
Bruce Willis, samurai en tierra de cowboys
Reportaje al actor "Entre dos fuegos", que se estrenará mañana
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VENECIA.- El pelo más oscuro que en oportunidades recientes, apenas sonriente, de mirada plácida, Bruce Willis, uno de los dos o tres número uno del cine de Hollywood, aprovecha las jornadas del festival cinematográfico veneciano para hablar de John Smith, un forastero con borsalino sobre la cabeza.
"John Smith es una alusión a Don Nadie", aclara Willis, con el aire de quien sabe que la audiencia también lo sabe.
John Smith es el nombre "anónimo" de su personaje del forastero en tierra de nadie. Las evocaciones parecen un juego de palabras para delimitar la ausencia de límites y de identidades, pero se trata de la extraña filiación de los personajes y el sitio de la película "Last Man Standing", que Líder estrenará mañana en Buenos Aires con el título de "Entre dos fuegos".
En el último año y medio, Bruce Willis protagonizó tres realizaciones cinematográficas diferentes, dos norteamericanas, "Last Man Standing" y "The Jackal", y una francesa, "El quinto elemento", la película futurista que se estrenó en el mundo entero antes de las vacaciones. "The Jackal", dirigida por Michael Caton-Jones, con Richard Gere y Sidney Poitier al lado de Willis, es una renovada versión de "El día del Chacal" _aquella joya de suspenso de Fred Zinnemann_ que espera turno de estreno en los Estados Unidos.
La ley de la nada
"Me encantó entrar en ese peligroso pueblito de Texas, quizá cercano a la frontera con México, donde la única ley la impone el transeúnte y cada uno tiene la suya, porque no hay ninguna," se refiere a su solitario John Smith.
"El personaje es un mercenario, un asesino que responde al dinero del mejor postor. No quiere ser un héroe _Bruce Willis construye con las palabras el carácter que le tocó interpretar_, sino un violento que lleva un arma en cada mano como prolongación de su personalidad. Pero en algún lugar tiene el corazón, no para el blanco de una bala, sino para una empresa más vasta que debe descubrir quien vea la película."
"Entre dos fuegos" o "Last Man Standing" se basa en un viejo guión de dos japoneses, Akira Kurosawa y Ryuzo Kikushima, y sirvió de sustrato para el célebre film del primero, "Yojimbo" (1961). Walter Hill lo adaptó de nuevo y lo llevó a la pantalla con Bruce Willis como protagonista.
Muy poco después de Kurosawa, el desaparecido Sergio Leone realizó su más famoso "spaghetti-western", "Por un puñado de dólares", basada también en aquella gesta japonesa.
Walter Hill, en su versión, reconstruye el pueblo del samurai anónimo de Kurosawa y el polvoriento poblado que recorrió el "Hombre sin nombre" de Sergio Leone, puesto en el cuerpo y el rostro del joven Clint Eastwood.
"Con una gran diferencia _Bruce Willis viene a establecer el nuevo punto de vista_, la de que este lejano pueblucho del Oeste se cruza con el universo del cine de gángsters de los años treinta y cuarenta. Los personajes reemplazaron el caballo por viejos autos de ciudad llenos de polvo."
"Además , en el film de Kurosawa, Toshiro Mifune respondía al código de honor de los samuráis, mientras John Smith no tiene nobleza alguna y más bien se acerca a mi interpretación de un bandido urbano en "Pulp Fiction". Se mueve por el dinero. Pero su costado de ambiguedad lo enriquece humanamente: es un poco loco y en algún lugar esconde la punta del corazón. Para llegar a ser bueno antes hay que violar los Diez Mandamientos". Willis se refiere enseguida al hecho de que la mujer, en la película, tarda en aparecer, "pero ni bien asoma, la imagen se llena de frescura y espontaneidad."
Tierra de violentos
Hablamos de la violencia, que en "Entre dos fuegos" abunda. "No más que en el viejo Hollywood _Bruce Willis se ataja_; las antiguas películas de gángsters se ven hoy con cariño y nostalgia, pero en su tiempo eran perversas, muy duras, y la violencia buscaba el espíritu del público, que concurría masivamente para despejarse de los dolores y de las miserias cotidianas."
