
Amores detrás del telón
Numerosas parejas se formaron en plena temporada teatral: algunas sobrevivieron durante décadas, otras fracasaron y muchas fueron sólo romances
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"Los telones con las sábanas no se mezclan." Es algo así como una ley del teatro desde tiempos remotos, pero, obviamente, no es fácil de cumplir. Se sabe que los ámbitos laborales pueden resultar propicios para que nazca alguna relación amorosa entre compañeros. Y las anécdotas de artistas que han comenzado su vínculo sentimental en una obra de teatro alcanzarían
para llenar varias páginas. En 1948, Narciso Ibáñez Menta era una estrella del cine que, a su vez, tenía su propia compañía teatral. Por ese entonces, representaba la obra F.B., en El Nacional, y en ese elenco trabajaba Laura Hidalgo, una actriz que hacía sus primeras armas. Se enamoraron en la única escena que ella tenía con él, y en la que le decía que su sueño era casarse con un hombre que la hiciera feliz. Al año, contrajeron matrimonio.
Pepe Cibrián y Ana María Campoy se conocieron en un escenario madrileño cuando ambos participaban en Madre guapa, en la compañía de Ladrón de Guevara. Ella tenía apenas 9 años y él, 19. Sus respectivos padres también trabajaban en la compañía: el papá de ella era el apuntador Ernesto Campoy y la mamá, la actriz Anita Tormo, mientras que los de Pepe eran Benito Cibrián y Pepita Meliá. Once años después, en México, Pepe la ve a Ana María en una tapa de revista y queda encantado, y le pide al galán Jorge Negrete que arme una cena para concocerla. Tras la comida, ella concluye que él es un pesado, pero cambia de actitud cuando la invita a La Habana a participar de una puesta de Don Juan Tenorio y le da el papel de Doña Inés. No hizo falta mucho más para que los besos de ficción se convirtieran en reales y duraderos.
Cuando los duendes cazan perdices fue uno de los mayores sucesos en la carrera de Luis Sandrini: cinco años consecutivos en cartel. La madre de Sandrini iba todos los domingos a verlo desde el palco avant-scène y siempre le hablaba de lo linda que era una joven actriz que tenía pocas escenas en la obra. La madre del actor fue quien más intercedió para que el romance con Malvina Pastorino, que nació en el escenario del Astral, terminara en la iglesia. Y en la década del 50, Nelly Beltrán y Maurice Jouvet se conocieron compartiendo escena en Los árboles mueren de pie. Cuando la novia del elegante Jouvet se enteró del romance, destrozó todo su guardarropas.
En 1974, cuando Alejandro Romay convocó a Nélida Lobato y a Víctor Laplace para hacer Así como nos ven, en El Nacional, se habían separado de sus respectivas parejas, Eber Lobato y Renata Schussheim, respectivamente. En esa especie de homenaje a la revista y al music hall, ambos hicieron público su romance, luego de que las revistas y publicaciones habían llenado ya muchas páginas con los rumores.
En el mismo teatro, cinco años después, se conocieron Gerardo Romano y Leonor Benedetto, en el musical Yo quiero a mi mujer. La acción entre ambos comenzaba bajo las sábanas de un sofá cama, donde estaban en calzoncillos y en enaguas, respectivamente. Cuenta la leyenda que ambos eran tan meticulosos y se concentraban tanto en sus personajes que 15 minutos antes de levantarse el telón ya estaban en sus respectivos puestos.
En 1974, el dramaturgo Sergio De Cecco escribió El gran deschave, especialmente, para su mujer, Haydée Padilla. Con ella compartía el escenario Federico Luppi, con quien se rumoreaba que había entablado una relación que iba más allá del compañerismo. La obra fue un éxito y trabajó durante muchos meses con las localidades agotadas. Cuando bajó de cartel en la primera temporada (estuvo cuatro), no se ocultaron más e hicieron pública su relación.
