
Barriletes en el cielo
Armarlos es un acto de fantasía; remontarlos es un juego
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"Tulipanes de papel, mariposas sin suerte", así llamaba Pablo Neruda a los volantines chilenos de su infancia. Más modernos y resistentes, esos pájaros milenarios vuelven a ser moda en la costa porteña Dos varillas, papel especial, hilo y pegamento bastan para poner en práctica el milenario placer de armar el barrilete propio. Pero, además de las cometas tradicionales, en la actualidad los chicos pueden ensamblar nuevos diseños, más sofisticados, resistentes y veloces.
Silenciosos, inspiradores, recreativos. Las virtudes de viejos y nuevos barriletes son las mismas, aunque sus metas sean diferentes. Los primeros, siguen intentando llegar cada vez más alto. Los desarrollados en esta última década, en cambio, muestran su versatilidad haciendo una docena de piruetas.
"Lo importante -señala Carlos Lagomarsino, que hace 18 años creó el Club de Barriletes de Buenos Aires- es que ambos modelos comparten un mismo objetivo: reunir a la familia en espacios al aire libre. Los chicos están cada vez más encerrados en sus casas, pero el barrilete los divierte afuera, enfrentándose con los caprichos de la naturaleza".
El creador del club es un especial apasionado de los modelos tradicionales. Por eso es que los fines de semana frecuenta los lugares en los que padres e hijos desafían el aire izando frágiles estructuras. Según cuenta Lagomarsino, los bosques de Palermo y Ezeiza, el parque Saavedra y la intersección de la autopista Richieri con el Camino de Cintura "son los sitios más concurridos, ya que allí no hay cables, antenas, ni postes de luz".
El aspecto histórico de las cometas, es otra de las pasiones de Lagomarsino. Por eso, se toma su tiempo antes de narrar a Vialibre algunas anécdotas relacionadas con el pasado de los barriletes.
"No siempre fue un objeto asociado con la diversión -cuenta-, se dice que hace unos tres mil años los chinos lo usaron como instrumento para la guerra. Pero también fueron protagonistas de grandes acontecimientos históricos. Benjamín Franklin, por ejemplo, inventó el pararrayos después de que su barrilete recibiera la descarga eléctrica de una tormenta. Y Alexander Graham Bell utilizó un barrilete para poner en práctica algunos experimentos relacionados con la invención del teléfono."
Según el fundador del Club de Barriletes de Buenos Aires, los argentinos elevan cometas "desde hace por lo menos dos siglos, ya que existen grabados de principios del siglo pasado de chicos remontándolos en un potrero. Aunque en aquel entonces se los llamaba tarascas", agrega Lagomarsino.
Papagayo es su nombre brasileño. Y en Chile se lo denomina volantín. En México, le dicen papalote; en Francia, cerf-volant, y en Inglaterra, simplemente kite.
Raros diseños nuevos
Los diseños modernos aparecieron aproximadamente hace dos décadas, aprovechando el desarrollo de materiales en el campo de la aeronavegación.
Todo aquello que descartaban las grandes compañías de aviación norteamericanas -tela de avión y fibra de vidrio, principalmente- se utilizó para hacer más livianas las aladeltas.
Rápidamente, los barrileteros copiaron a los deportistas aéreos e introdujeron los cambios necesarios para que sus cometas también fueran superveloces.
"Hoy, cualquier pibe puede hacer que su barrilete haga innumerables destrezas en el aire", señala José Luis Baldessari, miembro de A Toda Costa, el club que impulsa el uso de los nuevos diseños, y que todos los domingos agrupa a sus socios en el parque costero de Vicente López. Aunque las comparaciones resulten odiosas, las diferencias físicas entre barriletes antiguos y modernos son notables. Los primeros, se remontan con un solo hilo; los nuevos, se tiran de dos o cuatro piolas. Como los aviones, los barriletes de fin de siglo llevan alas y alerón, accesorios que les permiten realizar diversas e intrincadas maniobras en el aire: picadas, vuelos rasantes, vandeos hacia los lados y vistosos tirabuzones. Por supuesto, también hay diferencia en el precio. Una cometa tradicional se puede armar con elementos fáciles de conseguir en librerías barriales con sólo $ 2 . Las nuevas, en cambio, cuestan entre $ 25 y ¡$ 400!, y sólo se adquieren en casas de aeromodelismo. Ocurre que un barrilete de última generación-explica Baldessari- te puede durar toda la vida. Además, son desarmables, lo que facilita el traslado a cualquier parte sin temor a que se rompa. El joven barriletero dice que los flamantes modelos son tan maleables que los fines de semana largos, los miembros del club trasladan su punto de encuentro a la costa bonaerense. Hace unos días, por ejemplo, organizaron la II Barrileteada Desorganizada en Punta Rasa, San Clemente del Tuyú. La actividad principal es remontar las cometas -describe Baldessari-, y para eso, vale todo. Algunos las izan con triciclos; otros, mientras practican jet-ski. Y también hay algunos pibes que arman barriletes tan grandes que pueden elevar a una persona. La extravagancia parece ser el leitmotiv de los integrantes de este joven club. Además de poner a volar barriletes piramidales, con forma de mariposa o de globo aerostático, izan una nueva especie llamada indor. Se trata de cometas de apenas 32 gramos de peso aptas para alcanzar altura en espacios cerrados. Pero el objetivo de los socios de A Toda Costa no siempre es hacer volar sus creaciones. También organizan y participan de exposiciones, para que sus trabajos puedan apreciarse como cualquier otra obra de arte, destaca Baldessari. Sin ir más lejos, en abril último sus barriletes compartieron lugar con otros pintados por artistas como Luis Benedit, Clorindo Testa o Enrique Burone Risso, en el Museo Nacional de Bellas Artes.