"Hoy, el tema es más complejo, dado que Hollywood responde a formas de la política y la truculencia alterna entre el cine y la televisión. Observe _Willis se expresa en una aprendida seriedad_, la violencia mayor está en los noticieros de la TV, con tanta sangre, guerra y cadáveres metidos en los hogares. Bosnia en su momento; Africa es noticia siempre. En los Estados Unidos, el problema de la violencia cinematográfica sólo se discute en períodos de elecciones. Después, nadie se acuerda. Todos opinan: había violencia, más que ahora, hace doscientos años, y no existía el cine. La gente trae en sus genes el deseo de la violencia, el ansia de sensaciones fuertes. Personalmente, creo que las películas pueden contribuir a erradicarla. Estoy muy cansado de que quieran meterme en la cuestión de lo políticamente correcto. Me agota ese lugar común". Willis termina la frase con una mala palabra bien fuerte.
Un samurai en el Oeste
La pregunta sale sola: ¿va a intervenir en alguna remake de "Duro de matar"? La respuesta es con sorpresa: "¿Se va a filmar? A mí nadie me habló. Además, yo no volveré a hacer ese personaje." Otro solitario, inquirimos. "Sí, me gustan los personajes solitarios _muy seguro, el actor_, lo prueban mis películas. Desde "Duro de matar" hasta "12 monos" y "Pulp Fiction". Incluida, por supuesto, "Entre dos fuegos". Esta clase de personaje obliga a una mayor introspección y no "robar" tiempo de rodaje, como sugieren los mal pensados."
Esas películas le exigieron a Bruce Willis un obligado camaleonismo. Está muy presente su figura, meses atrás, cuando se mostraba con el pelo muy corto y, de tan rubio, casi blanco. "Esa es la caracterización para "El día del Chacal", donde, por supuesto, interpreto el papel del Chacal. Es difícil, porque no tiene otra salida que la muerte. Hay violencia, también, pero está trabajada cerebralmente, buscando tensión y dramatismo. Mis personajes son miméticos: me gusta travestirme y elaborar mi cuerpo y mi cara de modo distinto para cada película."
"Entre dos fuegos" tiene algo de Kurosawa y de Sergio Leone, pero no va a faltar quien la compare con el bizarrismo convulsionante del cine hongkonés. Según Willis, "no creo que tenga algo que ver con el cine de Hong Kong. Cuenta con una línea narrativa diferente, original, propia, independiente, aunque se base lejanamente en la vida de un samurai. Mis expectativas están más cerca de la película de gángsters que del western. Hablo del "gangster´s film" en el sentido del "film noir". No hay héroes, todo es gris y se produce una herida profunda. Buscamos una película para una audiencia apasionada."
Bruce Willis trae a colación la imaginaria relación entre el mundo posmoderno de la película, donde los caballos fueron reemplazados por viejos Ford. "Luce como un western pero no lo es, aunque sucede en un pueblo texano. Si pensamos que se trata de un western, nos hemos equivocado. La prohibición del alcohol acerca el tiempo y el tema a la realidad norteamericana de 1931."
Cualquiera tiene la tentación de preguntarle cuánto cobra por cada película. "No llevo las cuentas", se defiende. Se dice que si yo quiero contratarlo no puedo ponerme con menos de veinte millones. "Si usted me los ofrece, intentamos el negocio." El actor se ríe con ganas y se sale de la postura adusta que vino manteniendo. El dinero lo pone alegre. "Sin embargo _aclara_, me di el gusto de hacer dos películas por el mínimo que impone el sindicato, con una participación posterior, si el producto tiene buen rendimiento." Esos dos films son "12 monos" y "Pulp Fiction".
Indiscutiblemente, Bruce Willis es un divo. Lo interrogamos sobre esta condición y, rápido, sostiene que sólo se es divo cuando se tiene una leyenda alrededor. "No es mi caso", concluye firme, pero no le creemos.
Mujer bonita y famosa
En Venecia, atiende en el viejo hotel Excelsior, el tradicional panóptico de la "Mostra", pero se hospeda en el Daniele y sale a comer en Harry Cipriani. No viaja con su mujer, la actriz Demi Moore. Son un peso pesado. "Ella está con el estreno de su última película y se queda con los chicos; tenemos tres y esperamos llegar al cuarto. Es nuestro deseo _sostiene_ y como ahora trabajamos menos, es posible que lo concretemos. Sólo trabajamos en primavera y en otoño; el resto del año lo pasamos en las Bahamas, huyendo de todas las persecuciones. Aprovecho para leer los guiones que me mandan: unos doscientos, para quedarme finalmente con dos. Acepté el personaje del Chacal, a pesar de ser tan siniestro y un asesino, porque alguna vez hay que demostrar lo odiosos que son los terroristas."
