
Aquí, y allá, me pongo a cantar
Martín Fierro, un gaucho internacional, tiene quien lo coleccione
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Ya lo decía Borges: Si la literatura argentina existe, el libro propio que la representa es el Martín Fierro. Y tanto fue el interés que despertó la obra de José Hernández más allá de nuestras fronteras que llegó a traducirse a 38 idiomas.
Las versiones más conocidas, en italiano, francés, inglés y alemán, se codean –aunque usted no lo crea– con las traducidas al catalán, húngaro, guaraní, rumano, japonés, ruso, checo, portugués, chino, ucranio, francés, árabe, lituano, sueco, hebreo, armenio, esperanto, ¡mongol!, esloveno, griego, sistema Braille, sistema estenográfico, vasco, serbio, croata, piamontés, gallego, idish, eslovaco, coreano, calabrés, hindi, polaco, quechua y latín.
Entonces, la pregunta: ¿hay alguien que pueda tenerlas a todas? Veamos.
Luego de una paciente y extensa búsqueda con rasgos detectivescos, que comenzó allá por 1972 cuando su suegro le regaló casi un centenar de aquellos ejemplares, el comodoro (R) Santos Domínguez Koch atesora no sólo esas ediciones foráneas, sino cada una de las publicadas desde que la primera parte del poema apareció en 1872.
Hinca-la-perra...
Con no disimulado orgullo muestra la colección de más de medio millar de ejemplares, que tituló Martín Fierro en el mundo de los idiomas; donde también aparecen ediciones traducidas a dialectos, ediciones extranjeras en idioma castellano, impresas fuera de nuestro país, y ediciones complementarias nacionales y extranjeras. Su afán le valió el comentario ilustrado publicado en The Guinness Book of Records, en 1998.
Con la charla, menudean los datos insólitos y curiosos. "Tengo un análisis de cómo se las arreglaron para interpretar frases como hinca-la-perra, una referencia muy chistosa de Hernández sobre Inglaterra, en el Canto Tercero, estrofa 327. En inglés aparece: That he came from inca-la perra land, pero el traductor no aclara que se refiere a ese país. Sólo agregó land para dar a entender que se trataba de un territorio. Por eso, en general, al final del texto colocan un glosario de términos para tratar de explicar su significado." O como abreviar pa en lugar de para. "Es totalmente imposible. Y no digamos cuando entramos al ruso, al chino, al hindi o al japonés, donde el alfabeto castellano no existe."
La primera traducción en prosa, hecha en Padua, en 1963, tiene una particularidad. "El autor ubicó erróneamente la acción del poema en los Estados Unidos. Hizo confundir al ilustrador, que dibujó a los indios sioux o pieles rojas con sus características tiendas tee-pee, en lugar de los indios de nuestras pampas, y hasta el saloon por las pulperías", explica.
Las ediciones extranjeras, impresas en castellano en 17 países, alcanzan a 165 libros. "La más valiosa es la que publicó en 1873 la revista francesa Correo de Ultramar, de París, en sucesivas entregas. Una pieza rarísima, de gran valor, desconocida e inexistente." La edición mexicana de la poesía gauchesca, de 1955, incluye prólogos de Borges y Bioy Casares. "La del inglés Walter Owen es, según los críticos, la más perfecta de todas. A diferencia de los otros traductores, la publicó tal como la hizo por primera vez y no la modificó", agrega el coleccionista.
Figurita difícil
Como pieza rara, destaca un Martín Fierro en corcho, con el nombre del poema, su autor y dibujos gauchescos estampados en la tapa, lomo y contratapa, y que al abrirlo, tiene una delgada hoja del mismo material con las primeras estrofas impresas del poema. Se trata del estuche de una caja de bombones que la Confitería del Molino, de Buenos Aires, puso en venta en 1945.
Con la prolijidad de un virginiano auténtico, al principio de cada libro escribió una pequeña síntesis de cómo los encontró y cuánto le costaron en dólares. Se levanta y nos alcanza la rarísima traducción al mongol. "Estaba en Rusia por cuestiones de trabajo, entré en una librería y hablando un poco en inglés y otro poco por señas, me presentaron a una señora que tenía esa edición. No lo podía creer. Ahí nomás me lo dio. Es pieza única y está impresa en Ulan Bator, capital de Mongolia, en 1969, con el alfabeto cirílico ruso."
Otras muy particulares son las versiones al serbio ("¿La quiere leer?", nos dice) y al esloveno, con las hojas anapistográficas (es decir, dobles y con el interior en blanco).
Hay para todos los gustos. Eso sí, ¿se lo imagina al gaucho Fierro rasgando la guitarra y apurando el primer verso: I sit here to sing my song…?
Lauro Noro
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