
Alicia De Larrocha, de regreso
Recital de Alicia De Larrocha, pianista. Chopín: Nocturno Op.32 Nº 1; Barcarola Op.60; Berceuse Op.57; Polonesa Op.61. Turina: 3 Danzas fantásticas Op.22. Granados: La maja y el ruiseñor; El fandango de candil. Albéniz: La vega; Navarra. Temporada de Festivales Musicales. Teatro Colón. Miércoles 5 de julio. Nuestra opinión: muy bueno.
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Cuando Alicia De Larrocha apareció en el escenario del Colón tras diez años de ausencia, la música hizo contacto con la historia de los recitales pianísticos en Buenos Aires.
Como si viniera de otro mundo, la pianista catalana evocó aquella época casi extinguida, en que la actividad musical giraba en torno de grandes solistas y su irresistible magnetismo, con una lógica interpretativa apoyada en la presencia física del intérprete, totalmente expuesto, sin los avances de información electrónica que hoy ocupan el espacio acústico. De Larrocha es uno de los escasos sobrevivientes, tal vez la única de aquel tiempo. Pero de ningún modo aparece como imagen arqueológica porque despliega un material musical cargado con gran parte de la seducción que el público argentino recuerda de sus anteriores visitas. Sin embargo, como nada dura más de lo que puede durar, algunas de las excelencias que le dieron su gran prestigio han empalidecido.
Una de esas calidades es la sonoridad especialmente rica en color y matiz que obtenía del piano moderno, ahora empequeñecida, con una notoria falta de peso y energía.
Esto se advirtió sobre todo en su Chopín de la Polonesa-Fantasía, algunos momentos de la Barcarola y el Nocturno, aunque mostró que conserva su memorable expresividad en los fragmentos meditativos y melancólicos, como sucedió con su versión de la Berceuse, que fue un modelo de buen gusto y elegancia. Y de tanto en tanto, su legendaria impecabilidad muestra fisuras que supera con su veteranía pianística.
Nada de esto se hace visible cuando toca a sus compatriotas españoles, Turina, Albéniz, Granados. En esa región, De Larrocha recupera sus tan conocidas virtudes, el colorido y sus matices, la rítmica desenvuelta, la gallardía en el fraseo.
Grabaciones que atesoran
Días atrás, en una conversación telefónica con La Nación , la pianista se mostró escéptica frente a la autenticidad integral de los discos. Gran parte del público reunido en su recital tal vez no coincidiera con ella.
Las grabaciones son el banco en que están guardados sus valores más preciados. Sin los discos ya no habría manera de saber cómo era su memorable versión de los Valses nobles y sentimentales, de Ravel; su Carnaval, de Schumann; sus Preludios, de Chopín; sus sonatas de Mozart.
En el reencuentro con Alicia De Larrocha, esos documentos seguramente no fueron olvidados por el público.






