Bebé Reno, un interminable calvario de un varón acosado
El unipersonal está protagonizado por Nazareno Casero
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Bebé Reno. Libro: Richard Gadd. Adaptación y dirección: Luis “Indio” Romero. Intérprete: Nazareno Casero. Participaciones especiales: Victoria Got, Emma Harumi, Cristián Aguilera, Alejandra Efrón, Jorge Gregorio y Mara Dopaso. Escenografía: Marcelo Valiente. Iluminación: Agnese Lozupone. Audiovisual y Multimedia: Vanina Balza. Sound FX: Jerónimo Romero. Producción: Juan Pelosi, Quality Entertainment y Maximiliano Córdoba. Sala: Paseo La Plaza (Corrientes 1660). Funciones: martes, a las 20:15. Duración: 90 minutos. Nuestra opinión: buena.
“Le di un tecito”, dice. Apenas un diminutivo, un gesto amable, casi piadoso, pero capaz de abrir la puerta a una desmesura gigantesca y sofocante. Entre esos extremos que nunca imaginaron unirse, transita el protagonista del unipersonal Bebé Reno, escrito en primera persona por el comediante escocés Richard Gadd, quien vivió en carne propia una traumática experiencia de acoso por parte de una mujer.
Esta historia explotó en 2024, cuando la miniserie británica del mismo nombre, interpretada por el propio Gadd, se posicionó entre las más vistas y premiadas de Netflix como informa la nota de Gustavo Lladós. Pero tanto la publicación del texto Baby Reindeer como el estreno teatral en el West End londinense fueron anteriores a la pandemia, en 2019. De todos modos, esta información es solo ilustrativa ya que no explica la puntual puesta porteña, dirigida por el Indio Romero y actuada por Nazareno Casero. En realidad, en nuestro circuito teatral comercial, esta obra dialoga con otro unipersonal, Prima facie (en cartel en El Picadero), sobre el laberinto judicial que debe soportar una abogada (la actriz Julieta Zylberberg) para probar que sufrió una violación.
Con música de Iggy Pop (el tema “The Passenger”), aparece Casero en escena, con unos pocos puntos de apoyo: un escritorio con papeles, el libro de Gadd y un cuenco de vidrio con agua; un pequeño sillón; un atril con micrófono. Sin embargo, es la pantalla que cubre el fondo su gran acompañante. Porque es ahí donde se proyectan los mensajes de audio (la representación visual que conocemos en WhatsApp) y los mails recibidos por Gadd, material enviado por Martha, su acosadora, cuya voz —y peculiar manera de hablar— también es escuchada por los espectadores a lo largo de toda la obra. Podría decirse que es un personaje más, interpretado por la cantante, locutora y actriz de doblaje Victoria Got. También en la pantalla aparecen breves videos, con testimonios en primer plano de los padres de Gadd, de su pareja Teri y de unos pocos allegados más que opinan sobre este problemático vínculo.

El protagonista es comediante y trabaja en un bar. Es detrás de la barra donde Gadd se apiada de la falta de dinero de Martha y le sirve, invitación de la casa, un té. A partir de ahí, lo que podía asomar como un coqueteo termina en un castigo digital y presencial (lejano resuena algo de la película Atracción fatal, estrenada antes de que el autor de Bebé Reno naciera). En fin, a la interminable persecución, se suman el relato de otro abuso sufrido cuando era muy joven, más el conflicto con su pareja transexual. Y la dificultad judicial para demostrar el acoso hasta tanto no existiera una amenaza concreta. Y la ambigua sensación que esta mujer, veinte años mayor y con evidentes problemas en su salud mental, le provoca, entre el rechazo, la atracción y cierta empatía ante su condición. Ah, y el porqué del título “bebé reno”.
Todo esto y en detalle está en el libro cuya lectura el mismo Casero recomienda. O se puede ir al teatro. Es subrayable la performance del actor que tuvo que memorizar tanto texto y sostenerlo durante una hora y media con energía. En un momento, se saca la ropa, se enjuaga la cara (sí, para eso estaba el agua en la mesa), se pone otra vez el pantalón y parece un buen final. Pero sigue para volver a contar, micrófono en mano, el agobiante periplo. Sin duda, el experimentado director Romero (El amateur, Casi normales, El hombre inesperado y tantas más) tendrá sus razones para este despliegue narrativo. Eso sí: nadie se irá de la sala con ganas de encontrar a una Martha, pero sí de conocer a Victoria Got.
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