Billy Crystal, la cara del Oscar
El actor está asociado con la ceremonia
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LOS ANGELES.- Desde chico tuvo esa mezcla entre artista y hombre de negocios que ha hecho que hoy Billy Crystal sea algo más que un famoso actor. Propietario de una pequeña compañía productora que funciona como una subsidiaria de Castle Rock, la empresa cinematográfica que forma parte de la poderosa Time Warner, Crystal en estos días está tan concentrado en producir películas como en preparar la próxima noche de los Oscar.
Hijo del dueño del sello discográfico Commodore, Billy estaba destinado a heredar el negocio familiar y a pasarse la vida negociando contratos con músicos de jazz. Pero él tenía otros planes. Antes de terminar la escuela secundaria ya había debutado en un club de comedia demostrando que no le faltaba talento.
Sin embargo, el éxito fue producto de la perseverancia más que de la suerte, ya que sólo cuando tenía treinta años cumplidos obtuvo cierto reconocimiento al debutar en la pantalla chica con la comedia "Soap", donde permaneció durante cuatro años interpretando al primer personaje abiertamente gay de la televisión norteamericana.
Según pasan los años
Otros diez años tuvieron que pasar para que Crystal se transformara en una personalidad cinematográfica. "Throw Momma From the Train", en donde Danny DeVito debutó como director, fue su consagración como estrella. Y el tierno romance que compartió en "Cuando Harry conoció a Sally" con la actriz romántica por excelencia, Meg Ryan, lo colocó definitivamente en la lista de los número uno. "City Slickers" lo hizo tocar el cielo con las manos, un cielo que se derrumbó bajo el peso de "Mr. Saturday Night" , "City Slickers II" y "Un papá de sobra", ninguna de las cuales tuvo suerte en la boletería.
Pero donde Crystal es verdaderamente exitoso es en la entrega de los premios de la Academia.
-Alguna vez dijiste que estabas harto de los Oscar...
-Bueno, mentí...
-¿Pero por qué querés volver a hacerlo? Es un trabajo muy pesado...
-La verdad es que durante tres años no los presenté porque realmente necesitaba unas buenas vacaciones en ese sentido. Presenté cuatro Oscar, tres Grammy, organicé siete conciertos de "Comic Relief". Llegó un punto en que me sentí obligado a presentar todo premio que se entregaba en Estados Unidos. Y me sentí maravillosamente bien de no participar los años que Whoopi Goldberg y David Letterman se hicieron cargo del Oscar. Pero durante todo este tiempo la gente de la Academia me ha estado insistiendo para que volviera. Y yo me negaba porque organizarlo me llevaba buena parte del año, de la manera en que a mí me gusta hacerlo.
Nunca me interesó aparecer por allí una semana antes para ver qué es lo que se me ocurría. Porque no es que yo me presento ese día y leo lo que dicen las tarjetas que tengo en la mano. Trabajo durante dos meses en ese show. Desde el día en que le digo que sí a la gente de la Academia los Oscar, se convierten en un dolor de cabeza hasta el día que digo "buenas noches".
Tengo que escribir cientos de bromas junto con los otros guionistas. Y debo tener listo un chiste para cada actor, actriz o director que gana un Oscar. Por lo tanto, necesito por lo menos cinco buenos chistes para cada posible ganador, pero para tener esos cinco chistes, que son realmente buenos, tuve que escribir cincuenta. Cada presentación del Oscar significa mil quinientas cosas en mi cabeza. De todos modos, tuve experiencias maravillosas presentando los Oscar y finalmente me di cuenta de que si lo hago bien, ¿por qué no voy a seguir haciéndolo? Sobre todo porque en definitiva la paso bien haciéndolo.
El año último me divertí mucho porque encontré una nueva forma de empezar el show. A la gente le encantó la peliculita que inventé. A decir verdad, rechacé hacerlo este año seis meses atrás, porque tenía que ocuparme de promover mi nueva película, "My Giant", y además tenía que empezar otra con Robert De Niro a principios de abril. Eran demasiadas cosas para mí. Pero al final, como no podían encontrar a nadie que lo quisiera hacer, volvieron a insistir. Me puse a llamar a muchos amigos para ver si estaban interesados. Y finalmente tuve que asumir que iba a tener que hacerlo yo.
-¿Te presionaron mucho para que lo hagas?
-Debo decir que sí. Pero estoy seguro de que nos vamos a divertir mucho con el programa.
-¿Va a haber algo con el Titanic?
-Mmm... no lo sé ¿por qué tendría que haberlo? Lo que sí puedo comentar es que el otro día estaba escuchando por la radio que en Las Vegas se están tomando apuestas tres contra uno a que yo voy a hacer un strip-tease en honor a "The Full Monty" durante este show. No sé si habrá apuestas sobre si me voy a presentar con un salvavidas.
-¿Va a ser difícil superar lo que has hecho en el pasado?
-Claro, siempre está esa presión, la de competir contra uno mismo. Pero no me lo tomo de esa manera. Voy a pasarla muy bien, porque hay muy buenas películas compitiendo.
-¿Aceptarías que tu humor es más suave a la hora de presentar los premios que el de Whoopi o el de David Letterman?
-No necesariamente, y tampoco me comporto de esa manera cuando he presentado los Oscar, porque ésa es una noche para burlarse de todo el mundo. Nunca he atacado a nadie porque no me resulta atractivo, me aburre ese tipo de humor.
-¿Dirías que falta creatividad en Hollywood?
-Obviamente. Si yo te contara las porquerías que me llegan a mi escritorio y me proponen que empecemos a filmar al día siguiente... Y yo me pregunto, ¿cómo pueden pensar en hacer esto? Y luego pienso si no seré yo el que está fuera de la realidad. Pero después recibo un llamado y un ejecutivo me pregunta si quiero ser Mr. Magoo. ¿Querés ser Billy Cody? En cualquier momento me van a preguntar si quiero hacer de Flipper. No hay creatividad. No puedo decir que falte inteligencia, porque hay guionistas muy despiertos trabajando en Hollywood, pero falta imaginación. El problema es que en Hollywood hay más empresarios que artistas...
-¿Siempre quisiste ser actor?
-Siempre. Me encanta todo lo que tiene que ver con la actuación. Me gusta improvisar frente al público. Pero lo que más me gusta es dirigir. Creo que pienso más como un director que como un actor. La verdad es que no sé si me considero solamente un actor, porque prefiero no limitarme. Y siempre me están llamando para dirigir, para producir y para actuar. Y me alegro de que sea así.





