
Bidú Sayao, un mito eterno
A los 97 años, la soprano brasileña murió en Nueva York, afectada de pulmonía
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NUEVA YORK (EFE).- La soprano brasileña Balduina de Oliveira, más conocida como Bidú Sayao, murió anteayer de una pulmonía en un hospital de Nueva York, a los 97 años, tras permanecer más de un mes internada en el centro Rockwell Maine, confirmaron sus familiares y su amiga Hazel Eaton. Su sobrino cumplirá su voluntad de ser incinerada y esparcir sus cenizas en la bahía que queda frente a su casa, en la playa de Lincolnville.
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Un halo de misterio rodeo la vida de la excepcional soprano brasileña Bidú Sayao, de cuya muerte informaron los cables y una llamada telefónica de la soprano argentina Delia Rigal, visiblemente consternada, desde la ciudad de Nueva York.
Su verdadero nombre fue Balduina de Oliveira, que en 1926 hizo su debut en Roma, en el teatro Costanzi, de Emma Carelli, encarnando el personaje de Rosina, en "El barbero de Sevilla", de Rossini, precisamente el título de su presentación en Buenos Aires, dos años más tarde, en la temporada de primavera de 1928, organizada por el Teatro Colón.
Nacida en Río de Janeiro el 11 de mayo de 1902, hace cosa de veinte años se habló de una vida miserable, poco menos que pidiendo limosna. Años después se supo que había asistido a varias funciones en el Metropolitan, de Nueva York, y que llevaba una vida sencilla, pero sin privaciones. Al poco tiempo corrió la noticia de su muerte, pero ningún cable dio cuenta de ello, y otra vez se le perdió el rastro.
Ahora la noticia se ha confirmado y no podrá ser una nueva leyenda; es una verdad irrefutable: se trata de la desaparición de una exquisita artista, que fue ídolo de los porteños a partir de aquella primera aparición, con comentarios laudatorios por su bello timbre, facilidad para transitar las agilidades del estilo rossiniano y de amplia extensión para colocar con brillo las notas agudas.
Sin haber sido una belleza ni una figura espigada, arrancaba suspiros por su suaves modales, su expresión delicada, su voz cristalina y su impecable musicalidad.
Su paso por el Colón
Al año siguiente de su primera aparición en Buenos Aires, retornó para repetir el "Barbero" y encarnar a Gilda en "Rigoletto", de Verdi, junto al tenor Ian Kiepura y al barítono Apollo Granforte, bajo la dirección de Alfredo Padovani. También cantó en el Colón "Il Re", de Umberto Giordano, título que no volvió a ser ofrecido; fue excelente como protagonista de "Lucia de Lammermoor", de Donizetti, junto al célebre Aureliano Pertile, con la batuta de Héctor Panizza.
Pero fueron sus visitas de 1939 y 1940, es decir, diez años después, cuando pudo apreciarse la jerarquía que había adquirido como soprano lírica, y muy especialmente como creadora de una Violeta, en "La traviata", de características conmovedoras, y una Mimí, en "La Bohéme", de Puccini, igualmente desgarradora. Asimismo, el público local la valoró en otros de sus grandes personajes, Manon, en la ópera homónima, de Jules Massenet, en la cual lució su reconocido prestigio internacional como estilista del repertorio francés.
En este terreno formó parejas insuperables con los tenores George Thill, Raoul Jobin y Jussi Björling, con este último en especial al dar vida a Julieta, en "Romeo y Julieta", de Gounod.
Bidú Sayao fue alumna principiante de la soprano ítalo-rumana Elena Theodorini, en Río de Janeiro, la que la preparó para cantar a los 18 años una Lucia en el Teatro Municipal. Luego, en Niza, del célebre tenor polaco Jean De Reszke. En Nueva York llamó la atención de Arturo Toscanini al presentarse en un recital, razón por la cual fue contratada para la temporada del Metropolitan para ser la heroína de "Manon", generando una noche triunfal en su debut, tarjeta de presentación que la vinculó con el gran teatro entre 1931 y 1951, escenario que la vio en más de doscientas representaciones líricas, entre las que sobresalió como Melisande en "Pelleas et Melisande", de Debussy (otra de sus creaciones más estimadas) y en varios títulos de Mozart. Los teatros de Washington, Chicago y San Francisco la tuvieron en sus elencos en varias oportunidades.
Su amor a Brasil y Villa-Lobos
Es justo recordar que Bidú Sayao, cuyo primer esposo fue el empresario Walter Mocchi, compartió con el gran creador Heitor Villa-Lobos el amor por la música telúrica de Brasil, y junto a él no sólo trabajó incansablemente para difundirla, aspecto que logró con creces al incluir en sus recitales composiciones del cancionero tradicional, con arreglos de Francisco Braga, de la que fue subyugante intérprete, sino que además registró de manera excepcional la célebre "Bachiana brasileira" Nº 5, con dirección de Leonard Rose al frente del conjunto de ocho violoncelos, de cuya aria dio una lección de musicalidad y buen gusto. Asimismo, registró "Floresta del Amazonas", con dirección del propio compositor.
El segundo esposo de la cantante fue el barítono Giuseppe Danise, que se retiró de la escena para atender su carrera; fue en esa época que abordó un primer rol dramático: Margarita, en "Mefistófeles", de Boito. Al poco tiempo, en 1954, fue Zerlina en "Don Giovanni", de Mozart, en la inauguración de la Opera Lírica de Chicago. Fue su última aparición en una representación de teatro cantado, pero continuó ofreciendo recitales y conciertos con orquesta hasta que, en 1957, en forma imprevista, se despidió de los escenarios norteamericanos interpretando "La demoiselle elúe", de Debussy, una obra tan delicada y transparente como su propia personalidad.
Al año siguiente, como no podía ser de otro modo, logró dar su adiós a sus compatriotas en una presentación para muchos cariocas inolvidable. Cuando murió su esposo, en 1963, residía definitivamente en Estados Unidos y sus apariciones públicas fueron cada vez más espaciadas, aunque ese misterio del que se habló al principio la transformó en un mito tan cambiante, exuberante y colorido como su Brasil natal.
Hasta se dio el placer, durante un largo día de Carnaval, en 1995, de desfilar entre la batucada de la escola do samba "Beija Flor" (picaflor), junto a las mujeres más alegres y movedizas del mundo. Su gloriosa ancianidad no perdió el ritmo y hasta se asegura que su voz resonó tan pulcra y poderosa como en sus mejores noches de la ópera. ¿Qué contrato habrá firmaron Bidú Sayao para su eternidad?





