del 75, la del 82, la del 89 y la actual. Estamos negociando la posibilidad de filmarla el año próximo. En España hay productores interesados en este guión.
-¿No te detenés nunca?
-Vivo exclusivamente de mi profesión. Incluso ahora tengo terminado otro guión, una especie de policial que transcurre en el Teatro Colón y que ya estamos negociando. Trabajo todo el tiempo. Escribiendo se gana muy poco y resulta más duro cuando no te gusta. Sin embargo, es la única manera que tengo para concretar nuevos proyectos.
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