John Travolta, Uma Thurman, Vince Vaughn
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Como el cool
Un paso en falso: en la secuela de El nombre del juego, Travolta se muestra, llamativamente, falto de energías
Pero, que demonios pasó? A John Travolta se lo veía eléctrico cuando hizo de Chili Palmer en El nombre del juego, de 1995, versión fílmica de la novela de Elmore Leonard acerca de un estafador de Miami que se mete con estafadores de Hollywood, y calzaba perfecto. En Be Cool, basada en la novela de Leonard en la que Chili se pasa a la industria de la música, Travolta parece un zombi, como si la energía cómica hubiera desaparecido de su actuación. Y no está solo. Uma Thurman hace de Edie, la compañera de Chili en un proyecto para producir el cd de una nueva cantante (una desperdiciada Christina Milian), y es desmoralizante ver cómo ella y Travolta luchan en vano por reproducir el clima caliente de la escena del baile de Pulp Fiction. La sátira poco efectiva del guión escrito por Peter Steinfeld traba a varios buenos actores, como Harvey Keitel, James Woods y Cedric the Entertainer. Vince Vaughn consigue sacar algunas risas con su papel como Raji, un tipo muy gracioso, completamente blanco, que muere por ser negro. Y The Rock, un guardaespaldas gay con ambiciones de actor, enseguida aplica su mirada queer de rutina. En cuanto al director F. Gary Gray, lejos del inspirado realizador de Get Shorty Barry Sonnenfeld, lo único que consigue es transformar la visión auténtica de Leonard sobre el mundo de la música en una pavada sintética. Uno sabe que una secuela no es buena cuando, a los diez minutos de empezada la película, una voz interior empieza a gritar: “¡Por favor, que termine!”.






