Benito Cerati: el fin de la inocencia

Criado en una burbuja musical, el hijo de Gustavo Cerati habla de sus canciones, de su destino, de la sobreprotección y de su padre
Sebastián Ramos
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12 de julio de 2014  

"Creo que todavía estoy construyendo mis personajes. O por ahí los construyo a medias y después los destruyo, y empiezo de nuevo. Soy tan impulsivo, en ese sentido. No aguanto mucho en un lugar. Hago cinco canciones de un género, y ya me aburrí. Tengo poca paciencia. Y lo mismo me pasa con los personajes que armo en vivo. En un momento quise aparecer con una capa, quise que nadie me reconociera, sólo quería cantar e irme; y ahora agarro el micrófono y digo cualquier cosa. Voy cambiando de personaje, según como esté."

"Aprendí a conectarme de una forma distinta con mi papá. Tuve que cambiar un montón de cosas de golpe, abrir mi cabeza y enfrentar otra clase de experiencias que, por ahí, las personas suelen vivir más tarde o no viven jamás. Si en algo me ha servido toda esta situación, creo que fue en eso: terminó de abrir mi cabeza."

El personaje que Benito Cerati eligió vestir esta tarde fría de julio es el de un joven nacido y criado en una burbuja musical, que acaba de salir al ruedo, tímidamente, pero convencido de su destino. Un joven de 20 años que sobrelleva con naturalidad tanto su apellido ilustre como la sensible y anómala situación por la que atraviesa su padre, Gustavo Cerati, en coma desde hace poco más de cuatro años.

Con la cabeza un poco más abierta, entonces, Benito decidió finalmente hacer pública su obra -compone canciones desde los tres años- y, a fines de 2013, editó su primer álbum como Zero Kill: Trip Tour. Una salida a escena que coincide con una búsqueda de equilibrio personal. "Desde el año pasado me puse a estudiar Antropología en la UBA. Quería algo que me trajera a tierra. Porque la música es tan volada, en cierto sentido, que necesitaba algo que me ayudara a equilibrarme", dice.

-El otro día te escuché decir que conociste el subte relativamente hace poco. ¿Se puede decir que vivías en una burbuja?

-Sí, hay una cosa muy de burbuja en mi vida, absolutamente. Ahora salgo y soy una persona totalmente independiente, pero hasta que tuve 13 o 14 años siempre me llevaban, me traían, me ponían, me sacaban. Hubo como una sobreprotección, pero una vez que cumplí 17 empecé la mía. Como pude, porque de la sobreprotección no se puede escapar muy fácilmente. Por eso siento que, en cierto punto, me estoy abriendo al mundo después de haber estado un poco cerrado. No porque lo haya elegido, sino porque así fue mi crianza.

En 1993, Gustavo Cerati grabó los latidos del corazón de su hijo Benito cuando tenía pocos meses de gestación y los hizo canción en "Te llevo para que me lleves". Tuc tuc, tuc tuc, tuc tuc, suena acuático, Benito, en el final del tema central de aquel himno pop al amor que fue Amor amarillo; el primer álbum solista de Cerati cuando todavía era un Soda Stereo y que bien podría ubicarse en el extenso estante de los discos con paternidad a flor de piel.

-¿Te costó tomar la decisión de editar este disco? ¿Sentiste una presión extra por lo que se podía generar a tu alrededor?

-No sé, porque cuando se trata de música sigo viviendo en una burbuja. Cuando saqué el disco no pensé en expectativas ni en nada. Lo saqué porque era lo que venía a hacer en el mundo. No tenía nada que ver con hacer lo que se esperaba de...

-¿No te molestaba que te catalogaran como "el hijo de Cerati"?

-Con mi viejo tenía rebuena relación, así que no me afecta, no tengo presión por ahí. Es gracioso: la gente cree que eso me da seguridad y me hace cancherearla, y es totalmente al revés. Crecí con inseguridades por eso, básicamente. Todo el tiempo me preguntaba: "¿Me corresponde este lugar?" No es que salgo a decir soy el hijo de, ámenme. Al contrario. Pero entiendo también que es inevitable. Yo quiero seguir mi camino, no quiero retomar lo que dejó mi papá. En mi disco no hay barreras, hice todo lo que me vino a la cabeza y eso es lo que me gusta de lo que hago: poder hacer lo que quiero.