El primer amor
Sin embargo, los cielos aún tienen como protagonistas a los viejos barriletes, con forma de octógonos y hexágonos. En plazas y parques, aún quedan vendedores ambulantes que los ofrecen por $ 4.Y En algunos lugares se siguen haciendo las versiones humildes con papel de diario, hilo de coser y engrudo. Hacer un barrilete es un acto de fantasía; remontarlo, un juego, describe en un rapto romántico el experimentado barriletero mientras observa sobre el escritorio algunos planos de cometas de diseño intrincado.
Cómo se arma
- Se necesita una varilla o caña bien seca cortada en cuartos, papel barrilete, hilo de algodón, cartón de 50 x 50 cm, 6 broches para la ropa, cola plástica, tijera y cortaplumas.
- Cortar las cañas en 3 tramos de 70 cm y lijarlas un poco.
- Cortar pequeñas muescas en los extremos, a 1 cm de la punta. Usar el cortaplumas con cuidado y suavidad para no lastimarse. Marcar el centro de las 3 varillas con lápiz.
Dibujar sobre el cartón las líneas que se cruzan a 60° en el centro. Controlar que queden las medidas indicadas en los lados del cartón.
- Colocar las 3 varillas, o cañas, sobre el cartón. Sujetar todo con broches de la ropa.
- Por las muescas de cada varilla, dar 2 vueltas de hilo. Debe quedar tirante, pero sin deformar las cañas, ni alterar su posición. Con otro hilo de 1,20 m de largo atar el centro. Dejar un metro libre para un paso posterior.
- Quitar el cartón y los broches. Apoyar el bastidor sobre el plano de papel barrilete, y recortar todo el perímetro dejando un sobrante de 3 cm para doblar y pegar. Aplicar la cola un poco diluida al agua con un pincel ancho y pegar apretando con un trapo.
El papel puede unirse a otros pliegos para cubrir toda la superficie propuesta o combinar colores y diseños.
- Pasar el hilo que quedó suelto hacia adelante. Atar los tiros de arriba que tienen 70 cm cada uno hasta una argollita liviana o anillito.
- Lo más importante para el ascenso y equilibrio: graduar el largo del tiro central. Para que el ángulo de vuelo sea el ideal, comenzar con un largo de 78cm. Si es corto, no remontará y coleará. Si es largo, se aplanará y caerá.
- Finalmente: la cola que equilibra el conjunto puede ser un tren de moñitos atados a 3 cm de hilo o tiras de polietileno de color. La regla es sencilla: a mayor viento, mayor cola. Y si ven que pesa mucho, sólo hay que acortala.
Por la paz
La gran voladura del año que ocurrirá en todos los cielos del planeta se realizará el próximo 11 de octubre, en el marco del 13 Festival Internacional por la Paz.
Ese día, con la consigna Remontemos nuestros votos por la paz y la preservación de la Tierra, el Club de los Barriletes de Buenos Aires, junto con Greenpeace y Unicef reunirán a todos los barrileteros de Buenos Aires en diversos espacios: Costanera Sur, parque Saavedra, Panamericana, Autopista del Buen Ayre, bosques de Palermo y Ezeiza, Camino de Cintura y Richieri, Paseo de la Costa de Vicente López, y en todos los lugares accesibles del Río de la Plata.
Para sumarse a esta actividad, sólo hay que llamar al Club, por el 245-7945. También se puede consultar la página en Internet, en http://www.clubdebarriletes.com.ar/
Código de seguridad
Un juego tan hermoso y placentero como remontar cometas y pájaros de papel tiene, sin embargo, algunas reglas y detalles que conviene conocer, para que tanto el piloto en tierra, como la nave en el aire, no sufran contratiempos odiosos.
Esta es una lista para recordar, después sí, a volar se ha dicho:
- Nunca volar sobre cables o antenas, ni en días tormentosos.
- Alejarse al menos 8 km de aeropuertos o bases aéreas.
- No sobrevolar grupos de espectadores, autopistas, circuitos ciclísticos, zonas cercadas o de difícil acceso.
- Evitar las zonas arboladas.
- No remontar desde techos, balcones o azoteas, donde se puede caer al vacío por distracción.
- En lo posible, utilizar protección solar, anteojos oscuros, gorra, guantes y un bolso para el equipo y accesorios.
- Verificar que no queden elementos dispersos sobre el campo y que no existan objetos peligrosos cuando la atención esté puesta en lo que sucede arriba, y sus movimientos sean automáticos.
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