
Apuesta por la comedia
"El resquicio" es el primer largometraje de Amín Yoma
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A la larga lista de jóvenes realizadores de la cinematografía nacional, se suma ahora el nombre de Amín Yoma, cuyo primer largometraje, "El resquicio", se estrenará pasado mañana en las pantallas locales.
Con hablar pausado y evidente timidez, este cineasta de 27 años explica, durante un diálogo con LA NACION, que su opera prima "se inserta en la comedia, un género bastante olvidado en la pantalla nacional, y narra la historia de un profesor de filosofía que dice conocer la fórmula para conquistar el corazón de una mujer. En su entorno se mueven sus amigos y un micromundo cotidiano del que surgen las alegrías y los fracasos, dentro de una estructura que intenté que pudiese llegar al público sin falsos intelectualismos ni meras trampas esquemáticas".
-¿De qué manera imaginaste el guión? ¿"El resquicio" habla de tus propias experiencias personales?
-El guión primigenio debía titularse "El retorno" y se insertaba dentro de lo terrorífico, un género que me apasiona, pero esta idea fue tomando otro giro y con el mismo elenco de "El resquicio" decidí apuntar hacia la comedia romántica. En cuanto a si me basé en mis experiencias propias, te diría que no, aunque, por supuesto, me fue imposible apartarme de lo que les ocurre a los muchachos de mi edad, a esos soñadores cotidianos que deben hacer frente a sus felicidades y a sus fracasos. La temática central está centrada en la búsqueda entre personas de edades dispares, entre personas del mismo sexo, entre aquellas que encuentran sólo un amor contrariado o aquellas que en su ilusión no perciben que son utilizados para llegar a otro fin, o aquellos que a pesar de la frustración no se rinden en su lucha y vuelven a buscar otra oportunidad.
Entre el cine y la política
Amín Yoma, hijo del político y embajador Karim Yoma y sobrino de Zulema, ex esposa de Carlos Saúl Menem, recuerda los comienzos de su vocación cinematográfica: " Mis padres deseaban que siguiese los pasos familiares dentro de la diplomacia, y comencé a estudiar relaciones internacionales. A pesar de que mi íntima pasión era el cine, empecé estudios universitarios simplemente para complacerlos hasta que, finalmente, decidí inscribirme en la Universidad del Cine en los cursos de dirección y actuación. Comprendí de inmediato que ése sería mi destino y ya en 2001, egresado de ese instituto, realicé tres cortometrajes: «Cuento de negro», «Vobe» y «Nunca digas nunca». Con estos antecedentes fílmicos pensé en realizar un largometraje, y así nació «El resquicio», que realicé en 16 milímetros y, gracias a un subsidio del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, pude ampliar a 35".
-En los elencos de tus cortometrajes y de "El resquicio" aparecés también como actor. ¿A qué se debe esa dualidad nada fácil?
-Me interesa mucho la actuación, ya que a ella puedo volcar mis vivencias y cierto sabor a histrionismo. Efectivamente, no es sencillo estar detrás y frente a la cámara, pero confieso que necesito ambas maneras para expresarme.
-La gran mayoría de los jóvenes cineastas argentinos aborda temas dramáticos o reflexivos. ¿Por qué te apoyaste en la comedia para tu primer intento de largo aliento?
-Simplemente porque deseo que mi película sea vista por la mayor cantidad posible de espectadores. Además, confieso que no sé manejar historias intelectualizadas ni conflictos extravagantes. Trato de no hacer concesiones con mis films, pero mis tramas intentan recrear una realidad nuestra, muy porteña en el caso de "El resquicio", sin sublecturas. Felizmente, mi primer largometraje se exhibió en la sección Vitrina Argentina del reciente festival de Mar del Plata, y tuvo una cálida acogida por parte del público.
Amín Yoma ya está preparando su segundo largometraje. "Será, por fin, -explica- un relato de terror mezclado con comedia. Ahora estoy inmerso en el resultado que «El resquicio» tendrá en el público. Esta es una prueba de fuego, pero cualquiera sea el resultado, nada me desanimará a proseguir mi tarea como actor y director."