En 1987, una joven actriz entró al elenco de El último de los amantes ardientes para reemplazar a Andrea Tenuta. Era Mercedes Morán, de quien se enamoró el protagonista de la obra: Oscar Martínez. Detalle: allí también trabajaba su esposa, Cristina Lastra. Cuando estaba haciendo El beso de la mujer araña, Valeria Lynch tenía un gran admirador en el elenco: Miguel Habud, quien era especialmente galante con ella . La "araña" cayó en las redes del galán cuando éste le ofreció un gran ramo de flores. El romance duró varios años, pero concluyó en forma poco amigable.
A principios de los años 90, Perla Caron conoció al amor de su vida, Gianni Lunadei, en una comedia en el Lola Membrives. Otro romance que continúa desde hace 33 años es el de Arturo Puig y Selva Alemán, que se enamoraron cuando compartían escenario en la obra Picnic. Un año antes, en 1974, Dorys del Valle y Emilio Disi se habían puesto de novios en 30 veces no debo. Lucrecia Capello y el director Rubens Correa se conocieron cuando integraban el legendario Nuevo Teatro. Pero fue en el grupo Once al Sur, con el que recorrieron el mundo, donde nació el amor. Por su parte, el autor y director Manuel González Gil ya lleva más de dos décadas casado con Ana Lascano, con quien compartía escenario en el grupo Catarsis.
Juventud pasional
Paola Krum se enamoró de varios compañeros de elenco. A principios de los años 90 estuvo con Fernando Ciuffo, su compañero en Drácula; luego, con Pablo Rago, con quien compartía cartel en una telenovela de Canal 9, y en 2005 tuvo un flechazo definitivo con Joaquín Furriel, cuando se conocieron en Sueño de una noche de verano. Se dice que la directora Alicia Zanca les hizo "gancho". Dos jóvenes que se conocieron este año y quedaron "flechados" ya en los ensayos fueron Florencia Otero y Germán Tripel, en Rent.
Por su parte, Gloria Carrá y Luciano Cáceres se conocieron trabajando en Bésame mucho, en el Teatro del Pueblo, en 2002, pero ambos estaban en pareja. Pasaron algunos años y el trabajo los volvió a reunir en La felicidad (en 2007), donde se enamoraron, se separaron de sus parejas y, a los pocos meses, se casaron.
La simpatía suele ser un arma de seducción poderosa. Marcos "Bicho" Gómez (álter ego de "El Payaso Malaonda") conoció a su mujer, María Laura Zerillo, una escultural bailarina, en la revista Planeta Show. De esta pareja nació Homero, el segundo hijo del cómico, uno de los miembros de La Banda de la Risa. En ese mismo grupo, Claudio Gallardou se enamoró de Diana Lamas, con quien estuvo en pareja durante muchos años. Otro miembro del grupo, Claudio Da Passano, conoció a su mujer, Malena Figó, cuando hacían juntos El himno, de Claudio Nadie. Luego compartieron cartel en Un hombre que se ahoga y La resistible ascensión de Arturo Ui.
En 2005, Adrián Suar no podía disimular su rostro deslumbrado cuando conoció a Griselda Siciliani en Revista nacional, obra que él produjo y en la que ella fue "descubierta" por muchos. Pero por ese entonces, sólo compartían charlas amistosas. Después de bastante tiempo de que esa obra bajara de cartel, oficializaron su relación. Otro romance de revista fue el de Moria Casán y Mario Castiglione. Ella se había separado de Carlos Sexton y él integraba el grupo I Medici Concert. Se conocieron en ¡Qué gran revista!, en el Metropolitan, donde ella era la figura y él, una de las atracciones.
Algunos romances forman parte de leyendas. Nunca se confirmaron, pero circulan hasta el día de hoy como parte de la mitología del espectáculo. En 1978, Susana Giménez compartía cartel con Carlos Perciavalle y Zulma Faiad en la revista No rompan las olas, en el Opera, de Mar del Plata. La atracción del espectáculo era Cacho Castaña, quien se dice que habría tenido un affaire con Susana. Cuenta la leyenda que una madrugada Carlos Monzón –por aquel entonces, novio de Susana– llegó de improviso a la ciudad y Cacho se tuvo que escapar en el baúl de un auto. A los pocos meses, escribió su "Balada para una vedette".