A los 5 años, su papá le grabó lo que el pequeño Cerati entiende como su primer disco. Se llamaba Cohete y fue presentado en una serie de dos conciertos en el patio de su casa. "Ese disco se grabó en vivo. Play a la máquina y yo gritando en el micrófono sobre los presets de la Roland, que eran todos acid house, renoventas."

-¿Cuál es tu primer recuerdo musical?

-Me acuerdo de un casete con dos canciones que escuchaba en repeat desde la cuna, y me acuerdo bien porque ese casete siguió muy presente en la familia. Tenía "I Am The Walrus", de los Beatles, y "Wonderwall", de Oasis. Después siempre hice música en el estudio que tenía mi viejo, abajo de la pileta, en su casa.

Dice que ya a los 7 años festejó su cumpleaños con un show, y el recuerdo de aquellas fiestas es que, mientras él cantaba, sus compañeritos jugaban a la pelota en el fondo, desentendidos del asunto. "Había algunos que miraban, la mayoría eran chicas."

-¿Siempre pensaste en ser músico?

-Hubo un momento en que, como todo hijo rebelde, no quería saber nada. Pero cuando me puse a pensar en qué quería hacer, era inútil rehusarme a la música. Retomé y salió todo esto a la luz. Me pregunto cómo pude haber renegado de la música un año entero de mi vida. Cuando veo los videos de mi infancia, me doy cuenta de que no tenía escapatoria. Siempre pensé en hacer discos y salir a tocar. Porque es satisfactorio para mí y estar contento con lo que uno hace es una de las cosas principales de la vida.

Con 12 años a cuestas, su padre le pidió que lo ayudara en algunas letras y ambos cumplieron el sueño de firmar juntos una canción, "Adiós" (G. Cerati y B. Cerati), para el álbum Ahí vamos. Tres años después, la repentina muerte de Michael Jackson lo inspiró para grabar junto a su hermana Liza un álbum tributo al ídolo de la adolescencia. Su papá, cuándo no, entusiasmado, le hizo algunas sobregrabaciones. "Él me ayudó mucho con los falsetes. Produjo y mezcló todo y después se lo llevó a la última gira para terminarlo. No se pudo concretar por lo que pasó, pero me intriga saber a qué llegó. Ahora subí las canciones originales a YouTube para que la gente las escuche. Es como un proyecto familiar, nuestra parte más popera."

A los 16, Benito firmó la coautoría de cuatro canciones de Fuerza natural, hasta aquí el último álbum de su padre. En 2011, a un año del ACV que Cerati sufrió en Caracas, asumió con convicción su destino musical y se subió por primera vez a un escenario público para ser telonero del grupo Pacific!, uno de los preferidos de su padre en los últimos años. El homenaje (y exorcismo) incluyó a Benito tocando la guitarra de papá. "Toda mi música, todo lo que el martes sucedió fue por y para vos", escribió al día siguiente en su Facebook. Por entonces, comenzó a modificar el nombre de sus bandas para desorientar: Entre Paréntesis, Chrome, Blank Tiger, Zero Kill.

El 26 de noviembre del año pasado, el día de su vigésimo cumpleaños, Benito presentó Trip Tour en un pequeño local de San Telmo, ante amigos, familiares, un puñado de seguidores, varios ex compañeros de ruta de su padre y una decena de cámaras de televisión, a contramano del espíritu independiente con el que este joven músico decide moverse, al menos por ahora. "Podría estar tocando en el Luna Park, pero no corresponde, no siento que sea el momento. Quiero seguir el camino que tengo que seguir, porque si salteo veinticinco etapas no tiene gracia. No quiero quemarme. Prefiero ir despacio", dice.

Benito asegura que la escena está repleta de artistas y bandas nuevas muy buenas -nombra a Sobrenadar, Rayos Láser, Guille Beresñak, Lisandro Aristimuño-, pero sostiene que a la mayoría "se le complica hacerse conocer porque no se les da cabida. Seguimos yendo a ver a los artistas de los 70 y los 80, y por ahí hay grupos muy buenos a los que los van a ver cinco personas y podrían ser los Strokes argentinos. Acá hay un problema con la difusión".

