
Bergman, Dios y la señora Liv Ullmann
Dice que no le desea a nadie estar casada, como lo estuvo ella, con el autor de "Cuando huye el día"
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"Siento el derecho de contar esta historia que vivió y escribió Bergman porque mi vida no fue espléndida. Yo también hice muchas elecciones equivocadas. Y hubiera deseado ser más cuidadosa al incorporar la vida de otra gente en mis elecciones. Pero de esto me doy cuenta sólo ahora, a los 60 años."
A la actriz y directora Liv Ullmann, el exorcizar para el cine la culpa de su ex marido, el genial director sueco Ingmar Bergman, la impulsó a hacer también su propio análisis de conciencia acerca de sus elecciones morales y afectivas. En su quinto film como realizadora, "Infidelidades" (Trölosa), que compitió el año último en Cannes y que se acaba de estrenar en el país tras su presentación en el Festival de Mar del Plata, llevó a la pantalla un guión de Bergman en el que el director repasa un episodio de su vida, un tortuoso triángulo amoroso con una actriz (madre de una nena) casada con un director de orquesta. En una charla con La Nación , la actriz que fue pareja del director durante cinco años no duda al decir: "Gracias a Dios ya no es mi marido, porque no quisiera eso para nadie, pero también debo decir: gracias a Dios que él es hoy mi socio creativo".
-La protagonista de su película dice: "Si no estuviera tan moralmente aleccionada, la infidelidad me hubiera parecido excelente y hasta la disfrutaría". ¿Qué opina sobre los comentarios de que el film abunda en lecciones morales?
-Probablemente me equivoqué al hablar tanto de moral, porque muchos destacaron ese punto. No fue ésa mi intención. Bergman quería hacer una película sobre lo que sucede después de que jugamos con los afectos. Pero es cierto también que a mí me interesó analizar ciertos valores. En distintas generaciones, todos hemos sido educados para "no hacer esto", para no tener amantes si estás casado. Ahora que reflexiono siento que estoy viviendo en un mundo que tiene un mayor vacío de valores que cuando los adultos tenían alguna autoridad, y cuando los políticos mentían -tal vez como mienten ahora-, pero por lo menos nosotros no lo sabíamos. Creo que la película está mostrando lo que sucede. No es la moralidad de las palabras, sino la moralidad de la audiencia para hacer elecciones después de verla. Nadie hace las cosas correctas en esta película, excepto la nena. Todos están engañando a todos.
-¿En su vida personal, también ha sentido la infidelidad como "una diversión antes de la muerte", como dice Marianne?
-Sí, yo estuve en esa situación en donde al principio todo es un juego y luego no vemos cuán doloroso puede ser. Pero tenemos que saber que la tragedia va a suceder de alguna forma. No he escuchado de nadie que haya ido a París con alguien pensando en divertirse por cinco días y luego vuelva a la casa para divertirse aún más con su marido. Tal vez los hombres estén hechos un poco más de esa forma.
-Se dice que la culpa impulsó a Bergman a escribir este guión. Si bien no cuenta su historia, ¿cree que darle el guión fue una manera de disculparse con usted?
-En realidad, hubiera sido muy bueno que así fuera, pero no fue así (risas). No he sido la única mujer que él amó y que dejó. El me dijo que se sintió muy culpable por esa mujer y que por eso escribió con mucho esfuerzo esta historia. En realidad, él me contó que aquella noche que ella volvió a la casa después de haberse encontrado con su marido, él sintió que había perdido el control sobre ella y que por eso se volvió tan violento y la dejó después de un tiempo. Y eso para un hombre creo que es peor que la culpa. Igual, Ingmar dice que no puede perdonarse a sí mismo por lo que hizo esa noche. Tal vez por eso me dio su guión. En realidad creo que me pidió que hiciera esta película porque lo conozco bien, porque le gusto como directora, porque soy mujer y porque sabe cuál es mi experiencia en la vida.
-En la historia verdadera, ¿qué pasó con ese triángulo amoroso?
-El marido siguió con su vida. Ella murió ahogada muchos años después. Cuando ella estaba por tener el bebe de Bergman, él ya se había ido a hacer una película y se había alejado de ella con una nueva actriz. Cuando se encontró con ese bebe, ya tenía tres meses.
-Usted se ocupó de enfatizar el lugar de los hijos como víctimas. ¿Por qué cree que él no reparó en eso?
-El nunca se sintió culpable por la criatura. O tal vez sí, y en el fondo lo que él realmente quería decir era "lo siento, hija mía". Pero no pudo decirlo porque también habría perdido esa fantástica imagen de padre. Y tal vez por eso él me dio su guión a mí, porque sabe que yo conozco el otro lado, qué tipo de padre fue para sus hijos.
