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En transición hacia un sonido más adulto, Beyoncé se puso conceptual. Su tercer trabajo se reparte en dos discos: una colección de sentidas baladas con el nombre de Beyoncé y un set bailable, más descarado y feminista, atribuido a su álter ego Sasha Fierce. Si bien algunos de los lentos tienen melodías memorables, las letras están repletas de autoafirmación e incluyen frases tontas, como "sos todo lo que pensé que no eras". El disco Sasha, en cambio, cuenta con la música más osada que Beyoncé haya hecho jamás. Se sube al tecno más espumoso en "Radio", nos trae unas melodías disonantes sobre una base de batería electrónica Roland 808 en "Diva" y le pone jugo a los espeluznantes compases nineinchnaileanos de "Video Phone", con líneas como "Aprieta «record» y dejaré que me filmes". Otro plus: la chica que estalló al ponerse melismática jamás sonó tan contenida como lo hace en Sasha.
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