
Cómo estos adolescentes ingleses se convirtieron en los nuevos… ¿Franz Ferdinand?
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Alex Turner, frontman del cuarteto británico Arctic Monkeys, es un flacucho pecoso de 19 años que refunfuña como el chico más tímido de primer año del secundario. El es, también, la última estrella de rock en ascenso de Inglaterra: el primer single de los Arctic Monkeys, la exuberante y guitarrera "I Bet You Look Good on the Dancefloor", debutó en el puesto número 1 de los charts ingleses en octubre del año pasado, gracias a una base de fans que creció alrededor de MP3s de los demos de la banda.
"En un momento estábamos en la universidad y, al minuto siguiente, estaba pasando todo esto", relata Turner, quien aún vive en la casa de sus padres en el suburbio de Sheffield, Inglaterra. Aunque su álbum debut, Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not, no fue lanzado en los Estados Unidos hasta el 21 de febrero pasado, Arctic Monkeys ya había agotado los tickets para su gira por ese país; y, en la fecha inicial en Nueva York, Turner le rogó a los hipsters sobreexcitados que pararan de sacar fotos para sus blogs.
Desde entonces, los Arctic han ganado los elogios de Mick Jagger y los Strokes, entre otros, pero hace tres años eran sólo otro grupo de amigos jugando en un garaje con instrumentos que no podían tocar. "Sólo queríamos ser una banda. Para nosotros, tocar cualquier cosa fue un gran logro", dice el baterista de 19 años Matt Helders. Luego de pasar meses haciendo covers de White Stripes y The Vines, Turner empezó a salir con sus propias canciones.
La primera fue "Fake Tales of San Fransisco". Un retrato pegadizo y filoso de la vida nocturna, con ritmos ska y una letra digna de la pluma de Elvis Costello: "Todos los rockeros de fin de semana están en el baño/ ensayando sus líneas". Por esos días, en sus shows, la banda comenzó a regalar demos caseros de su punk brit-poppy, que evoca a Blur y a los Libertines. Fueron los fans quienes se encargaron de darles curso en la red a esas inteligentes letras de Turner que, poco tiempo después, una multitud de chicos comenzó a corear.
La última primavera, Arctic Monkeys terminó con la guerra de ofertas que la industria ciñó sobre ellos y firmó con la compañía indie Domino Records, casa disquera de Franz Ferdinand. "Queríamos encontrar un sonido separado de los estilos y los tiempos cambiantes", dice Turner. "Porque, más que nada, queremos que nuestro álbum sea recordado."
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