-¿Le gustó a Bergman su película?
-Sí, pero no quería ese final, y hubo montones de cosas que no quería. Pero yo no estaba de acuerdo con esa película y él aceptó mi decisión.
-¿Fue difícil convivir con el narcisismo del genio?
-El hecho de alcanzar la estatura que tuvo y tiene no lo hizo cuestionarse que la vida no estaba ahí para servirlo a él. Nunca tuvo la tarea de cuidar a sus hijos, nunca fue ésa su vida. Entonces él se permitió ser un genio y también lo hizo la gente alrededor de él, porque si no le permitían hacer ese tipo de cosas no podían estar alrededor de él, especialmente a las mujeres. No significa que haya tenido un mal carácter. Sólo que él no conoce otro tipo de vida adulta.
-¿Cómo lidió con su egoísmo habiendo sido su actriz y su mujer?
-Era tan jovenÉ Fuimos pareja entre mis 25 y mis 30 años. En ese entonces pensaba que vivir con un gran hombre era así. Y fue muy duro. Pero yo era muy distinta, no hablaba mucho, era muy tímida, sentía a todo el mundo como una autoridad, y que mis valores venían de todos quienes me rodeaban, incluso de mi perro. Me llevó mucho tiempo entender que sólo hay una autoridad en mi vida, que es Dios. Fueron cinco años viviendo en la isla, en esa casa que él construyó. Pero yo lo amaba mucho y compartimos mucho. Todavía somos amigos, padres, colegas creativos. Después de 38 años, gracias a Dios, él no es mi marido porque no quisiera eso para nadie. Pero gracias a Dios él es hoy mi socio creativo.
-¿Qué aprendió de la vida con Bergman y a través de sus películas?
-Yo aprendí un montón durante esos cinco años que vivimos juntos, pero aprendí mucho más incluso antes y después. Creo que podés aprender de las películas que ves, pero no necesariamente de las que hacés. Usás lo que sabés en las películas que hacés. Si no sabés qué hacer, ¿cómo podrías actuar o dirigir? Lena Endre, por ejemplo, no vino a mí y me dijo que no sabía nada acerca de una mujer casada que tiene un hijo, que es infiel y está desesperada. Lo sabía todo. Bergman no le dijo al actor de "Cuando huye el día" cómo tenía que actuar de viejo asustado moribundo. No le dijo a un hombre viejo cómo estar asustado ante la muerte porque el hombre viejo ya lo sabía, de hecho murió al poco tiempo.
-La desintegración de su pareja y la amistad posterior quedó plasmada en "Escenas de la vida conyugal"...
-Sí, pero cuando la hicimos ya no estábamos en pareja. Pero es cierto que él usó muchas experiencias de nuestra relación en esa película, casi basó el personaje en mí.
-¿Qué le enseñó Bergman respecto de la dirección de actores? Por ejemplo, ¿qué recuerda sobre cómo él llevó su propia actuación en "Cara a cara"?
-Mi personaje tenía que suicidarse al llegar a la casa de su niñez, a su cuarto de infancia. Ingmar me dijo: "Te sentás en la cama, te tomás todas esas pastillas, y luego te acostás y morís". Ese tipo de instrucciones da al dirigir. Un segundo antes de comenzar, escuché que le preguntaba seriamente al apuntador: "¿Cambiaste las pastillas para dormir, pusiste las de azúcar?" E inmediatamente la cámara comenzó a rodar. Me senté en la cama, abrí el frasco, tomé una, dos, y vi mi mano temblar. Pensé: "Esto es bueno para suicidarse". Y entonces, las tomé todas y me dije: "Voy a morir por mi arte". Yo ya estaba tirada en la cama pero él no decía "Corte". Entonces pensé que tenía que hacer algo más. Miré a la pared, pensé: "¿Veré estas paredes por última vez". Pensé en el tiempo en el que fui joven, feliz y pequeña. Entonces las toqué. Estaba muy conmovida por mí misma y creo que lloré un poco también. Pero él no decía "Corte". Ya estaba cansada, entonces pensé: "Probablemente miraría la hora para saber a qué hora voy a morir". Entonces lentamente miré el reloj y después cerré mis ojos y ahí sí escuché el "¡Corte!" Esa toma, que fue la única, duró cerca de diez minutos. Lo fantástico fue haberme permitido aportar mis ideas. Sólo tuvo que decir esa pequeña cosa: "¿Cambiaste las pastillas?", para que yo pudiera utilizar mi miedo. Como director él sabe que soy un poco naïve y que conmigo iba a funcionar. Finalmente, lo único que dijo después fue: "Bueno, no tengo que suicidarme, ya lo he visto". Ese fue el elogio.
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