Apocalipsis ahora

El dos por ciento de la humanidad desaparece; los que quedan, enloquecen: bienvenidos a la nueva serie de Damon Lindelof que -espera- les hará olvidar el final de Lost
Dolores Graña
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28 de junio de 2014  

NUEVA YORK.- Pocas cosas obsesionan más que una buena historia bien contada. Pocas cosas enfurecen más que esa historia se valga de nuestra avidez de acompañarla hasta su desenlace para allí revelarnos que no habíamos entendido nada. Esto ha sido cierto desde el comienzo de los tiempos y es alarmantemente válido en el presente. Por eso no hace falta preguntarle directamente a Damon Lindelof si ha revisado su opinión acerca del desenlace de Lost, resolución a la que no volveremos aquí para evitar reabrir viejas heridas en los espectadores (más allá de categorizarla como el necesario agujero negro en la por demás brillante Era de Oro de la TV norteamericana, obvio). "Es un hombre que claramente se está recuperando de un síndrome de estrés postraumático. Le dije que se calmara, que todo va a mejorar a partir de ahora", afirma la actriz Amy Brenneman, y no sólo está haciendo un chiste.

"Si tuviera miedo de que la gente compare The Leftovers con Lost, no hubiera vuelto a hacer televisión –dice Lindelof en un encuentro con la prensa internacional del que participó la nacion–. Lo que pasó con ese programa fue único. La opción ahora era jubilarme, y la verdad es que quiero seguir contando historias. Quería un proyecto que me pusiera incómodo, que no supiera cómo resolver, que tuviera serios riesgos de fracasar. Sólo así me daría cuenta de que me importaba lo suficiente. Si hubiese elegido un policial, la gente pensaría que había quedado traumatizado por el final de Lost."

Es claro que, desde el 24 de mayo de 2010 –el día después de la emisión del último capítulo – Lindelof ha debido dar explicaciones a todos y cada uno de los millones de fanáticos de la ficción que cambió la manera en que se hacían –y sobre todo se veían– series en la TV. Explicaciones que probablemente no hayan sido satisfactorias para ninguna de las dos partes. Hay que reconocerle su paciencia: recién el 14 de octubre de 2013, Lindelof cerró su cuenta de Twitter. Había alabado el ya mítico final de Breaking Bad: recibió a cambio una catarata de veneno. Su último tuit rezaba: "Después de mucho pensarlo y sopesarlo, he decidido e". Así. Suspenso.

¿Qué pasó? Lo de siempre: Lindelof ya estaba contando una nueva historia, sólo que nosotros no lo sabíamos. Ese 14 de octubre de 2013, en la galaxia Lindelof, se recordaba el segundo aniversario de la Partida Repentina, el inexplicable acontecimiento en el centro de The Leftovers, su nueva ficción televisiva, que HBO estrenará mañana, a las 23. Ficción que es oscura, incómoda y ambiciosa incluso para Lindelof, empeñado en contar la génesis extraterrestre de la humanidad en Prometeo, la vida después de la muerte en Lost y aquí, en The Leftovers, el infierno en la Tierra.

El planteo de la historia es Lindelof de manual, aunque no es originalmente suya: el dos por ciento de la población mundial, 140 millones de personas, desaparecen de la Tierra en un instante. La ¿cosecha? es arbitraria: madres abandónicas, bebes angelicales, asesinos seriales, el Papa, estafadores compulsivos, abuelitas, políticos corruptos, estrellas pop y actores malísimos. Puff.

En la serie, algunos no dudan en identificar esa Partida Repentina con el Rapto, la ascensión al Cielo de los justos y piadosos que ciertos movimientos cristianos evangélicos en los Estados Unidos creen que señala el comienzo del Fin de los Tiempos. Pero para eso, los desaparecidos deberían ser elegidos, idealmente por sus virtudes. Y no es así. Los científicos se reúnen, formulan hipótesis, prueban teorías y terminan por concluir que no tienen idea qué ha pasado. Pero ha pasado. El mundo entero enfrenta el crack-up.

La tragedia

"Las banalidades de la vida cotidiana se hacen insoportables. Es un mundo muy violento el de los que se han quedado. Y la forma que encuentra ella de no avalar ese comportamiento es abandonar la sociedad", explica Brenneman sobre Laurie, su personaje, que forma parte de uno de las creaciones más perturbadoras de la serie, el GR, una comunidad de hombres y mujeres que fuman compulsivamente y observan un voto de silencio.

La actriz tiene una licenciatura en religiones comparadas y una larga experiencia televisiva (de La juez Amy a Private Practice) que la hicieron comprender rápidamente la infrecuente naturaleza de la propuesta. "Después de hablar dos horas de las alternativas orientales al más allá me dijo: «Creo que no es un papel para vos: no hay maquillaje, no hay peinado, no hay vestuario, no hay diálogos». Obvio que dije que sí".

