
Más de 70 mil personas disfrutaron del festival más importante del país, en la nueva capital rockera.
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Por Cuatro Días, Loco Brahma Cosquín Rock. Plaza Próspero Molina. Febrero 6,7, 8 y 9. Cosquín, provincia de Córdoba.
Fue, sin duda, algo mucho mas fuerte que un simple festival de rock. El fenómeno sociocultural que representó la tercera edición del Cosquín Rock opaca cuaquier análisis puntilloso de cada uno de los shows. Por la afluencia de público (más de 15 mil personas por noche, llegadas desde todo el país), personajes cercanos al medio (promotores, periodistas, productores, dealers) y músicos (incluso los que no tocaron, como Tete y Tanque, de La Renga), el evento transformó a la ciudad cordobesa en el ombligo del mundillo rocker argentino.
Además de resultar una gran vidriera algo así como el desfile de novillos y vacas sagradas en la Sociedad Rural del Rock, Cosquín es un punto de encuentro de artistas de distintos palos que se reconocen como pares y que descubren afinidades con bandas en las que, hasta entonces, nunca habían reparado. Puntualmente, Germán Daffunchio quedó muy impresionado con El Otro Yo, e hizo muy buenas migas con Cristian Aldana (y también con Adrián Dárgelos, de Babasónicos). La trastienda fue fantástica y estuvo regada de... ¡cerveza! Como en años anteriores, las vedettes fueron las quince bellísimas promotoras encargadas de distribuir parte de los 180 mil litros del dorado elixir en la zona de los camarines, en medio de un constante desfile de músicos que hacía gala de una camaradería lindante con lo choborra.
El jueves, con la plaza colmada y la luna asomando, aparecieron las primeras bengalas: Mancha de Rolando cantó "La planta" y su frontman, Manuel Quieto, elogió la región y arengó a seguir haciéndole el aguante al rock. En camarines, los músicos de la banda festejaron con una guerra de cerveza, cual corredores de tc. El show de Catupecu Machu fue incendiario: un motor de energía inagotable que los encontró otra vez nadando sobre la marea humana.
Aunque un rato antes de salir a escena Daffunchio desmitificaba la localía serrana de Las Pelotas, la gente recibió a la banda con especial aprecio. Y entre hits coreadísimos, como "Capitán América" y "Shine" (con una brillante escenografía natural de rayos y relámpagos), se produjo un encuentro que fue uno de los highlights de los crossovers del rock vernáculo: Andrés Ciro, de Los Piojos, cantó "La rubia tarada", y la Plaza explotó. "Cumplí un sueño", dijo. (Fue una semana dura para Ciro: se llevó un ojo morado jugando a Titanes en el Ring con El Perro uno de los organizadores y al otro día perdió en un desafío golfístico con Daffunchio.) "La Bolsa", hit cuartetero de la Bersuit, le puso fin a un set fiestero y tan agitado como toda la noche.
El viernes hubo una invasión de remeras de Flema. Después de los grupos locales, Karamelo Santo sorteó los problemas de sonido a fuerza de presencia escénica y armonías latin-pukies. La 25 mostró su dogmatismo stone de puro rock & roll. Intoxicados, con un Pity Alvarez teñido de rubio y especialmente inspirado, brindó un show ecléctico que abrió con "Mil velas", una postal suburbana en forma de rap; luego mechó temas de Viejas Locas, sorprendió con la calamaresca "Se fue al cielo" y cerró con "Quieren rock". El agitómetro rebasó los límites con Kapanga, la banda más festivalera del país, que combinó nuevos éxitos como "En el camino" con un clásico "El mono relojero"; un cover de "A veces", de Mambrú, y fragmentos de temas de La Renga, Nirvana y Los Redondos, entre otros. El Otro Yo contagió energía, y conquistó nuevos corazones con los temas del flamante Colmena y un cover: "Fuck You", de Sumo.
Lo de A77aque fue brillante. La imagen de músicos de El Otro Yo, Intoxicados y Karamelo Santo coreando "Donde las águilas se atreven" fue una síntesis del espíritu de camaradería que invadió el festival. Divididos cerró la noche: impecables (como siempre) en lo musical, aunque distantes con el resto de los mortales, músicos y público, que poblaban la Plaza.
Desde el Uruguay, Abuela Coca mezcló candombe, rap y ragamuffin y fue en una de las revelaciones del sábado (y de todo el festival); sus dreadlocks, su movilidad y su carisma convierten a Gonzalo Brown en un frontman fantástico [véase recuadro]. Luego vino el bloque (ex) cadillac: Ariel Minimal y Pez inundaron de punk progresivo el tablado y dieron paso al rocksteady y los boleros de Mimi Maura, que avanzó varios casilleros en su proyección en el plano nacional.
Vicentico fue de lo mejor que dejaron las cuatro noches de festival, con un show fino y superbailable. Su pequeña orquesta de percusión (más la trompeta cautivante de Ervin Stutz) se vuelve irresistible, tanto en las canciones nuevas como en los clásicos fabulosos. La gente siguió con respeto el show de Babasónicos hasta que finalmente entró en frecuencia y terminó ovacionándolos. Fito Páez vivió una noche de gloria, con un show plagado de hits que dejó una sensación: el rosarino regresó al rock. Charly repasó sus clásicos de siempre ("Cerca de la revolución", con Fito), presentó un tema nuevo ("Asesíname") y dejó caer al abismo un cochecito para mellizos (el día en que nos enteramos del finalmente frustrado doble embarazo de la Bolocco). Say No More.
Otra de las revelaciones fueron Los Umbanda de la Turka, con un set de reggae y psicorrock-étnico, que abrieron la noche del domingo. La Agrupaxión Skabeche divirtió con sus disfraces. Omar Mollo presentó a los nuevos músicos de mam y se consolidó como un patriarca rockero. Pappo, con su avalancha de blues hiteros, dio un show al palo. Para el recuerdo: la versión coreada por toda la Plaza de "Desconfío de la vida". El cierre llegó con Los Piojos; una versión de "Shine", con Daffunchio, clásicos de siempre y el carisma imbatible de Andrés Ciro, broche de oro de un encuentro sensacional.
El festival fomentó, también, una pequeña reactivación económica. El cartel de una despensa (gracias chicos por venir) daba cuenta de lo que representa el aluvión rockero para los comerciantes de la zona. Las remeras no oficiales del festival aludían a la "juventud rockera y pacífica" (sic). La derecha, también, para la organización y... ¡la policía! Por cuatro días locos, Cosquín fue un carnaval de rock y paz.
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