
Ballet "Don Quijote", escrito para la danza
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El ballet es un arte representado que, a diferencia de otras manifestaciones, con la danza se movilizan varios sentidos que permiten un disfrute estético particular. El campo sonoro y el visual se unen en un hecho artístico que parece abstraerse del mundo concreto y real para sumergir al espectador en un estado exterior de contemplación pasiva, mientras que, interiormente, se agitan las emociones.
Esto es lo que provocó el Ballet Estable del Teatro Colón con la representación de "Don Quijote", ballet con música de Ludwig Minkus y coreografía de Zarko Prebil, sobre la versión original de Petipa/Gorsky.
Basada en la obra original de Cervantes, Marius Petipa llevó al escenario danzístico las andanzas del Hidalgo Don Quijote, y las retoma Prebil en una propuesta donde se combinan la historia, la música, el color y la danza enmarcados con una escenografía que mostró vuelo imaginativo para ilustrar los diferentes ámbitos, al mismo tiempo que agregó magnificencia al cuadro artístico.
Dentro del cuerpo de baile, donde brillan el talento, el esfuerzo y la efectividad juvenil e infantil, muy bien dirigidos por Marta García, asoman con fuerte protagonismo las tres estrellas de este ballet: Karina Olmedo, Alejandro Parente y Miriam Coelho.
Olmedo, como Kitri, actuó con un espíritu chispeante y transmitió la alegría que ella misma demostraba al bailar, mostrándose segura en su desempeño y totalmente respaldada por su partenaire, Alejandro Parente, como si cada uno pudiera anticipar la acción del otro. Realmente una pareja muy compenetrada en su desempeño.
Miriam Coelho, por su parte, aportó sensualidad y vitalidad a su personaje de Mercedes, y fue destacada la participación de Vagram Ambartsoumian, el Torero Espada, seguro y aplomado en su actuación.
Como corresponde al espíritu de Don Quijote, éste es un ballet que se desarrolla en dos campos: el de la realidad y el de la fantasía. De la alegría de los gitanos y toreros se pasa al mundo fantástico de las dríades y los cupidos, creando un contraste interesante entre los climas pasionales y la serenidad onírica, conjugándose en un todo armónico.
A todo esto se suma Walter Aon, en una perfecta caracterización de Don Quijote, y Marcelo Antelo como Sancho Panza, que enriquecieron una puesta que no se privó de llevar a escena a un Rocinante de carne y hueso, del mismo modo que la mula de su acompañante.
Si el público estalló en aplausos en cada número solista o grupal, tanto como al final, estuvo totalmente justificado. Próxima función: el domingo, a las 17, en el Colón.