Melómano por naturaleza y psicodélico por opción, sugiere que no le gusta hacer las cosas como se deben hacer en lo referente a la música. "Lo mío tiene mucho de error, muy Brian Eno, todo. Me gusta eso de dejar todo lo que hiciste mal. Es experimento puro. Ahora tengo canciones sin estructuras, en las que por ahí aparece una parte lírica que nunca vuelve, o la voz dice dos frases y desaparece. Me gusta que cada instrumento tenga su participación, porque desde que la música se hizo popular, la voz está saturada. Me divierte usarla cuando se tiene que usar y, después, focalizar en climas y ese tipo de música."

Sí, Benito se parece mucho a su padre cuando tenía su edad. Los ojos, la nariz, el rostro anguloso, cierto desparpajo y el brillo en la voz cuando habla de música. "Uh, sos igual a tu viejo", es lo primero que le dice el fotógrafo cuando lo ve. Benito sonríe con timidez y se entrega con amabilidad a la conversación. Dice que ya tiene casi listo un nuevo álbum -"va a ser más experimental, pero más crudo, más power trío"-; que en agosto actuará por primera vez en Chile, su segunda casa, como telonero de Babasónicos, y que su búsqueda artística tiene que ver con el cambio: "No quiero quedarme estancado en ningún lado ni ser exclusivamente una banda de rock, ni nada parecido. Mi meta sigue siendo la mutación constante".

-¿Qué te imaginás que te diría tu papá sobre el disco?

-El siempre me ayudó mucho en lo que yo quería hacer musicalmente. Siempre le mostraba mis canciones y le sigo mostrando mis demos. Siempre fue muy compañero, y va a seguir siéndolo. Yo creo que le gustaría.

"Un impulso vacío. Le temo a la oscuridad. A veces pienso que se termina el mundo, el que conocí. Corazón centrífugo, me atrapa y lo sabés", canta Benito en el tema que cierra su debut oficial. "Disfruto mucho de escribir y tengo un montón de cosas escritas. Hasta novelas. Me gusta ese mundo y me hace conocer más de mí mismo, porque escribo cosas en las que no sé de qué estoy hablando y después, cuando las releo, me doy cuenta por qué lo hice. Me sirve para conocerme. Las letras de Trip Tour reflejan un momento de mi vida en que la estaba pasando mal, un toque bajón, pero no son explícitas. En este disco ya no hablo tanto de mí", dice, y promete que otros personajes lo aguardan en el porvenir.

En 2006, Gustavo Cerati acababa de lanzar Ahí vamos, el álbum que certificó su reencuentro con las masas, ahora como solista. Muy orgulloso, durante las entrevistas promocionales contaba que su hijo, Benito, lo había ayudado con varias de las letras de las canciones. "No sé cómo no lo hice antes", alardeaba, baboso, sobre el vínculo creativo que mantenía con su hijo mayor, por entonces de 12 años. "Benito viene haciendo sus canciones desde los 4 años. Me encanta que en sus juegos de niño incluya el escribir canciones, sin ningún tipo de responsabilidades. Porque yo, de última, puedo manejarme con cierta libertad, pero es mi trabajo, en algún punto tengo que ponerme a componer porque, si no, qué hago. Siento que tengo que hacerlo, hago gimnasia para hacerlo. Pero un niño no tiene que hacer nada de eso, lo hace por imitación, porque ha mamado eso desde chico y ya desde entonces tenía sus instrumentos y hacía su música. Y de pronto empezó a escribir, se puso a escribir guiones de películas, y letras que me mataban", confesaba en diálogo con LA NACION hace ocho años, aunque esas líneas no fueron finalmente publicadas en ese momento.

"Desde muy chiquito, Benito tenía ciertas cuestiones de profundidad que me dejaban tieso. Por ejemplo, la forma en que procesó la separación [se refiere a la de sus padres]. Todos hacemos catarsis de alguna forma, y hay canciones de él que son para nosotros, en las que se demuestra cuánta sabiduría hay en esa inocencia. Es algo para admirar y aprender todo el tiempo."

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