Brasil no sólo canta samba
Los ritmos del litoral tienen notables intérpretes gaúchos .
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La gente que el viernes y el sábado últimos acudieron a la quinta edición del Porto Alegre en Buenos Aires, una suerte de Mercosur musical que pretende un intercambio entre los artistas locales y los del sur de Brasil, se encontró con ritmos que el público en general no asocia con los sonidos brasileños.
La primera y segunda noches del Porto Alegre sirvieron para romper con ciertos tópicos y generalidades sostenidos por cierto desconocimiento de la música popular brasileña. Además de conseguir una gran afluencia de público joven: los que no habían podido ubicarse en las cómodas butacas de la sala A-B tuvieron que sentarse frente a la pantalla montada en la plaza seca del centro cultural.
Muchos se sorprendieron cuando Jorginho do Trompete (obviamente toca la trompeta), respetado y versátil músico de su tierra, se puso al frente de una numerosa banda para girar alrededor del funk y la fusión. Con una faena prolija, el trompetista llevó adelante una propuesta donde el funky ganó el clima general, revestido de algunos toques latinos y de la bossa nova en temas como "Morena" o "Salsa blues". Pero la sorpresa de la noche (no para quienes lo conocían de sus anteriores visitas) fue la aparición del acordeonista gaúcho Renato Borghetti. Vestido de chamamecero, con sombrero y en bombachas, el músico le sacó el jugo a su acordeón con una técnica precisa y un quinteto dúctil, capaz de imprimirles fuerza a los ritmos costeros o seguir la improvisación espontánea del acordeonista.
Borghettinho, como lo conocen en su lugar, sembró rápidamente el clima festivo con una interpretación histriónica y una sucesión de sonidos litoraleños y de otras regiones brasileñas como el forró o la ranchera nordestina, que sirvieron para el cruce con los músicos argentinos Gabriel Rivano y la dupla de Rudi y Nini Flores.
Los encuentros del acordeonista brasileño con los músicos locales fueron coloridos, pero en lo musical se ciñeron a una formalidad que no terminó de explotar las condiciones de cada uno.
Con Rivano en el bandoneón, la música litoraleña viró hacia un paisaje más rioplatense. Sin embargo, el músico argentino se vio un poco sobrepasado por la fuerza enérgica de Borghetti. Lo mismo sucedió con Rudi y Nini Flores, donde la guitarra y el acordeón aportaron su particular toque sutil al sonido gaucho, pero se vieron envueltos en la vorágine acordeonística del gaucho.
Muy diferente fue cuando el Chango Spasiuk se sumó a la banda y ensambló a la perfección con la propuesta de Borghetti. El misionero jugó con la ventaja de tener un temperamento en escena similar al del brasileño. El conocimiento de otros encuentros compartidos permitió otra soltura en vivo. En medio de uno de los temas, los dos acordeonistas insertaron el himno "Kilómetro 11" para unir sus instrumentos y trenzarse en un duelo de contrapuntos que levantó al público.
Después, con todos los músicos que habían pasado esa noche, Borghetti armó una numerosa banda para encarar un final previsible con el otro himno litoraleño: "Merceditas". Como en toda reunión de amigos, terminaron tocando una que sabían todos.
Otra noche distinta
El sábado fue el turno de cantautor Victor Ramil, que matizó su espectáculo entre temas de su CD "Ramilonga", algunos tangos y material de su próximo álbum, que está grabando en Buenos Aires, con producción de Pedro Aznar.
Su traje amarillo y su camisa negra fueron la única escenografía que lo acompañó en los primeros temas en el amplio escenario de la sala A-B. Pero pronto convocó a Esteban Morgado para dejar "Melodía de arrabal" y "Tinta Roja", entre otros tangos, y demostrar al público sus conocimientos sobre la música del dos por cuatro.
Otra vez en solitario volvió a la estética despojada de sus canciones. Si el día anterior el acordeón de Borghetti había ilustrado a los no iniciados en la música del sur del Brasil parecida a la del litoral, Ramil trazó la conexión entre las milongas sureñas de su país con el paisaje de la pampa argentina, marcados en las cadencias de "Noche de San Juan", de Pessoa, y la "Milonga de los negros", de Borges, ambas musicalizadas por este compositor gaúcho. Para la segunda mitad, Ramil convocó a los músicos que lo acompañan en su próximo disco: Aznar (alternó bajo, piano y guitarra, según el tema), y Santiago Vázquez en percusión. Con esta formación abandonó el clima intimista y a veces repetitivo de sus canciones. Fue lo mejor de un show que cerró con un cuarteto (otra vez con Morgado) y una excelente versión de "Retrato en blanco y negro".
El domingo, Lourdes Rodrigues y Rubens Santos (ver recuadro) cerraron este primer fin de semana de música brasileña.
Fueron cinco propuestas muy diferentes, que representan un Brasil musical más diverso y rico de lo que el público local está acostumbrado a escuchar.
Más festival
El quinto Porto Alegre en Buenos Aires sigue. Pasado mañana, a las 21, en el Club del Vino, se presenta Porto Alegre Canta Tangos. El viernes 10, en la sala A-B del C. C. San Martín, estará Arthur de Faria (popular). El sábado 11, en la misma sala, actúa Nenhum de Nós (pop-rock) y el domingo cierra Bebeto de Alves y La Milonga Nova (milonga pop).
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