Beckett por Rubén Pires

Alberto Catena
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19 de agosto de 2015  

Esperando a Godot / Libro: Samuel Beckett / Intérpretes: Gerardo Baamonde, Eduardo Lamoglia, Carlos Lipsic, Héctor Díaz y Sebastián Mouriño / Traducción y adaptación: Rubén Pires y Hugo Halbrich / Vestuario: Mecha Uría / Dirección: Rubén Pires / Sala: El Tinglado, Mario Bravo 948 / Funciones: miércoles, a las 20.30 / Duración: 90 minutos / Nuestra opinión: buena.

Esperando a Godot es una obra que Samuel Beckett no escribió para enamorar al público, sino para provocarlo, para desafiarlo a confrontarse con los infinitos sinsentidos que habitan su vida. Sus interpelaciones metafísicas son muchas y pueden relacionarse con temas tan difíciles de contestar o definir como la muerte, la existencia del universo o el papel del azar en las cosas. Sin embargo, el texto alberga otro tipo de interrogaciones más prácticas, acaso más pedestres, pero en ocasiones tan arduas de responder como las filosóficas.

Algunas de ellas podrían ser: ¿cuál es la razón de esperar (como lo hacen esos dos vagabundos llamados Vladimir y Estragón o también Didí y Gogó) eternamente algo cuya solución depende de la voluntad de los otros y no de la nuestra, con todo lo que ello significa como alienación de nuestra propia libertad? O también: ¿por qué no intentamos mejorar el lenguaje cuando éste no sirve como herramienta de comunicación, que es el objetivo para el cual fue creado? Si alguien me dice que hará esto y hace lo contrario, ¿por qué le sigo creyendo? ¿Ese absurdo es congénito a ciertas formas de la subjetividad humana o puede modificarse?

Las preguntas podrían multiplicarse. La sólida puesta que Rubén Pires hizo de Esperando a Godot coloca al espectador, lo enfrenta de una manera más visible a esas preguntas que otras escenificaciones que hemos visto de ese título. Y lo hace mediante un trabajo cuya acción en lo dramático subraya con mayor contundencia esas contradicciones, vacíos de lógica o insensatas repeticiones en el comportamiento diario de los mortales, en este caso encarnados por Didí y Gogó o la brutalidad del señor Pozzo. La nueva traducción de la pieza, hecha por el propio Pires con Hugo Halbrich, acentúa también esta mirada sobre el texto.

La versión trata de que, a pesar de lo desesperanzada que es la pintura beckettiana, no se pierda nunca el humor, que es como el costado más oxigenado de la estética del autor. El montaje es despojado y se respeta el famoso arbolito casi pelado que señala el texto. En esta concepción escenográfica se ven además como dos pequeños paneles por donde entran o salen los actores hacia una casilla de madera que está como fondo escénico. El elenco elegido por Pires tiene un alto nivel histriónico, en especial Gerardo Baamonde, Héctor Díaz y Eduardo Lamoglia, y refuerza con su dinámica y precisa labor de relojería la estrategia del director.

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