¿Tiene algún proyecto junto a su mujer?, arriesgamos. "Siempre hay proyectos _sonríe_, pero no encontramos el libro adecuado. No es fácil un guión a nuestra medida. Tuvimos una oferta de un director joven y era muy atractiva, pero se nos presentó un problema: se trataba de un debutante y eso nos creó un gran conflicto. No podemos arriesgar un producto conjunto con un director principiante. Dijimos que no".
A la sombra de Kurosawa
VENECIA.- Walter Hill fue uno de los renovadores indiscutibles de la pantalla norteamericana entre los años setenta y ochenta. Creó una vertiente estética de interpretación de la violencia en la segunda década nombrada. Sus films "Los guerreros", "Cabalgata infernal" y "48 horas" son diferentes análisis de los caracteres humanos de los géneros tradicionales: los pandilleros, los cowboys, el policía metido a redentor. Humor y sangre se conjugan en un modelo que, luego, Hollywood copió hasta despersonalizarlo. Pero Walter Hill sigue intacto en su sueño renovador.
Acompaña la difusión de su película "Entre dos fuegos" y el intento de apoyar el conceptualismo que rige la audaz estructura de su nueva producción: un policial de gángsters situado en el tradicional espacio de los pistoleros del western "Tenía una larga vocación por esta historia que escribió Akira Kurosawa y que también sirvió de base para un western de Sergio Leone." Así describe Hill, hombre corpulento y sonriente, el producto salido de una imaginación de verdad ingeniosa.
"Quedé electrizado cuando vi la película de Kurosawa. La idea de ese samurai solitario que atraviesa una localidad que parece un pueblito de Texas." Lo que lo atrae del film de Sergio Leone, "Por un puñado de dólares", dice Hill, es la valentía para hibridar el sentido de los géneros y amalgamar la iconografía de dos entidades: la del western y la del cine de gángsters.
Integridad intelectual
"Aunque recibo influencia directa de la película de Leone _habla Hill_, debo confesar que el germen del nuevo guión está en Kurosawa. Estuve viendo "Yojimbo" tres veces por semana, pero para no copiarlo. Luego hicimos las gestiones con los autores japoneses; fue trabajoso, porque imponían condiciones que, aunque razonables, no nos convenían. Finalmente, por amigos comunes (Kurosawa tiene muchos en Hollywood), logramos un acuerdo interesante. No se trataba de dinero sino de cuestiones de integridad intelectual: quería lo que se llama una participación activa, pero Hollywood responde a otras reglas, aunque yo soy también coproductor de "Entre dos fuegos". Con la compra de derechos no hubo problemas. Se compran por medio de una agencia. Es un lujo trabajar con un guión original del realizador de "Rashomon"."
Sin embargo, aclara Hill, Kurosawa se convirtió luego en lo que él denomina "participante activo", dado que hubo que consultarle muchos de términos dramáticos y legendarios de la trama. "Lo del western no le pareció mal, porque el director japonés entiende que se trata de una idea implícita en el original; quizá le afectaba el desplazamiento de los acontecimientos al tiempo de la ley seca y la sumisión del viejo género al más moderno del film de gángsters. Había que remover también aspectos del alma del protagonista: el modo de matar y amar, por ejemplo."
Qué pasó con la adaptación de Leone tampoco es un misterio para el director. "Es la que más conocía pero la que menos me interesaba reelaborar, aunque hay muchas referencias a ella. Incluso llamar John Smith (Don Nadie) al mercenario, tal como Leone lo llamó el Hombre Sin Nombre. Para mí, "Por un puñado de dólares" no es la mejor realización de Leone. Es sorprendente Leone, porque era italiano y parecía un director formado en Hollywood."
Le preguntamos por los directores que le llenaron la cabeza de buenas ideas. "Howard Hawks está en los comienzos. Poco antes de largarme a dirigir me interesó mucho Sam Peckinpah y hay muchos críticos que dicen que su carrera y la mía se entroncan hacia 1980. Suelen decir, y me gustaría que así fuera, que poetizo la violencia en el cine. De todos modos, me interesa que a la exposición del hecho violento en la pantalla que hacía Peckinpah se añadió mi interpretación de la violencia. También influyeron la seriedad de Akira Kurosawa y el escepticismo trascendente de Ingmar Bergman."
