
Estadio Pepsi Music
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Para no olvidar
Calamaro dio un concierto memorable (tal vez el último junto a la Bersuit) que lo devuelve definitivamente al tiempo presente.
No se regresa de verdad sin tocar en diciembre en Buenos Aires. Y en Obras”, dijo Andrés Calamaro al promediar su show con el que dio por finalizado un 2005 que, ni en sus planes más optimistas, esperaba que finalizara de esta forma. Reconocimiento de sus fans, de la crítica, de sus pares y de la vida misma para un concierto que, si bien respetó gran parte del repertorio escogido por el músico para El regreso, escapó al estúpido ritual de la presentación en vivo de un álbum grabado ídem y se transformó en una comunión perfecta entre artista y público. A nivel solista, este acontecimiento sólo puede verse superado en la Argentina de estos días por su admirado Indio Solari.
“Output Input” fue la apertura perfecta, con Andrés rapeando y Bersuit acompañando en plan “Abuelos de la Nada de AC” (¿en su último concierto juntos?), con pulsión latina y sentimiento caliente. Le siguió “El salmón”, y lo que temíamos en el comienzo se cristalizó: el sonido descendió decibeles de forma alarmante. Pero el karaoke espontáneo de la gente, y la inmediata y definitiva corrección del defecto, hizo que enseguida todos olvidáramos el detalle y nos entregáramos de lleno a un AC que derrochaba energía, felicidad y emoción por partes iguales, tal como quedó reflejado en su interpretación de ese sollozo llamado “La parte de adelante”, que jamás hasta el momento había tocado en directo, lo mismo que el tema con el que abrió el espectáculo.
Andrés citaba a Yupanqui, a Pappo y al General (“Llevo en mis oídos la más maravillosa música, que para mí es la palabra del pueblo argentino. Lo dijo Perón y lo digo yo también”), invitaba a Vicentico y a Litto Nebbia a compartir el escenario, presentaba una y otra vez a sus músicos e intentaba una explicación de “Media Verónica” en términos taurinos ante una audiencia que le festejaba todas y cada una de sus ocurrencias porque la recompensa venía de la mano de hits imbatibles como “Mil horas”, excelentes versiones de “Vasos vacíos” y “Nueva zamba para mi tierra” junto con sus autores, y una voz que desmentía esa aversión a los shows de la que vino haciendo gala en los últimos años.
El final llegó con “Paloma” (impresionaba a cualquier espíritu tierno ver a 25 mil almas cantando versos desgarradores: “Quiero vivir dos veces, para poder olvidarte, quiero llevarte conmigo y no voy a ninguna parte”), y exitazos de Los Rodríguez como “Mi enfermedad” y “Sin documentos”. En el medio, el público ensayó un “Y ya lo ve, es para Charly que lo mira por TV”, que mereció un “Está todo bien, jajaja” por parte de Andrés, bajando un poco los humos de un enfrentamiento que recrudece periódicamente. En definitiva: AC retornó al presente para ocupar su lugar, porque “no se puede vivir de canciones ni atado al pasado”. Brindemos por eso.
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