Damon Gough, alias Badly Drawn Boy, tiene problemas para escuchar discos
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Damon Gough, alias Badly Drawn Boy, tiene problemas para escuchar discos."Soy incapaz de mantener la atención durante más de siete segundos", explica. "Si un disco es horrible, lo saco en seguida. Y si es genial, también lo saco, porque me inspira a componer un tema."
Gough trasladó esa lógica del zapping a la guitarra acústica de su disco debut, The Hour of Bewilderbeast. A lo largo de dieciocho canciones dispares, el músico inglés enriquece sus com- posiciones con chelos, cornos franceses y theremines. The Hour of Bewilderbeast es un mosaico tornasolado de sonido en esencia nostálgico: hace pensar en Elliott Smith con producción de Tom Waits, o bien en Beck pero sin ningún aire funk.
Las letras hablan del amor y sus consecuencias. Un verso de "Another Pearl" ("Mirá cómo canjeo mis ruedas por alas") invierte la letra de "Thunder Road" y delata así la obsesión de Gough por Bruce Springsteen. "Me pasé gran parte de mi vida escuchando su música", confiesa. Llegó incluso a alojarse en el Holiday Inn donde se hospedaba su ídolo para tramar un encuentro. Pero, si hablamos de sonido, Badly Drawn Boy tiene poco y nada de la E Street Band.
Gough viene de Bolton, un suburbio de Manchester, Inglaterra, donde aprendió a tocar la guitarra por su cuenta. Luego fue al conservatorio de música de Leeds: un error. "Era el peor lugar del mundo para formar una banda", dice. Cuando volvió a su ciudad vio una consola de cuatro canales en venta. Era una Tascam 144, el mismo modelo que había usado Springsteen para hacer Nebraska, así que la compró y se puso a componer una canción por día. Hace poco progresó: adquirió un equipo de ocho canales: "Pasé a la alta fidelidad", dice riendo entre dientes.
Comenzó a editar eps en 1997 en su propio sello, Twisted Nerve, escudándose tras un seudónimo porque la timidez le impedía utilizar su verdadero nombre. "Pensaba sacar un solo ep y después buscar un nombre mejor. Pero me sorprendió una ola de histeria, y ya no pude cambiarlo." Asediado por las discográficas, terminó firmando contrato con xl, que es también el sello de Prodigy.
Los recitales de Gough, famosos por lo impredecibles una vez se limitó a proyectar una filmación en la que se lo veía tocando la guitarra acústica en su dormitorio, no recibieron críticas muy halagüeñas. Pero el álbum fue aclamado y ganó el Premio Mercury, otorgado por la industria británica.
De pronto, Gough interrumpe su discurso: "Estoy seguro de que acabo de ver un ovni. Había tres luces ahí arriba, que titilaban de una manera muy curiosa". Está en el jardín de su nueva casa, en Charlton (otro suburbio de Manchester), que comparte con su novia, Claire, y la hija recién nacida de ambos. Está acostumbrado a quedarse levantado la mitad de la noche, así que no le molesta que una criatura le interrumpa el sueño.
Gough no se droga, pero aprendió las delicias de ir detrás de sus pensamientos hasta donde lo lleven, y también las de quedarse tranquilo sin hacer nada. Cuando se le pregunta qué le gustaría que hiciera la gente mientras escucha The Hour..., responde: "Que arme un rompecabezas de mil piezas".
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