Walter Hill no sabe en qué lugar de su carrera o de las películas está esa recepción bien aprendida. "Yo tengo un oficio marcado por la tradición del cine "americano" popular en los años cuarenta y cincuenta. Aprendí a verlo y a reinterpretarlo desde una óptica personal."
Doble arma
En "Entre dos fuegos" hay un comportamiento llamativo del héroe-antihéroe protagonista: la utilización de dos armas de repetición al unísono. Para Hill, ese recurso es una respuesta a la dureza "de dientes apretados" que hay en "Yojimbo", de Kurosawa. "Aquella crispación es difícil de reproducir en el cine actual, después de tanta sangre y balas como han corrido por la pantalla."
Se nos ocurre que, en el momento de pesar los contenidos, el western o el film de gángsters, uno de los dos debe de haber pesado más que el otro. Hill sólo aporta un dato: "Hay apenas frases fílmicas del western, que me llevaron, si me permite, a reconsiderar a Kurosawa: él, en el fondo, estaba haciendo un film de gángsters. Se me ocurrió subrayarlo con las pandillas en pugna, una de ellas compuesta por irlandeses, la otra por italianos; con la chica mexicana y el protagonista norteamericano. Formas del pastiche inmigratorio que compone a los Estados Unidos, en una localidad llamada Jericó, donde los pandilleros se disputan el control del tráfico ilegal de alcohol."
Hill reconoce fuertes influencias de la ficción literaria de los años treinta y cuarenta, con autores como Raymond Chandler y Dashiell Hammett, aunque entiende que quien más lo influyó en la realización de "Entre dos fuegos" fue la escritura de James Cain, que le dio al cine algunos títulos célebres, tales como "El suplicio de una madre" ("Mildred Pierce") y "El cartero llama dos veces". "Creo que la mayor influencia me llega de esa literatura y no de Kurosawa o de Leone."
Otro de los recursos llamativos de la película es la voz de John Smith (el personaje de Bruce Willis) en el fondo de la narración, como proveniente de un tiempo ajeno al de la historia. Fue muy aprovechado también por los escritores citados por Hill, que responde: "Esa voz construye el film en estilo confesional, al modo de los relatos de James Cain. Caracteres violentos pero llenos de alma. Son seres que caen pero inmediatamente se ponen de pie."
Sin duda, con esa frase Walter Hill alude al título original de "Entre dos fuegos" ("Last Man Standing", equivalente a "el último hombre de pie").
"Soy un cruzado"
"Yo también soy un cruzado. Mis historias son emocionales: entre tanta violencia trato de establecer una historia violenta pero llena de espiritualidad. Las películas de Kurosawa _sigue Hill_ vienen impregnadas de un aura espiritual. Con eso, el director consiguió muchos seguidores. Mis películas son entretenimientos, porque yo pertenezco a la industria. Esto no impide que logre expresarme en un estilo propio, buscado, que va más allá del término medio del cine norteamericano."
Sostiene Hill que, en su origen, el guión contenía personajes buenos, incontaminados, pero en su película se vuelven grises y antiheroicos, producto de la hibridación entre los géneros y de la suspicacia que producen en el espectador. "El personaje de John Smith es un duro y no puede ser de otro modo".
Y concluye: "Es un ser malo por naturaleza, por eso no tiene culpa ni encuentra en su vida o en la de otros recuerdos de vida en los que busque mejorar su conducta. Cuando uno imagina un personaje así y tiene a Bruce Willis para interpretarlo, cuesta mucho convencer a todos de que se trata de un carácter humano válido y quizá más sincero que quien se contaminó con las normas sociales."
Otros estrenos de cine para mañana
Los ladrones: este film del notable André Techiné cuenta una particular historia que entrelaza el presente con el pasado de diversas personalidades: un chico sospechoso de robar autos y su hermano policía; el amigote del primero, con una novia que mantiene relaciones con dos chicos y con una profesora de filosofía, enamorada perdidamente de ella. Encabezan el elenco Catherine Deneuve y Daniel Auteuil.
Sin rastro: producida por el legendario Dino de Laurentiis, llega este thriller de acción y suspenso, presentado por UIP, en el que actúan Kurt Russell, Kathleen Quinlan y J. T. Walsh. El director es Jonathan Mostow, coautor del guión y productor ejecutivo, además, del film "The Game", con Michael Douglas y dirigida por David Fincher, que La Nación anticipó en su edición del domingo último .
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