Almodóvar y el fin de la inocencia
"Todo sobre mi madre" (España-Francia-Alemania/1999). Producción de El Deseo SA presentada por Fox. Fotografía: Affonso Beato. Música: Alberto Iglesias. Edicion: Pepe Salcedo. Intérpretes: Cecilia Roth, Antonia San Juan, Marisa Paredes, Penélope Cruz, Candela Peña, Rosa María Sardá, Toni Cantó, Fernando Guillén y Fernando Fernán Gómez. Guión y dirección: Pedro Almodóvar. Duración: 99 minutos. Para mayores de 16 años. Nuestra opinión: regular.
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Hay una escena brillante al promediar "Todo sobre mi madre": en el living de un departamento de Barcelona, cuatro mujeres de muy distintas edades, formaciones y orígenes dejan de lado por unos minutos todas las angustias y las frustraciones que, de alguna manera, también las han unido, y se dedican a comer helado, a beber, a fumar y, principalmente, a reírse de (y con) ellas. Es un momento mágico desde lo cinematográfico, conmovedor desde lo humano, en el que cada una se despoja de sus ataduras, convenciones y prejuicios para ofrecer esas intimidades femeninas que solo pueden ser compartidas entre colegas en el arte de sufrir y gozar la vida siempre al máximo.
En ese momento del film, una celebración mayor de la amistad entre mujeres, el espectador se reencuentra con el viejo (el clásico) Almodóvar: el brillante observador del universo femenino, el artista desenfadado y desinhibido, el gran director de actrices, el talentoso narrador, el escritor de diálogos que son a la vez hilarantes, conmovedores y profundos.
Pero, lamentablemente, el nuevo Almodóvar (el internacional) tiene otras intenciones y, entonces, esa secuencia resulta un espejismo dentro de una película en la que aparece un director cada vez más calculador, reflexivo, adulto (en el peor de los sentidos) y previsible. Un cineasta mundialmente reconocido que, un poco, como ocurrió con el italiano Roberto Benigni, hace y dice lo que se espera de él. Y que, claro, a fuerza de cumplir con el papel que se le ha reservado, cada vez conmueve y sorprende menos.
Convertido en un paladín de la corrección política y de las causas humanitarias (hay aquí didácticas aproximaciones a temáticas como la donación de órganos, las mujeres golpeadas, la problemática del SIDA, el machismo), Almodóvar va perdiendo paulatinamente su encanto, su sensibilidad y casi todas las marcas personales que lo erigieron como el autor indiscutido del cine europeo de los últimos 20 años.
"Todo sobre mi madre", que tiene al comienzo una secuencia muy similar al arranque de "La flor de mi secreto" y una estructura parecida a la de "Mujeres al borde de un ataque de nervios", engloba varios homenajes en uno: es una elegía a las mujeres luchadoras, a la maternidad, a la solidaridad dentro del género y, también al arte de las actrices (no sólo de las profesionales sino, también, de las que actúan en la vida). Es una película sobre la incompletud y el destino, en la que cada una de sus cuatro protagonistas recupera, gracias a las otras, todo aquello que no tiene o ha perdido.
Arbitrariedades y paradojas
La historia, así planteada, tiene un caudal emotivo impresionante. El problema es que rara vez esta acumulación de pequeños y grandes dramas individuales consigue emocionar con recursos genuinos.
"Todo sobre mi madre" es una película plagada de arbitrariedades, concesiones y paradojas. Desde el momento en que los conflictos se desatan a partir de insólitas (y desde todo punto de vista inverosímiles) casualidades que se producen con nada menos que 17 años de distancia, es que la película admite tantos reparos.
Pero lo peor de este Almodóvar reverenciado y premiado en el último Festival de Cannes no es que haya concebido una historia improbable (sus films nunca apelaron precisamente al naturalismo), sino las evidentes contradicciones entre su cine anterior (que se resiste a morir) y el actual (que todavía no consigue plasmar).
En este sentido, "Todo sobre mi madre" resulta, de alguna forma, una película anacrónica. Almodóvar no sólo recupera a Cecilia Roth después 15 de años, sino también al tipo de personajes-límite de sus primeros y casi amateurs films. El problema es que las cuatro criaturas principales de "Todo sobre mi madre" -una madre soltera que pierde a su hijo adolescente, un travesti golpeado (en todos los sentidos), una veterana actriz emocionalmente dependiente de una colega heroinómana y una joven monja de precaria salud que además queda embarazada y es portadora del SIDA- ya no están en medio de la Movida madrileña, ni siquiera en el marco de comedias como "Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón" o "Laberinto de pasiones", sino dentro de una película que se pretende un drama ambicioso, adulto y aleccionador.
En términos de guión, especialmente en cuanto a la evolución dramática de la historia, Almodóvar nunca termina de justificar por qué personajes tan expuestos, curtidos, jugados (y amplios desde lo ideológico) terminan actuando de manera tan pragmática y conservadora.
Para aflojar tensiones
En ese contexto, las bromas y unipersonales que propone el travesti Agrado (convincente caracterización de Antonia San Juan) resultan salpicaduras forzadas, como esas concesiones que el cine de Hollywood hace en medio de las tragedia otorgándole a un personaje (el comic relief ) la misión de suavizar el melodrama.
Como para aflojar tensiones, Agrado se despacha con frases del estilo "lo único que tengo de verdad son los sentimientos y los litros de siliconas que pesan como quintales", mientras que Manuela (Cecilia Roth) también suelta permanentemente definiciones del tipo "las mujeres hacemos cualquier cosa con tal de no estar solas". Todo en un marco de seriedad (por momentos de solemnidad) que exacerba el carácter cada vez más sentencioso de Almodóvar.
El arte de saber llorar
No puede decirse, tratándose de un film de Almodóvar y con actrices de primer nivel, que "Todo sobre mi madre" defraude a nivel interpretativo. Si Roth, Paredes o Penélope Cruz no emocionan como en trabajos anteriores no es por ellas (que dan muestra de su oficio, su técnica y su ductilidad para exponer los dramas de sus mujeres emocionalmente quebradas) sino por las flaquezas y artificialidades de la propia película.
Si se entiende a "Todo sobre mi madre" como el paso previo al desembarco hollywoodense de Almodóvar no extrañan las múltiples referencias al cine, a la literatura y al teatro norteamericanos que hay durante todo el film. Hasta el propio título -como se encarga de aclarar con obviedad el realizador- tiene su origen en "La malvada" ("All About Eve" o "Todo sobre Eva"). Pero no sólo hay citas a Bette Davis o a Truman Capote, sino ¡cinco! escenas de una puesta de "Un tranvía llamado deseo" protagonizada por Huma Rojo (Paredes), a través de las cuales se intentan explícitas vinculaciones y paralelismos con la trama del film. Y, aunque la utilización del teatro (al igual que la ópera) como elemento dramático por parte del cine europeo es algo muy bien visto en los Estados Unidos, aquí por momentos se asemeja más a un capricho, una concesión de Almodóvar. Una más, dentro de una película en las que, lamentablemente, abundan.