Provocaciones similares –un enigma personal para cada uno de las criaturas de la historia– reportaban el resto del elenco protagónico, encabezado por Justin Theroux, como el atribulado jefe de policía con dos hijos a la deriva; Liv Tyler, como una novia en busca de un propósito, y Christopher Eccleston, como un sacerdote empeñado en probar que la falta de designio divino en la elección de quienes partieron es en sí mismo prueba del designio divino.

"Decidí tomarme en serio la idea del Rapto, pero convertirlo en algo arbitrario e universal, porque me pareció una metáfora perturbadora acerca de la pérdida –explica Tom Perrotta, autor de la novela en que se basa la serie, y otras más llevadas al cine, como La elección y Secretos íntimos, que escribe la ficción junto a Lindelof–. Sé lo que se siente cuando a uno le toca. Mi papá murió en un accidente de auto cuando yo era chico. Estaba conmigo un día y al siguiente, ya no ¿Por qué?"

Agrega Lindelof, que también perdió a su padre de muy joven (no es ocioso recordar que, en la primera escena de Lost, Jack Shepard recibía la noticia de la muerte de su padre y se subía al fatídico vuelo 815 de Oceanic para repatriar su cuerpo): "Los personajes no sólo sufren por la pérdida de sus seres queridos. Sufren por lo que creen es su inadecuación: "¿Por qué yo no? ¿Qué me falta que ellos tenían?"

El duelo

"Hay tragedias tan devastadoras que dividen hasta nuestros recuerdos –dice Lindelof–. Está la vida antes y está la vida después. Ejemplos sencillos serían las dos guerras mundiales, o los atentados del 11 de Septiembre. Pero invariablemente, al cabo de un tiempo la vida comienza a volver a sus cauces. Ocurre en mi país con tragedias como el de la escuela Sandy Hook, donde murieron asesinadas 28 personas, entre ellas 20 niños. Cualquiera pensaría que después de algo tan horrible las cosas cambiarían. Pero no: nos salteamos el duelo y vamos directo a las teorías conspirativas, que insisten siempre con el «Esto no es lo que parece». Entonces: «No es un demente que asesina a chicos, no son diez personas que secuestran aviones y los estrellan contra edificios con propósitos políticos. Es algo mucho más grande que eso». Buscamos desesperadamente una explicación distinta para poder tolerar el dolor. Nadie quiere vivir en la tragedia: quiere echarle la culpa a alguien o vengarse de quienes percibe como culpables. Esa fue la génesis de la serie para mí. No poder apretar el botón de fast forward y saltarnos el duelo."

Las consecuencias

Debe advertirse entonces que el piloto de The Leftovers es verdaderamente desolador, magnético en su audacia y, como afirma su creador, no teme indagar en las profundidades y los abismos del duelo de cada uno de los personajes enfrentados a la ausencia pero también –a pesar de que en la acción se circunscribe mayormente a un pequeño pueblo– el que debe elaborar más temprano que tarde la humanidad por una civilización que ya no tiene sentido.

La enorme cantidad de interrogantes que surge de este planteo está encabezada, por supuesto, por la naturaleza de la Partida, que en la novela de Perrotta queda reducida a un hecho inexplicable y arbitrario, claramente por fuera de nuestro entendimiento, aunque no necesariamente sobrenatural. "Todos queremos explicaciones, todos queremos que entiendan las razones por las que hacemos lo que hacemos. Pero la verdad es que en la mayoría de los casos no las hay", afirma Brenneman.

Pero siendo Lindelof quien es, se impone al menos la expectativa de algún tipo de respuestas, que seguramente no serán las que querríamos obtener. "La serie existe en una suerte de realidad paralela a la novela –revela Lindelof–. Tuvimos que hacer cambios, como que Kevin, el personaje de Justin Theroux, sea el jefe de policía, ya no el alcalde del pueblo, por razones que serán evidentes más adelante. Pero sí hemos sido muy fieles a la estructura emocional de la novela, que se siente verdadera. El problema es que los diez episodios que tiene esta primera temporada básicamente agotan la trama del libro. Así que siempre supimos que había que contar nuevas historias tras ella. Y eso nos da mucho miedo. Por eso, lo único que puedo confirmar es que el final de esta temporada es idéntico o totalmente diferente al de la novela." Aquí vamos de nuevo: ¿qué pasa después? Contanos.

Quiénes son los rezagados

De la novela a la serie, una mirada a tres de sus protagonistas

Laurie

Amy Brenneman

El personaje de la actriz de La juez Amy integra el GR, que intenta que la sociedad no vuelva a la normalidad y se prepare para el fin con métodos perturbadores.

Kevin Garvey

Justin Theroux

El jefe de policía interpretado por el actor y guionista (Iron Man 2, Una guerra de película) tiene dos hijos jóvenes a la deriva y un pueblo convertido en un polvorín.

Meg Abbott

Liv Tyler

La actriz de El señor de los anillos hace su debut en TV con esta serie, interpretando a una joven que planea su casamiento y, por el camino, pierde la brújula.

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